Soy la bruja yaqui; la de corazón de lobo, la de cabellos de noche. Ya conté el trigo, ya hice los nudos, ya hechicé al venado.

Ha caído el sol, mis hermanas bajan desde las estrellas entonando la canción de la lluvia para amarrar el agua, para que no nos falte, para que no se vaya.

Invocamos a los Surems entre los mezquitales y las dunas; hicimos sonar el cascabel y el guaje.

Ellos vinieron y nos hablaron desde los sahuaros: Sean plenos como el cielo azul.

Ardan como el fuego, como el sol,como la sangre entre sus venas.

Los surems cayaron y desaparecieron con el viento.

Invocamos a la luna; pintamos nuestros rostros con ceniza.

La luna vino y nos habló desde las estrellas:

Resistan como los cerros; no olviden su origen, ni su lengua,

ni su palabra.

Y la luna desapareció entre las nubes.

Invocamos a la serpiente; bañándonos entre el cántaro de aguas verdes. La serpiente vino y nos habló desde el monte:

Sean hábiles como el chapulín, duros como la piedra en que me he convertido; recuerden que la batalla es sin tregua.

Y la serpiente desapareció entre la tierra.

Invocamos a nuestros ancestros; les ofrecimos sotol, tabaco y maíz de agua.

Ellos vinieron y nos hablaron desde cada uno de los puntos cardinales:

Nuestra canción es eterna.

Somos la estrella de ocho puntas.

Vean con los ojos del venado, sientan con el corazón del lobo, piensen con la cabeza de la serpiente.

El blanco no puede robarse nuestros ojos, nuestro corazón o nuestra cabeza.

Somos libres como el agua, como el viento, como las estrellas, como el desierto y la meseta.

Vuelvan sus ojos al pasado, sean el zorro, sean el alacrán, sean el coyote; muestren colmillos.

El agua no será propiedad de las sombras.

Su vida no será propiedad de las sombras.

Nosotros no lloramos por nosotros mismos, no lamemos nuestras heridas como lo hace el cordero.

Somos un pueblo de guerreros; cambien sus destinos hijos míos, cambien el cauce del río y del arroyo.

Somos danza y telar, fuego y agua, puños y alma.

El fuego renovará, la lluvia regresará y nuestros pueblos permanecerán firmes y dignos.

Dancen hijos del venado, hijas del lobo, hijos del sol, hijas de la luna, pueblo de estrellas; porque en nuestras tradiciones está la fuerza.

Y los ancestros callaron y desaparecieron con el rocío de la mañana.

Soy la bruja yaqui; la de corazón de lobo, la de cabellos de noche.

Ya conté el trigo, ya hice los nudos, ya hechicé al venado.

Ha llegado el sol, mis hermanas suben hacia las estrellas entonando la canción de la lluvia para amarrar el agua, para que no nos falte, para que no se vaya. La hora de danzar ha llegado.
— La Bruja Yaqui / Paola Klug

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