Soneto 35, William Shakespeare

No te conduelas más, por todo lo que has hecho.
La rosa tiene espinas. Fango las claras fuentes.
Nubes y eclipses ciegan a la Luna y al Sol
y en el botón más tierno mora un puerco gusano.

Todos los hombres yerran y yo también lo hago,
excusando tu ofensa con cien comparaciones,
dañándome a mí mismo, para salvar tu error,
disculpando tus faltas, mas de lo que mereces.

A tu sensual error, le doy mi beneplácito,
-y tu mismo rival se torna en tu abogado-
y actuó contra mí, por defender mi causa.

Tal batalla civil hay entre amor y odio,
que necesariamente, me implica, siendo cómplice,
de aquel dulce ladrón, que agriamente me roba.

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