Quizás sea porque has tenido un desengaño amoroso, has perdido un ser querido, o has sufrido una gran desilusión.

Puede que lleves tiempo sin pareja, que te hayan rechazado o puede que te sientas así incluso habiendo formado una gran una familia.

La cuestión es que te invade una sensación de tristeza difícil de explicar. Te sientes desconectado del mundo, como si todo lo que motiva a la gente fuera ajeno a ti y no le importaras a nadie.

Tu dolor te impide ver más allá de este momento de sufrimiento. Querrías compartir tu tristeza con alguien que pudiera entenderte, pero no hay nadie.

Si alguna vez te has sentido perdido, abandonado o sin alguien que te ame, seguramente sepas de lo que te hablo.

Yo lo he vivido en varios momentos de mi vida. En algunos casos por una causa concreta, pero en otros simplemente me invadía la sensación de estar fuera de lugar, sin que nadie pudiera comprender mis pensamientos.

Si lo piensas, es paradójico. Da igual los amigos de Facebook que tengas. Hoy estamos más conectados que nunca, pero a la vez más aislados que en ningún otro tiempo. Es perfectamente posible tener 1.000 amigos en Facebook, 700 seguidores en Twitter y ni una sola persona a la que llamar para tomar algo por la noche.

Pero hay esperanza.

Dicen que la mejor forma de vencer a un enemigo es conociéndolo, así que me puse a investigar qué decía la ciencia al respecto. Por eso hoy te traigo este artículo donde descubrirás la cara amarga de la soledad, pero también las mejores herramientas psicológicas para romper sus cadenas y vivir una vida más libre.

¿Qué es la soledad?

Empecemos por una sencilla definición.

La soledad es la circunstancia de estar sin compañía en algún lugar durante un determinado período de tiempo, ya sea por elección propia o circunstancias ajenas.

Sin embargo, el sentimiento de soledad es otra cosa totalmente distinta. No está relacionado con la compañía, ni el número de amigos, vida en pareja o familiares que tengas, sino en cómo te sientes respecto a todo eso.

Y cuando la soledad se prolonga, las emociones negativas pueden llegar a ser muy intensas.

Por qué el miedo a la soledad te deprime tanto

Nacemos solos y moriremos solos. Entonces, ¿por qué nos deprime tanto la soledad? ¿No se supone que deberíamos ser capaces de estar a gusto simplemente con nosotros mismos? ¿No sería eso maravilloso?

La respuesta a esa pregunta está en nuestra evolución como especie humana.

Estamos programados para estar en contacto. Todos los animales sociales saben que quedarse aislados reduce drásticamente sus probabilidades de sobrevivir y reproducirse, y por eso evitan la soledad (Cacioppo et al. 2015).

Sentirte solo es como una alarma anticuada. Tu cuerpo te avisa de que alejarte de la sociedad, de la gente que te ama, pone en peligro tu supervivencia y, aunque hoy en día ya no corras el riesgo de morir devorado por un tigre, no puedes hacer nada para evitarlo.

Frente esta situación, tu mente empieza a preparase para lo peor, identificando cualquier señal a tu alrededor como una posible amenaza.

Como tu cuerpo ha empezado a vivir bajo peligro constante, se crea una espada de doble filo. Porque lejos de motivarte a a salir, explorar y conocer gente nueva, el miedo provoca todo lo contrario.

Esta situación genera un estado similar a la depresión, hasta el punto en que puedes llegar a interpretar la soledad como dolor físico real (Matthews et al. 2016Eisensberger et al. 2003).

Por si todo esto fuera poco, nuestra educación también ha reforzado estas creencias irracionales, por ejemplo dando por sentado que a cierta edad ya tenemos que habernos casado o formado una familia. De lo contrario parece que seamos bichos raros, y eso todavía añade más presión.

Pero recuerda: este círculo vicioso está solo en tu cabeza. Es un vestigio prehistórico que carece de sentido hoy en día. Cuanto más consciente seas de esto, antes podrás dejar de vivir la soledad como si fuera depresión.

La verdadera relación entre soledad y felicidad

Cuando terminé de estudiar mi carrera tuve la suerte de encontrar trabajo casi de inmediato. Se trataba de una buena oportunidad con grandes posibilidades de crecimiento.

Era joven y tenía ganas de comerme el mundo, y volqué todos mis esfuerzos en mi vida profesional. Me pasaba más de 12 horas diarias en la oficina y trabajaba la mayoría de fines de semana. Incluso la noche que cumplí 23 años elegí quedarme trabajando en casa de mi jefe para terminar un proyecto.

Un año después me había quedado completamente solo. Y fue una de las etapas más duras de mi vida.

Sin pareja ni amigos.

Me había olvidado de cultivar mis relaciones. Creí que mis amigos seguirían contando siempre conmigo, o que con mandarles de vez en cuando un mensaje ya sería suficiente.

Pero no es lo mismo.

¿Recuerdas la cantidad de amigos que tenías de pequeño? Durante la adolescencia las relaciones sociales ocupan el primer puesto en nuestra escala de valores, pero al hacernos adultos cuestiones como la carrera laboral o cuidar los hijos las relegan a un segundo plano.

Aunque sientas que todos los astros del universo se han conjurado contra ti y que nunca encontrarás alguien que te quiera o entienda, nadie escapa de sentirse solo. Nadie. De hecho, siempre recordaré la confesión que me hizo uno de mis mejores amigos cuando íbamos al instituto.

Él era el típico chico popular. Era divertido, valiente y siempre estaba rodeado de amigos, y todos nos moríamos de ganas de formar parte de su pandilla.

Pero una noche en la que bebió demasiado me reveló que a veces se sentía insoportablemente solo.

Me dijo que no se atrevía a explicarlo por miedo a romper su imagen carismática, pero que sentía que nadie le podía comprender, y que no sabía qué quería hacer en esta vida.

Ese día aprendí que el interior de las personas esconde muchas sorpresas. Y que puedes estar muy cerca de la gente, pero sentirte muy lejos.

Sentirte solo no es lo mismo que estar solo

Porque, en realidad, la soledad puede ser buena. Se ha demostrado que en ese estado, el cerebro recupera capacidad de atención, creatividad y productividad (fuente).

Sin embargo, sentirse solo es otra historia. A largo plazo afecta tu salud mental, provoca depresión y supone mayor riesgo de mortalidad que la obesidad.

Entonces, ¿cuál es la diferencia entre estar solo y sentirte solo y deprimido?

La primera respuesta está en tus expectativas. En la distancia entre tus relaciones sociales reales y las que te gustaría tener. Si te gustaría poder compartir tus pensamientos con alguien pero no tienes nadie con quien hacerlo, te sentirás solo.

La segunda respuesta es cómo te sientes respecto a lo que sientes.

Dicho de otra forma, lo verdaderamente importante no es sentirte solo, sino cómo te sientes respecto a sentirte solo.

Puede costar de entender, pero si cuando te sientes solo lo interpretas como algo terrible, probablemente te deprimas. Si por el contrario lo interpretas como una oportunidad para reflexionar y conocerte mejor, probablemente no te afecte tanto.

No puedes evitar sentirte solo, especialmente si tus relaciones sociales no son las que te gustarían. Pero si te pasas el día diciéndote que eso es algo espantoso y que toda tu vida será horrible, caerás en la tristeza y depresión, sin poder salir de ese círculo vicioso.

Por fortuna, todas estas emociones negativas están provocadas por pensamientos. Y esto es una gran noticia, porque significa que tienes poder para cambiarlas.

5 señales de que tienes miedo a estar solo

El miedo a la soledad es tan fuerte que nos hace sentir que incapaces de valernos por nosotros mismos en este mundo. Que necesitamos tener alguien a nuestro lado para tirar adelante.

Lógicamente esto no es cierto, pero la falta de confianza en uno mismo y el miedo a quedarse sola es lo que encadena a mucha gente en relaciones tóxicas, cuando su pareja les hace bastante más daño que bien.

Entonces, si es posible autoengañarse por miedo, ¿qué señales pueden delatar que en el fondo de tu corazón te sientes solo?

La ciencia ha detectado varias, y algunas son sorprendentes.

1. A veces compras compulsivamente

¿Sabes por qué deseas tanto el nuevo iPhone o despilfarras dinero en ropa que luego no te pones?

En un estudio realizado en más de 2.500 voluntarios se comprobó que las personas que se sienten solas intentan llenar su vacío acumulando posesiones materiales (Pieters, 2013).

Aunque ir de compras te pueda subir el ánimo de forma temporal, esa sensación es fugaz. Varios estudios han demostrado comprar cosas no mejora tu felicidad a medio plazo: es mejor gastar el dinero en experiencias.

2. Estás enganchado a las series

¿Adicto a Juego de Tronos? Pues se ha demostrado que existe una correlación entre la sensación de soledad y la tendencia a abusar de las series de televisión.

Si disfrutas de sesiones maratonianas viendo series, ándate con cuidado. Quizás las estés usando como distracción para no enfrentarte a tus sentimientos reales.

3. Prefieres pasar calor

Resulta que asociamos la calidez de las relaciones sociales con el calor físico. Literalmente.

Un estudio de 2013 descubrió que las personas que se sienten solas acostumbran a darse duchas más largas y con agua más caliente, lo que les ayuda a sentirse mejor

Según parece, no sentimos más aislados cuando tenemos frío, y más acompañados cuando tenemos calor. La razón probablemente tenga algo que ver con la calidez que nos transmitían nuestras primeras experiencias sociales, como los abrazos de nuestros padres o amigos.

4. Tus amigos también se sienten solos

Tus amigos pueden contagiarte un resfriado, ¿pero sabías que también pueden contagiarte su soledad?

Sentirse solo es contagioso, especialmente entre mujeres. De hecho, tienes un 52% más de probabilidades de sentirte solo si algún familiar o amigo íntimo también se siente así.

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