Me sentia igual que una prostituta, cada vez que me ensuciabas en la cama de mi propia soledad, cuando penetraba en las sábanas vacias de tu desencuentro en aquellos años, en que todo era menos, y no era más; solo un uno mas uno de mi propia tristeza. Cerraba los ojos, y solo esperaba a un placer inacabado en mi propio fantasma. El fantasma del amor que perece y queda solamente dos cuerpos que tratan de mentir, con sus lenguas, en un bis a bis insatisfecho.
Fumabas un cigarro, y yo solo me removía recordando el placer inerte de dos segundos antes que no sabía a nada.....Porque estuve mucho tiempo en una vida mediocre que solo tiritaba de frío cuando me abrazabas, y solo te amaba cuando te ibas.
Tendré que desnudarme, intentar hacer el show mucho más soez que antes, mucho más lujurioso para no estrechar el abrazo hasta que se esfume.

La doble dicotomía de ser a la vez puta y señora. Lo que ocurre que a veces olvidamos que todas las putas son señoras, y todas las señoras no tiene que llevar el abrigo como tales.
La serenidad ante el anochecer se diluye. He dejado la ropa interior, en tu lado de la cama.
Quizás hoy me la arranques sin dejar vivo el botón de la propia inercia.
Porque no quiero permanecer inerte en tu vida, si no es para volver a quitarme la ropa sin tus manos.

S.G. Febrero 2. 2015.

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