Yo conocí una mujer que era siete veces mujer. La conocí por accidente, mandaba un mensaje desde mi nuevo celular a un amigo y en vez de un 5 presione un 8 y ella contesto mi no tan alturado comprimido de textos con una carcajada textual, mi vergüenza me obligo a responderle y su curiosidad a aceptar mis disculpas, de semanas de textos pasamos a buscarnos en una red social, a conversar por el chat de todo y de nada.

 

Cada una de estas siete mujeres vive dentro de una sola mujer, y le dedicaré un capítulo a cada una, porque se lo merecen, pero es importante precisar la teoría que respalda mi certeza sobre esta mujer y el particular número de mujeres que la acompañan.

 

Yo soy un convencido de que somos el reflejo de lo que pensamos, y nuestros pensamientos no siguen una línea o un orden, son variados y de todo tipo, pero finalmente son filtrados y moralmente decimos, disforzamos y mostramos lo que creemos o aparentamos creer. La pregunta es ¿Y quién controla este torrente de pensamientos desvariados? A mí me gusta imaginar que dentro de cada uno existe una sala de juntas (ubicar este salón donde mejor lo considere para su contexto, le sugiero una parte del pecho o en la cabeza) y en esta hay una mesa de directorio, una secretaria que le da la bienvenida a uno y, en el directorio debidamente adornado según sus preferencias, se encuentran sentados los representantes de sus creencias, ideologías, anhelos, frustraciones y pesimismos, entre otros. Es este directorio quien delibera sobre el actuar de cada individuo y finalmente dicta un modo o línea de pensamiento que será transmitido por el humano que lo alberga.

 

Cuando uno tiene una reacción, o dice algo que piensa, le suceden una serie de pensamientos que en nuestro tiempo se producen en micro segundos, lo cual nos dice que dentro de cada quien existe otro tiempo, donde los segundos pueden ser horas de deliberación de nuestro directorio, a veces estas horas se convierten en días o meses, o incuso se convierten en tema de discusión para las siguientes reuniones pues no se ha llegado a un consenso unánime de actuar.

 

Todos tenemos un directorio, más no todos sabemos quién lo comanda, si es demócrata o dictatorial o peor si es que es manipulado por alguno de los miembros y nos hace creer que es el actuar de alguno en particular. Por lo general el humano promedio simplemente recibe órdenes y no se percata del gestor de dicha orden ni el trasfondo de la decisión. Son una minoría quienes tienen debidamente identificados a los miembros, al líder, y su modus operandi.

 

Yo conocí una mujer que era siete veces mujer, que desarmó con pensamientos, acciones y deseos la estructura de mi sólido directorio, replanteando por completo los estatutos que habían hecho de esta corporación lo que es hoy en día. No fue una ni dos, ni siquiera cuatro, fueron las siete mujeres, las cuales desfilaron (algunas con permiso, otras escapándose) delante mio desafiándome, pues casa una de ella es equidistantemente lejana a la otra, sentadas en ese directorio desde donde lograron entre otras cosas estos relatos.

 

En cada capítulo hablaré de cada una de ellas, y cada una hablará de sí misma, pues ella en conjunto es como un iceberg, pues lo que se ve es siempre menos de lo que queda oculto bajo el agua, y otorga intensidad, misterio, fuerza y significado a lo que flota en

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