*Carta de una Mujer a su Esposo.**Carta de un Hombre a su esposa(cartas de Divorcio)**La Pareja orgullosa**


Estimada ISABEL:

Ayer recibí una misiva de tu abogado donde me invitaba a enumerar los bienes comunes, con el fin de comenzar el proceso de disolución de nuestro vínculo matrimonial.

A continuación te remito dicha lista, para que puedas solicitar la certificación al Notario (...)(...) y tener listos todos los escritos antes de la comparecencia ante el tribunal.


Como verás, he dividido la lista en dos partes.

Básicamente, un apartado con las cosas de nuestros cinco años de matrimonio con las que me gustaría quedarme y otra con las que te puedes quedar tú.

Para cualquier duda o comentario, ya sabes que puedes llamarme al teléfono de la oficina (de ocho a cuatro) o al móvil (hasta las once) y estaré encantado de repasar la lista contigo.

COSAS QUE DESEO CONSERVAR:
· La sensación de carne de gallina en mis antebrazos cuando te vi por primera vez en la oficina.
· El leve rastro de perfume que quedó flotando en el ascensor una mañana, cuando te bajaste en la segunda planta, y yo aún no me atrevía a dirigirte la palabra.
· El movimiento de cabeza con el que aceptaste mi invitación a cenar.

· La mancha de rímel que dejaste en mi almohada la noche que por fin dormimos juntos.
La promesa de que yo sería el único que besaría la constelación de pecas de tu pecho.
· El mordisco que dejé en tu hombro y tuviste que disimular con maquillaje porque tu vestido de novia tenía un escote de palabra de honor.
· Las gotas de lluvia que se enredaron en tu pelo durante nuestra luna de miel en Londres.
· Todas las horas que pasamos mirándonos, besándonos, hablando y tocándonos. (También las horas que pasé simplemente soñando o pensando en ti).

COSAS QUE PUEDES CONSERVAR TÚ:

· Los silencios.
· Aquellos besos tibios y emponzoñados, cuyo ingrediente principal era la rutina.
· El sabor acre de los insultos y reproches..
· La sensación de angustia al estirar la mano por la noche para descubrir que tu lado de la cama estaba vacío.
· Las nauseas que trepaban por mi garganta cada vez que notaba un olor extraño en tu ropa.
· El cosquilleo de mi sangre pudriéndose cada vez que te encerrabas en el baño a hablar por teléfono con él.
· Las lágrimas que me tragué cuando descubrí aquel arañazo ajeno en tu ingle.
· Juan e Isabela....Los nombres que nos gustaban para los hijos que nunca llegamos a tener.

Con respecto al resto de objetos que hemos adquirido y compartido durante nuestro matrimonio (el coche, la casa, etc) solo comunicarte que puedes quedártelos todos. Al fin y al cabo sólo son eso:... objetos.

Por último, recordarte el n º de teléfono de mi abogado (.......) para que tu letrado pueda contactar con él y ambos se ocupen de presentar el escrito de divorcio para ratificar nuestro convencimiento.

Afectuosamente, Juan Emilio........


Querido esposo:

Te escribo esta carta para decirte que he decidido dejarte,

por el bien de los dos.

He sido una buena mujer para ti estos siete años,

y sin embargo no puedo decir nada bueno que me haya tocado a mi.
Estas dos últimas semanas han sido un infierno:
Hoy, tu jefe me llamó para decirme que habías renunciado

al trabajo y eso fue lo último que pude soportar.
La semana pasada, viniste a casa y no mencionaste

nada acerca de mi corte de pelo, ni del arreglo de mis uñas;

cociné tu comida favorita y hasta estrené un nuevo camisón,

pero tu, llegaste a casa, comiste en dos minutos y te fuiste

directo a la cama después de ver el partido de fútbol.
Ya nunca me dices que me amas y ni tan siquiera me acaricias.
O me estás engañando con otra o ya no me quieres.
De cualquier manera, me quiero ir y te abandono.

P.D. No trates de buscarme.

Tu hermano y yo nos mudamos a Baracaldo juntos.
Que te vaya bien

Tu Ex-esposa.


LA PAREJA ORGULLOSA

Érase una vez un joven que tenía fama de ser el individuo más terco de la ciudad, y una mujer que tenía fama de ser la doncella más tozuda, e inevitablemente terminaron por enamorarse y casarse.

Después de la boda, celebraron en su nuevo hogar un gran festín que duró todo el día.

Al fin los amigos y parientes no pudieron comer más, y uno por uno se marcharon.

Los novios cayeron agotados, y estaban preparándose para quitarse los zapatos y descansar cuando el marido notó que el último invitado se había olvidado de cerrar la puerta al marcharse.

-Querida -dijo-, ¿te molestaría levantarte para cerrar la puerta? Entra una corriente de aire.

-¿Por qué debo cerrarla yo? -bostezó la esposa-.

Estuve de pie todo el día, y acabo de sentarme. Ciérrala tú.

-¡Conque sí! -regonzó el esposo-.

En cuanto tienes la sortija en el dedo, te conviertes en una holgazana.

-¿Cómo te atreves? -gritó la novia-.

No hace un día que estamos casados y ya me insultas

y me tratas con prepotencia.

¡Debí saber que serías uno de esos maridos!

-Vaya -gruñó el esposo-.

¿Debo escuchar tus quejas eternamente?

-¿Y yo debo escuchar eternamente tus protestas y reproches?

Se miraron con mal ceño durante cinco minutos.

Luego la novia tuvo una idea.

-Querido -dijo-, ninguno de ambos quiere cerrar la puerta,

y ambos estamos cansados de oír la voz del otro.
Así que propongo una competencia.

El que hable primero debe levantarse a cerrar la puerta.

-Es la mejor idea que he oído en todo el día

-respondió el esposo-. Comencemos ahora.

Se pusieron cómodos, cada cual en una silla,

y se sentaron frente a frente sin decir una palabra.

Así habían pasado dos horas cuando un par

de ladrones pasó por la calle con un carro.
Vieron la puerta abierta y entraron en la casa,

donde no parecía haber nadie, y se pusieron

a robar todo aquello de que podían echar mano.
Tomaron mesas y sillas, descolgaron cuadros de las paredes,

incluso enrollaron alfombras.

Pero los recién casados no hablaban ni se movían.

No puedo creerlo -pensó el esposo-.

Se llevarán todo lo que poseemos, y ella no dice una palabra.

¿Por qué no pide ayuda -se preguntó la esposa-.

¿Piensa quedarse sentado mientras nos roban a su antojo?

Al fin los ladrones repararon en esa callada e inmóvil pareja y,

tomando a los recién casados por figuras de cera,

los despojaron de sus joyas, relojes y billeteras.
Pero ninguno de ambos dijo una palabra.

Los ladrones se largaron con su botín,

y los recién casados permanecieron sentados toda la noche.
Al amanecer un policía pasó por la calle y,

viendo la puerta abierta, se asomó para ver si todo estaba bien.
Pero no pudo obtener una respuesta de la pareja silenciosa.

-¡A ver! -rugió-. ¡Soy el agente de la ley!

¿Quiénes son ustedes? ¿Esta casa les pertenece?

¿Qué sucedió con todos los muebles?

Y al no obtener respuesta, se dispuso a golpear al hombre en la oreja.

-¡No se atreva! -gritó la esposa, poniéndose en pie-.

Es mi marido, y si usted le pone un dedo encima,

tendrá que responder ante mí.

-¡Gane! -gritó el esposo, batiendo las palmas-.

¡Ahora ve a cerrar la puerta!

William J. Bennett. El libro de las virtudes



somos dos extraños que nos conocemos muy bien...

somos tan parecidos y a la vez tan diferentes...

Tú eres quien eres,cuando nadie te mira..

Dios que en mis penas y mis tristezas no me

falte tú mano y el abrazo que necesito..

Dios es la luz en mi corazón...!!!!

Gracias por asomarte a leer mi blog,tus comentarios

son bienvenidos...!

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