*Síndrome de la Impostora: ¿Por Qué Pensamos que No Estamos a la Altura?*

EFFLORESCENCE [noun] 1. the state or a period of flowering; blossoming. 2. an example or result of growth and development. 3. Chemistry: a) the act or process of efflorescing. b) the resulting powdery substance or incrustation. 4. Pathology: a rash...

Síndrome de la Impostora:

¿Por Qué Pensamos que No

Estamos a la Altura?

Escuchamos hablar de él cíclicamente, porque lo cierto es que es algo común a muchas personas, especialmente a las mujeres.

Se trata del síndrome del impostor –o de la impostora–, un fenómeno psicológico que nos lleva a desconfiar de nuestros logros y de las capacidades que nos han llevado hasta ellos, inundándonos con un miedo incontrolable a que los demás descubran que, en realidad, somos un fraude.

A menudo, aparece después de haber conseguido algo realmente importante: entrar en una universidad muy prestigiosa, ganar un premio o recibir un ascenso en nuestro trabajo.

Una de las primeras veces que recuerdo haber experimentado esta sensación fue justo después de graduarme.

A pesar de haber estudiado durante años, de haberme esforzado y de haber sacado buenas notas, cuando me entregaron el título pensé que no me lo merecía –algo que mi subconsciente me recuerda incluso a día de hoy–.

Después, me ocurrió muchas veces más a lo largo de mi vida: en el examen de la autoescuela, en entrevistas de trabajo (de las que salía pensando que había dado la impresión de que podía hacer cosas que en realidad no podía) y en los diferentes empleos que he tenido, donde he vivido constantemente con la sensación de que, un día, alguien se daría cuenta de que no sirvo para el puesto que me han dado, desenmascarando mi fraudulenta identidad.

Aunque este tipo de pensamientos podrían parecer un tanto paranoicos, lo cierto es que son comunes a muchas personas, incluso a aquellas que parecen muy seguras de sí mismas.

De poco vale que tus amigos o tu familia te repitan que eres buena en lo que haces o que si estás donde estás es porque te lo mereces: la sensación de no estar a la altura se pega a tu cabeza como un chicle, desencadenando un razonamiento que te lleva a concluir que no eres suficiente para nada de lo que haces, que eres una impostora.

Este tipo de pensamientos tienen mucho que ver con la falta de autoestima o con una elevada auto-exigencia, que nos lleva a ponernos metas inalcanzables.

La primera vez que alguien puso nombre a esta sensación –a la que se denomina “síndrome”, a pesar de no estar catalogado oficialmente como un trastorno mental– fue en 1978, cuando las psicólogas clínicas Pauline Clance y Suzanne Imes acuñaron el término en el estudio El fenómeno de la impostora en mujeres con grandes logros: dinámicas e intervención terapéutica.

El estudio define este síndrome como una experiencia interna de hipocresía intelectual que lleva a las personas inteligentes a creer que no lo son, a convencerse de que están engañando a todo el mundo a su alrededor, y concluye que es especialmente común en las mujeres que han alcanzado grandes logros.

No importa la cantidad de reconocimientos que consigan estas mujeres o que lleguen a lo más alto, porque algo en su interior les seguirá diciendo que están allí por error, porque han tenido suerte o porque alguien ha sobreestimado sus capacidades.

Pero, ¿por qué es más frecuente en las mujeres? Tiene que ver con la forma en que hombres y mujeres somos educados y socializados, y con las expectativas sociales que existen en torno a un sexo y al otro.

Desde muy pequeñas –y aunque por suerte las cosas están cambiando–, las mujeres aprendemos que “quienes destacan son los hombres”, restando así importancia a nuestras propias habilidades.

Es decir, que los estereotipos de género juegan un papel clave en el desarrollo de este síndrome.

El estudio de Pauline Clance y Suzanne Imes lo explica de la siguiente manera:

Dadas las bajas expectativas que las mujeres tienen de su desempeño, aparentemente han interiorizado el estereotipo social por el cual no son consideradas competentes.

Puesto que el éxito en las mujeres contradice las expectativas que la sociedad tiene de ellas y sus propias autoevaluaciones, no es sorprendente que las mujeres analizadas en nuestra muestra necesitaran encontrar una explicación para sus logros más allá de su propia inteligencia, como por ejemplo, haber engañado a los demás.

Según el estudio de estas dos psicólogas, hay factores que favorecen la aparición de este síndrome o que contribuyen a su intensificación, como haber crecido en un entorno familiar especialmente exigente o que daba mucha importancia a las calificaciones, tener tendencia a compararnos con los demás, trabajar en entornos tradicionalmente masculinos o formar parte de algún grupo minoritario (por ejemplo, ser la persona más joven de la oficina o ser de una etnia diferente al resto de tus compañeros de clase o de trabajo, como le ocurrió a Michelle Obama, que explicó en sus memorias cómo el síndrome de la impostora le ha perseguido a lo largo de toda su vida).

Los síntomas que suelen presentar las personas que lo padecen son ansiedad generalizada, falta de confianza en sí mismas, frustración por no alcanzar los estándares que se han auto-impuesto e incluso depresión.

Dado que este síndrome no está reconocido oficialmente como una enfermedad mental –aunque sí ha sido largamente estudiado por psicólogos y educadores–, no hay una escala científica que nos ayude a medir su gravedad ni suficientes estudios para objetivar sus causas y consecuencias.

Así que, por ahora, lo único que podemos hacer es hablar de ello para normalizarlo, para tratar de no sentirnos mal ni pensar que no valemos nada y para dejar claro que, si alguna vez te has sentido así, no estás sola.

María Arranz

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