*¿POR QUÉ MENTIMOS?.......*Vamos a contar mentiras*

El ser humano es el único animal

capaz de engañarse a sí mismo.

En los animales,

el engaño suele estar asociado

a un mecanismo genético de selección natural,

en el sentido de que los más propensos a engañar

a sus víctimas y/o a sus depredadores,

o simplemente a sus competidores,

tienen más chance de sobrevivir.

¿Por qué el ser humano se autoengaña?

Un ejemplo de este mecanismo de autoengaño,

o de elaboración de

“engaño creativo”,

se evidencia en encuestas en las que se pregunta

a los participantes el número de relaciones sexuales

que han tenido en su vida.

Normalmente,

los hombres tienden a inflar la realidad,

de dos a cuatro veces más que las mujeres.

Esto ya no es cuestión de autodefensa,

o de supervivencia…

¿o sí?

En una reciente encuesta de la

Universidad de Michigan,

dirigida por el psicólogo Norman R. Brown,

midiendo las respuestas de 2.065

personas sexualmente

activas rondando los 40 años de edad,

las mujeres declararon unas 8,6 parejas sexuales.

La cifra para los hombres fue de 31,9.

Obviamente,

alguien está siendo muy creativo.

Luego,

al discutir sus respuestas,

casi el 10 por ciento

admitió que no había sido honesto del todo.

Aquí, según ciertos expertos, hay que agregar

el fenómeno de los que

“mienten acerca de sus mentiras”.

Muchos investigadores consideran

que éste fenómeno

está ligado a la autoestima.

Cuando las personas sienten

amenazada su autoestima,

tienden a recurrir a la mentira,

y los extrovertidos mienten más

que los introvertidos,

según diversos estudios.

En términos de género,

aunque hombres y mujeres mienten

en proporciones similares,

la investigación existente

demuestra que los hombres

lo hacen más para dar una mejor

impresión de sí mismos

(“Estoy hecho un toro”),

mientras que las mujeres

tienden a mentir para hacer

a la otra persona sentirse mejor

(“El tamaño no importa”).

Mentiras piadosas

Mentimos por diversos motivos,

y no todas las mentiras son deliberadamente dañinas.

La “mentira piadosa”,

la que se dice con intención de no causar pena,

o de paliarla, es un buen ejemplo.

Según el Prof. Dr. Roberto M. Cataldi Amatriain

de la Revista Argentina de Clínica Mé-dica,

“La ‘mentira piadosa’

constituye una excepción a la regla

(la ética médica), sólo justificada por el respeto

a la persona y ante la situación concreta

de que el mal que se produciría al decirle

la verdad sería de tal envergadura

que no nos queda otro camino que apelar

a la excepción de la regla”.

A veces mentimos para proteger nuestra

intimidad o la de otras personas,

para resolver situaciones incómodas

utilizando el“tacto”,

o simplemente para quedar bien.

No obstante, para los puristas,

una mentira es una mentira.

Como cantó el famoso

chileno Buddy Richard en Mentira:

Mentira,

lo nuestro siempre fue una mentira/una piadosa,

pero cruel mentira/esas palabras bellas

que se dicen/nos dejan en el fondo cicatrices…

Muchos piensan que toda mentira,

sea de omisión o de comisión,

acaba siendo dañina,

tanto para el que la dice

como para el que la recibe,

pues corroe la

fidelidad,

la confianza,

la intimidad entre dos personas,

y por extensión debilita los cimientos

de la convivencia social.

En este último escenario podemos incluir

las incontables mentiras piadosas

(y otras claramente impías)

de los políticos,

los periodistas, los comerciantes,

los abogados,

los religiosos y todos

de cuya decencia y verosimilitud depende

la ciudadanía en cualquier sociedad libre

y democrática.

Las encuestas invariablemente

demuestran que ésta es la percepción

que tiene la gente.

En una encuesta reciente entre jóvenes

universitarios españoles elaborada

por la Fundación BBVA, la iglesia,

los medios de comunicación,

el gobierno español, los ejecutivos autonómicos

y las empresas multinacionales inspiran muy poca confianza.

¿Quién tiene la culpa?

Siempre que se estudia el comportamiento humano,

la división de opiniones sobre cuál es el origen de cualquier comportamiento negativo se encuentra entre causas naturales (o biogenéticas) y causas sociales (o culturales).

También está la versión holística, la que alega que

“el todo es más que el conjunto de sus partes”

pero por ahí no iremos de momento.

Según Derek Wood, Director de Contenido Clínico

de Get Mental Help, Inc (Washington, USA),

las personas mienten principalmente debido al miedo.

Buscan evitar un castigo porque sospechan

que han hecho algo malo,

y esto se puede convertir en un problema

psicológico cuando el miedo es irracional

y la mentira se convierte en algo compulsivo.

Esto puede definirse como

Trastorno de Personalidad Antisocial.

En estos casos, según Wood,

las personas mienten para obtener lo que desean,

normalmente dinero, sexo o poder.

El problema de este escenario es que puede

ser extrapolable a la mayoría de personas,

lo que nos indicaría que vivimos en un mundo

lleno de trastornados psíquicos.

Como hemos visto antes,

si la gente percibe que los políticos,

abogados, periodistas, comerciantes,

religiosos, ladrones, adúlteros,

y otros más que caben en esta lista

son mentirosos compulsivos,

muy pocos nos salvamos.

Y por el lado biogenético,

algunos alegarían que las personas

estamos irremediablemente programadas

para reaccionar de maneras

predecibles debido a las instrucciones

que recibimos de nuestro código genético,

lo que hace que algunos sean más competitivos,

más temerosos, más compulsivos.

O más mentirosos.

Otra manera de verlo es como un fenómeno

que combina causas socioculturales y biogenéticas,

en el que el problema es atribuible tanto

a los mecanismos socialmente viables

como a la predisposición biológica.

Tiene que ver con la permisividad social

y el potencial de autocontrol que somos capaces

de ejercer sobre nuestras propias acciones.

En gran medida, y salvo situaciones

de trastorno psicológico extremo,

nosotros somos los responsables.

Teoría de la mente

La relación causal entre la mente y la mentira no es casual. Las mentiras son memes replicantes.

Las mentes de las personas están íntimamente

enlazadas debido a la interacción de conceptos e instrucciones conductuales que pasan de un

cerebro a otro por imitación (memes).

Esta relación causal se debe a las neuronas

especulares (o neuronas espejo),

que reflejan la “realidad” de una mente a otra.

“Las neuronas especulares sugieren que pretendemos estar en los zapatos mentales de la otra persona”, sugiere Marco Iacobini, neurocientífico

en la Universidad de California,

Escuela de Medicina de Los Ángeles.

“De hecho, con neuronas especulares

no tenemos necesidad de pretender,

prácticamente estamos

en la mente de la otra persona”.

Desde el descubrimiento de las neuronas especulares,

se ha comprobado que sus propiedades

están implicadas en una amplia gama de fenómenos.

Por ejemplo,

estas neuronas ayudan a los científicos

cognitivos a explicar cómo los niños desarrollan su particular “teoría de la mente” (ToM),

que es simplemente el reconocimiento

de que los demás tienen

mentes similares a las suyas.

Las teorías más populares sobre el desarrollo de la ToM

son la “teoría de las teorías”

(algo como el meme del meme),

y la “teoría de la simulación”.

La primera sugiere que los niños acumulan pruebas,

en forma de expresiones y gestos,

y usan su entendimiento cotidiano

de las demás personas para desarrollar

teorías que explican y predicen su estado mental.

La teoría de la simulación alega que tenemos

la capacidad de leer las mentes de los demás,

ni más ni menos. Nos ponemos en la mente

del otro y usamos nuestra propia mente

como un modelo para explicar la suya.

Y a veces para engañarla.

Vittorio Gallese, neurocientífico en la Universidad de Parma, miembro del equipo que descubrió las neuronas especulares, piensa que cuando interactuamos con otra persona, no sólo observamos su comportamiento, también creamos representaciones internas de sus acciones, de sus

sensaciones y de sus emociones,

como si fuésemos nosotros los que nos movemos,

sentimos y emocionamos.

“Compartimos con los demás no sólo la manera

en que actúan normalmente o experimentan emociones subjetivamente, sino también los circuitos neurales que permiten esas acciones, sensaciones y emociones:

los sistemas neuronales especulares”,

explica Gallese en LiveScience.

Viva la mentira

¿Por qué mentimos?

Como hemos visto,

existen muchas posibles explicaciones,

todas válidas en cierto grado.

Atribuir valores morales a la mentira

es un ejercicio fútil porque se está juzgando

el síntoma y no la enfermedad.

En este caso, la enfermedad

sería el resultado de la mentira,

es decir, sus implicaciones.

Todos mentimos. Algunos más que otros.

Hay quien miente porque es un manipulador

social y lo hace para herir, abusar de la gente

y aprovecharse de los demás.

Otros mienten para sentirse mejor,

para halagar a los demás,

para lograr algo útil o válido sin herir a nadie.

En este caso, al final,

el mentir puede ser hasta un arte.

“Ningún hecho está más firmemente establecido

que el que demuestra que el mentir

es una necesidad de nuestras circunstancias.

La deducción de que en este caso es una

Virtud es evidente. Ninguna Virtud puede

alcanzar su utilidad más sublime

sin cultivación cuidadosa y diligente.

Consecuentemente, no hace falta declarar

que ésta debería ser enseñada en las

escuelas públicas, hasta en los periódicos.

¿Qué chance tiene el mentiroso ignorante

e inculto ante un experto educado?

¿Qué chance tengo yo ante el señor Mar…

ante un abogado?

La mentira ‘juiciosa’

es lo que el mundo necesita.

A veces pienso que sería aún mejor

y más seguro no mentir nunca

antes que mentir sin juicio.

Una mentira torpe, no-científica suele

ser tan poco eficaz como la verdad”

Mark Twain tenía una manera muy peculiar

de ver y explicar el mundo.

Para él,

más que la verdad,

lo que importa es la dignidad,

la diligencia,

la razón.

Ante la razón,

cualquier valoración moral es espúrea.

Vamos a contar mentiras

Cancion vamos a contar mentiras.

Ahora que estamos reunidos,

ahora que estamos reunidos,

vamos a contar mentiras , tralara,

vamos a contar mentiras , tralara ,

vamos a contar mentiras.

Por el mar corren las liebres ,

por el mar corren las liebres ,

por el monte las sardinas , tralara ,

por el monte las sardinas , tralara ,

por el monte las sardinas.

Al salir del campamento ,

al salir del campamento ,

muerto de hambre y merendando , tralara ,

muerto de hambre y merendando , tralara ,

muerto de hambre y merendando.

Me encontre con un ciruelo ,

me encontre con un ciruelo ,

cargadito de manzanas , tralara ,

cargadito de manzanas , tralara ,

cargadito de manzanas.

Empece a tirarle piedras ,

empece a tirarle piedras ,

y cayeron avellanas , tralara ,

y cayeron avellanas , tralara ,

y cayeron avellanas.

Con el ruido de las nueces ,

con el ruido de las nueces ,

salio el amo del peral , tralara ,

salio el amo del peral , tralara ,

salio el amo del peral.

Chiquillo no tires piedras ,

chiquillo no tires piedras ,

que no es mio el melonar , tralara ,

que no es mio el melonar , tralara ,

que no es mio el melonar.

Es de una familia pobre ,

es de una familia pobre ,

que vive en El Escorial, tralara ,

que vive en El Escorial , tralara ,

que vive en El Escorial.

canción infantil.

Mark Twain tenía una manera muy peculiar de ver y explicar el mundo. Para él, más que la verdad, lo que importa es la dignidad, la diligencia, la razón. Ante la razón, cualquier valoración moral es espúrea.

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