¿Por qué entristecemos cuando recibimos la noticia de una discapacidad ?

Ítalo Violo

Quienes queremos la inclusión de las personas con discapacidad tendemos a usar eufemismos para referirnos a ellas, es decir intentamos suavizar los términos y las ideas. A veces, al punto de negar esta difícil, para muchos cruel, realidad. 
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“La discapacidad no se sufre, se lleva”, “No digas paralítico sino con discapacidad motora”, “No digas ciego sino invidente”, “Todo es posible”, “No existe la discapacidad sino…” son lugares comunes donde caemos. 
Pero debemos aceptar que la discapacidad se lleva pero también se sufre, quien tiene una discapacidad motora es porque o tiene una parálisis o una amputación que tienen añadidos una serie de incomodidades, a veces insufribles: dolores, úlceras, miembro fantasma, traumas psicológicos, desprecios… ¡Uff! La lista es larga… Un invidente es un ciego (muchos prefieren ser llamados ciegos que invidentes), en verdad ¿todo es posible? ¿No existe la discapacidad?
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No obstante, hay razones para actuar así. Históricamente las personas con discapacidad han sido minimizadas, olvidadas, execradas, vejadas, excluidas, encerradas... En fin, tratadas negativamente en cualquier aspecto imaginable. Esto, ante los movimientos que procuran la inclusión ha creado una reacción en positivo que pareciera a veces negar la realidad y términos como “discapacitado”, “minusválido” o “paralítico” se han tornado ofensivos.
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Cuando recibimos la noticia de que uno de los nuestros o nosotros mismos hemos adquirido una discapacidad nos entristecemos, a veces rabiamos, nos sentimos impotentes, porque la discapacidad es eminentemente una desventura. Dependiendo de su severidad nos toca tan profundo que llegamos a creer que se nos acaba la vida, y en cierto sentido es así. Denota deficiencia, disfunción, limitación, pérdida, desventaja, sensación de pérdida. Esto coloca a la persona y a quienes están a su alrededor en una difícil situación de lucha mayor por una multitud factores que se ponen en contra: Falta de movilidad, problemas de comunicación, dificultad para aprender, deformaciones físicas, dolores inaguantables, incapacidad, dificultad o imposibilidad para trabajar y un largo etcétera en lo personal. 
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Además de esto, ya lo hemos mencionado antes, pareciera que el mundo mismo se pone en contra, la sociedad las minimiza, anula y excluye. Esa es la mayor razón de lucha de las personas con discapacidad, la propia condición tiene razones médicas y cuando se tienen los recursos puede ser tratada y asumida pero la forma en como es vista depende de la conciencia social.
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Concluimos que no es a la negación de la discapacidad a lo que debemos apuntar sino que, asumiendo su realidad, entendamos que no es ella la que define a la persona. En cambio, cada individuo está provisto de habilidades, muchas o pocas, de las que “a pesar de” y afortunadamente puede sacar provecho. Generalmente la ecuación se descifra así: “Una discapacidad, muchas habilidades”.
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¿Por qué centrarnos en esa única deficiencia y no en las muchas capacidades que tiene la persona? Esa actitud es la que nos hace entender que la discapacidad es de carácter social más que por otra razón porque la verdad es que cada ser humano es poseedor de una o más deficiencias solo que en algunos individuos estas son más visibles que en otros. Cuanto más notoria la limitación mayor será la discriminación. 
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Cuya discriminación no se da solo por tener una limitación sino por ser o parecer diferente a lo que la sociedad establece como normal o por funcionar diferente a la mayoría, lo cual esto último pudiera ser una ventaja comparativa como lo fue en el caso del multi campeón olímpico Michael Phelps cuyas largas extremidades, debido al síndrome de Marfan, lo hicieron eco de burlas en su niñez pero esta diferencia contribuyó para que llegará a ser el atleta más condecorado de todos los tiempos.
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Nada hacemos con negar la discapacidad tratándola de manera eufemística ni haciendo ver que “todo es posible”. Nacemos limitados, pues este es un hecho humano, somos criaturas acechadas por las circunstancias, ceñidas de debilidades, pero todos, salvo excepciones, tenemos capacidades de las que valernos. En tanto crecemos nos vamos haciendo cada vez más habilidosos y autosuficientes, en tanto transitamos por la vida nos vamos enfermando o accidentando, incapacitando y discapacitando, en tanto envejecemos nos vamos limitando. 
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Contra lo que tenemos que luchar es contra las limitaciones que nos imponemos o nos imponen los demás, contra las barreras mentales y de actitud. Después de esto hay un mundo de sueños al que, haciendo mano de las propias potencialidades y de las bondades que brinda el entorno, cada quien puede llevar a materializar su propio universo.
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Recuerda: Si la discapacidad mata tus sueños, resucítalos, revívelos. Pero no te engañes, reconoce tus limitaciones, si no es posible darles vida, crea otros. Pero no te rindas; sueña y esfuérzate siempre a hacerlos realidad.
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Publicado originalmente en: Opinión Discapacidad

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Etiquetas: Marfan, Michael, Phelps, discapacitados, disfunción, eufemismos, incapacidad, limitación, pérdida, términos

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