*¿Piropos, flores o acoso callejero?*...* Tetas y toros*...*¿Y a ti, como hombre, te gustaría este piropo?*


Ante la difusión de fotos de San Fermín en la que decenas de hombres arrancan la ropa y manosean a una mujer, Emi Arias argumenta por qué aceptar esas imágenes como una alegre bacanal legitima la dominación masculina y el acoso sexista

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Una chica sube a los hombros de un chico durante el chupinazo. “Gora San Fermín” y tal. Hasta aquí todo más o menos normal. Puede que la chica se quite la camiseta si le apetece y que haga lo mismo con el sujetador si así le parece.

Ellos, en su orgía interior de kalimotxo, toros y testosterona, no se preguntan si ella desea ser tocada o no, ni le acarician para darle placer. Lo hacen simplemente porque si hay una teta, se ven con derecho a tocar esa teta

Es una estampa cada vez más habitual en estas fiestas y, aunque cada foto es diferente, todas tienen algo en común: decenas de manos de chicos rompen la ropa de la chica en cuestión y manosean absolutamente todo lo que desean sin, por supuesto, esperar consentimiento por la otra parte.

No tengo nada que decir sobre ellas, que ejercen -en algunos casos, porque en otros les desnudan directamente- su derecho a desnudarse, y eso es estupendo. Ponerse en cueros no es una invitación al baboseo ni significa “barra libre”. (Depende de la ordenanza municipal de turno puede darte algún problema pero ese es otro cantar, claro….).

Acoso sexista en San Fermín./ Argia

Ellos, en su orgía interior de kalimotxo, toros y testosterona, no se preguntan si ella desea ser tocada o no, ni le acarician para darle placer. Lo hacen simplemente porque si hay una teta, se ven con derecho a tocar esa teta

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Asumiendo y respetando que alguna chica disfrute en esa tesitura y se excite con los tocamientos, es necesario resaltar lo peligroso de legitimar públicamente el acoso cuando se trata de un problema no resuelto en nuestra sociedad.

Ellos, en su orgía interior de kalimotxo, toros y testosterona, no se preguntan si ella desea ser tocada o no, ni le acarician para darle placer ni para terminar en una apetecible bacanal griega. Lo hacen simplemente porque creen que pueden hacerlo y porque, me repito como el ajo, el acoso está peligrosamente legitimado, y para muestra un botón.

Es sexista, porque al revés jamás sucedería. En las que salen chicos sin camiseta no hay ni una sola mano curioseando en su torso

Que nos arranquen la ropa sin permiso o nos toquen cuando nos levantamos la camiseta porque nos apetece responde a un modelo de dominación machista, en un contexto social patriarcal y solo perpetúa estereotipos que de tanto criticarlos me aburro. Es decir, si hay una teta, ellos se ven con derecho a tocar esa teta.

Es sexista, porque al revés jamás sucedería. En las que salen chicos sin camiseta no hay ni una sola mano curioseando en su torso

Es sexista, simplemente porque al revés jamás sucedería. No ha pasado, y si alguien lo ha visto que me lo cuente, que una turba de mujeres se lance contra el que decide mostrar sus genitales en público. Y si pasa es la excepción y no la norma ni, como en este caso, la moda. Simplemente no nos sentimos legitimadas para tocar a una persona que se desnuda sin consentimiento por la otra parte.

Cuentan sobre el chupinazo que a una chica “literalmente la subieron entre cinco, la desnudaron, arrancándole las ropas, y la tocaron, con poca opción de decidir nada”. ¿De verdad alguien considera que en esa situación tenemos la opción de decidir hasta dónde?

Esto no es una bacanal, es el circo de la testosterona.
Y entonces alguien dirá: “ella está la mar de contenta”. Estupendo, puede que ella, si es que ha tenido opción a negarse tras subir su camiseta, quiera ser tocada, pero ¿y qué sucede cuando una no quiere o quiere parar en algún momento? Y, por otro lado, en estas fotos, a mí no me deja muy claro que esas mujeres en concreto se lo pasen pipa. He estado en partidas de parchís en las que he demostrado más placer del que expresa su lenguaje corporal en esa situación tan “cómoda” y “diver”.

Y que no se me olvide que después le llamarán “guarra” en el autobús de vuelta a casa por participar en una supuesta fiesta en la que ellos ponen las normas una vez más

Y que no se me olvide que después le llamarán “guarra” en el autobús de vuelta a casa por participar en una supuesta fiesta en la que ellos ponen las normas una vez más

El caso es que, una vez más, esta fiesta cargada de testosterona pone a las mujeres en una determinada posición y ellos se colocan en otra que, ¡oh! ¡sorpresa!, es la de quién toca frente a quién es objetualizada. Las fotos se han difundido como “qué bien se lo pasan en Sanfermines” y, curiosamente, en las que salen chicos sin camiseta no hay ni una sola mano curioseando en su torso. ¡Ah! Y que no se me olvide que después le llamarán “guarra” en el autobús de vuelta a casa por participar en una supuesta fiesta en la que ellos ponen las normas una vez más.

Esta imagen, que si nos las damos de “superjapis” y vivimos en “Lollipop World” sería el fiestorro de la liberación, me parecería estupenda si no viviésemos en una sociedad machista, si el patriarcado fuese solo un mal recuerdo y si al final de los Sanfermines el saldo de violaciones no fuese de una media de 3 mujeres cada año. Además, se denuncian centenares de agresiones sexuales y otras tantas ni se denuncian porque se entienden como propias del exceso, del desenfreno… Vamos, lo “normal”. Esta guay que nos desnudemos y toquemos todos, todas y todxs en la plaza pública pero que no se nos olvide el contexto, la sociedad en la que vivimos y las relaciones de poder que imperan. El contexto es que las feministas navarras están luchando para prevenir y actuar contra la violencia sexual muy extendida durante estas fiestas.

No es la primera vez que escucho barbaridades sobre lo que pasa en la plaza durante el chupinazo. No es casualidad que sea un espacio tan masculinizado. Por algo muchas redactoras que conozco se niegan a hacer directos en la plaza porque han sufrido alguna vez agresiones machistas, incluso delante de las cámaras. Curiosamente, también les tocaron las tetas. ¡Qué obsesión!

A X le arrancaron la ropa cuando volvía de fiesta. La calle estaba llena de gente pero nadie hizo nada. La tocaron por todas partes, le sobaron sin consentimiento y se fueron partiéndose de risa. En el juicio solo hubo alguna condena mínima por agresión pero ninguna por agresión sexual. (Noticia de 2012, Diario de Navarra)

Y me adelanto; ni puritana, ni del Opus, ni heteronormativa, ni amor romántico, ni me asusta un pezón, ni me hace falta un pollazo ni nada. Me encanta que me toquen las tetas pero yo decido quién y yo decido cuando, cómo y cuantos.

Y después se van a los encierros que, por cierto, sirven para llevar a animales a una plaza para torturarlos hasta la muerte. Qué hombría, qué valientes, qué cojones tienen los que corren. Cuánto macho. Gora San Fermín.

Emilia Laura Arias Domínguez

Emilia Laura Arias Domínguez

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¿Piropos, flores o acoso callejero?

“Que rica”. “Adiós princesa”.

“Uy, del cielo cayó un ángel”.

“Flaca, regálame un hueso”.

“Hoy estás como para un entierro”.

“Mamacita”.

“Mi amor,

¿a dónde vas?”.

“Dame un hijo”.

“Regálame un besito para este varón”.

“Mami, si te agarro te hago otro hijo”.

Estos son solo algunos de los “piropos”

que se oyen a diario en las calles de nuestras ciudades.

Algunas de estas frases caen bien,

se sienten como halagos y generan

sonrisas de quien las dice y las recibe.

Pero existen muchas ocasiones

en las que del inofensivo piropo, se pasa al acoso callejero:

Una muy sutil y cotidiana forma de violencia a través

del cual la mujer vuelve a ser objeto sexual.

También se define como una intrusión no solicitada

en el espacio privado, íntimo y único de las mujeres.

Es tan sutil y cotidiano que a veces cuesta trabajo identificarlos.

A pesar de que muchas mujeres se sienten incómodas

con estas actitudes, son muy pocas las que logran

expresarse en contra de esta tradicional práctica masculina.

Por eso en países como Chile, Colombia y Perú

existen “observatorios” del acoso callejero y hay estudiantes universitarios y sociólogos, psicólogos, periodistas,

trabajadores sociales, filósofos, entre otros,

dedicados a mirar de cerca los efectos

socioculturales de estos comportamientos.

En Afganistán por ejemplo, se dice que el acoso sexual

es una manera de reafirmar el dominio masculino

y recordarles a las mujeres que están quebrantando

su tradicional rol de madres y esposas

por el mero hecho de estar solas en la calle.

Con las frases y gestos que se lanzan,

que por lo general tienen un alto ingrediente sexual,

se repite la idea de que las mujeres

son más valoradas por su función sexual y su físico.

Así mismo, se crea una sensación

de vulnerabilidad y falta de confianza

en ellas mismas y sobre el uso del espacio

público por el que transitan.

Y son varias las campañas que han tratado de elevar

el tema para generar debate y concientización

y sobre todo para desnaturalizar estos comportamientos.

Esta semana la artista neoyorquina Tatyana Fazlalizadeh

lanzó una campaña en contra del acoso sexual, titulada

“Deja de decirle a las mujeres que sonrìan”

(Stop telling women to smile)

a través de varios carteles que invitan

a pensar en la privacidad, intimidad y uso del lenguaje

al referirse a una mujer en la calle.

stop telling woman to smile

Recientemente, en Argentina en las ciudades de Còrdoba

y Buenos Aires, un grupo de mujeres lanzaron

una campaña titulada

“Acción Respeto, por una calle libre de acoso”,

que fue bastante mencionada en algunas redes sociales

y medios en Uruguay, Perú y Chile.

La campaña se hizo bajo la sombrilla de Stop Street Harrasment

(No más acoso callejero)

que viene promoviendo campañas desde Washington

y otras ciudades de Estados Unidos

y que ha recogido algunas cifras sobre

el tipo de acoso, sus efectos y su relación la cultura machista.

Por su parte en Brasil a través de la campaña

“Deja de Silbarme”

realizada por el tanque de pensamiento

“Olga”, se ha buscado sensibilizar a la población

sobre la tolerancia social contra la violencia

contra las mujeres.

Las campañas buscan conocer las historias

de quienes han sido víctimas de este tipo de acoso,

recolectar datos a través de plataformas interactivas

y geo localizadoras, y sobre todo entender

los las razones que estimulan estos comportamientos.

Estos movimientos llevan poco tiempo.

Levantar la voz sobre una problemática

que inhibe y coarta es clave.

¿Tu qué opinas?

De la red

Opiniones invisibles

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AcosoEsViolencia: ¿Qué hacer si vives o presencias acoso sexual callejero?

Cada vez que alzamos la voz y pedimos o, peor aún, exigimos respeto,

desafiando el lugar que este mundo de machos nos otorga,

se nos tilda de histéricas, exageradas, zorras y hasta de antidemocráticas.

Ya sea porque reivindicamos derechos -como caminar en paz por la calle-

o porque vivimos la opción personal de no depilarse, el crimen es el mismo:

querer cambiar la sociedad. Como respuesta, un orgulloso machismo

herido y acorralado nos corona con el apodo de

“feminazis”.

Según datos del Observatorio contra el Acoso Callejero,

la edad promedio en que una mujer comienza a ser acosada

es a los 14 años y un 25,1% de las encuestadas dice sufrir

de acoso más de una vez al día. En promedio, una víctima vive 4.400

hechos de acoso antes de cumplir 25 años.

Eso, si sólo lo sufriera una vez al día.

¿Es exagerado visibilizar el problema?

¿Es violencia encarar al acosador y a la sociedad porque

no quiero que un desconocido me puntee en el transporte

público o me informe sobre sus deseos sexuales?

¿Es tiranía pedir políticas públicas para proteger a las menores

de edad que son las principales víctimas?

¿Son comparables estas demandas al régimen nazi?

El régimen nazi es responsable de uno de los genocidios

más horribles de la historia. Aniquiló, torturó y esclavizó

a una población equivalente a la de todo Santiago.

Sin embargo, quienes defienden el patriarcado en Chile

no ven diferencia cuando usan indiscriminadamente

este apodo contra las mujeres que luchan por la igualdad.

Hace algunas semanas, como OCAC publicamos una columna

de opinión explicando por qué el acoso sexual callejero

no es una forma de libertad de expresión.

Recibimos comentarios que decían cosas como

“ojalá las feminazis se preocuparan por asuntos de mujeres

maltratadas mucho más serias que prestarle atención

a simple piropo” o tildándonos de “femistéricas

(que) desparraman contra la figura masculina”.

¿Qué nos dice esto? Que en Chile, se tilda de represor o represora

a quien denuncia la violencia. Lo que reproduce un modelo

que somete a hombres y mujeres, ellos atrapados en modos nocivos

para reafirmar su virilidad en el espacio público, nosotras excluidas

de esta espacio, siendo remitidas a la casa, el dormitorio…

el espacio privado.

Me declaro culpable de exigir respeto en el espacio público,

de encarar a los acosadores y tratar de coartar sus conductas violentas

cuando me molestan a mí o a otras mujeres, especialmente

a las adolescentes. Soy culpable de desear caminar tranquila,

sin ruidos desagradables o frases como

“te chuparía el sapo rico”.

Pero no acepto los cargos de promover un genocidio

como el que llevó a cabo el nazismo.

Quienes usan el peyorativo “feminazi” para describirme,

sólo evidencian su ignorancia, falta de racionalidad y poca empatía.

Y lo más terrible, dan cuenta de que ellos están más sometidos

que nosotras, porque su hombría tradicional no les

permite ver que han convertido la violencia sexual

en privilegio y el privilegio en un supuesto “derecho”.

Mi amigo y su entrepierna sagrada

Estábamos carreteando en la casa de una amiga y no sé cómo salió el tema de los café con piernas. Yo he ido a algunos del centro, como el Haití, donde más que mirar culos, una disfruta del café. Dos amigos empezaron a compartir sus experiencias en esos locales que no tienen las puertas abiertas, sino que ocultan todo lo que pasa tras vidrios polarizados o derechamente pintados de negro.

Uno dijo: estábamos en primer año de universidad

y entramos a uno de Estación Central. Pedimos los copetes más baratos

y un amigo le miraba las tetas con descaro a una de las chiquillas.

Llegó la hora feliz y mi amigo tuvo la osadía de hundir la nariz

en el escote de la tipa que lo atendía. Cuando nos fuimos

-ninguno pasó a un privado, éramos estudiantes pobres-

el amigo con el que iba contó que después de emerger

de esas pechugas enormes, la boca le había quedado

llena de galleta molida. Parece que alguien, antes que él,

había incursionado en el escote sin lavarse los dientes.

Nos reímos. Era una anécdota cerda y esas historias vomitivas siempre son chistosas.

Otro contó esto: éramos escolares y no teníamos nada de plata.

Fuimos a un café con piernas del centro.

Entré con mi amigo y altiro dos chicas nos hablaron.

Nos pidieron que las invitáramos a un copete y nos sentamos en un sillón.

Estábamos tomando y conversando, yo le miraba las tetas y

tenía ganas de agarrarle el culo, pero no sabía si podía.

No era fea, pero no era pa’ presentársela a tu papá.

De repente, la mina me preguntó

“¿querís que te la chupe?”.

Quedé palacagá.

Ahí lo interrumpí y le pregunté, ¿se te paró?

Qué, me contestó él, cómo me preguntai esa hueá.

¿Qué tiene que te pregunte?

Na’ que ver po’, cómo preguntai eso.

Pero dime po’.

No, no se me paró.

Mi amigo quedó choqueado.

Se puso rojo, supongo que se sintió vulnerado y avergonzado.

A mí me dio rabia y se lo dije,

¿por qué si acabas de hablar del culo y las tetas

de una mina y yo te escucho intentando empatizar con tu historia,

tú te ponís de todos colores cuando te pregunto por tu entrepierna,

por lo que sentías?

Nos dimos vueltas en una discusión que no tuvo sentido

y que no vale la pena reproducir, pero en el fondo la actitud

y el discurso de mi amigo no fue más que el reflejo de algo

que tenemos bien interiorizado y naturalizado:

hablar y referirse al cuerpo de las mujeres es normal.

Pero los penes y el cuerpo masculino es otra cosa.

Parece que son sagrados.

Por ejemplo, excluyendo la pornografía,

la tele y las películas en general igual muestran pechos o potos,

pero nunca hombres piluchos.

¿Por qué?

Mi teoría es que la narrativa en general

es masculina y el androcentrismo poderoso:

las historias -tele, radio, libros, cine- son contadas mayormente desde

y para varones heterosexuales, a quienes “no les gusta el pico”

y por lo tanto no muestran ni quieren ver penes en la pantalla.

Así, lo masculino es menos referido como objeto que lo femenino.

Alguien podrá decir que igual Pato Laguna

salía en calzoncillos en los catálogos Avon.

Sí, hay una objetivización ahí, pero insisto que a nivel masivo

no hay comparación. En fin, sólo me sorprendió eso,

que mi amigo, como no está acostumbrado a que lo traten como objeto,

se pusiera rojo porque me referí a su cuerpo, pero ni se inmutó al referirse

al culo de la chica del café. Quizá, con lo que sintió,

el patudo aprenda a ser más empático. Ojalá.

de la red.

https://2.bp.blogspot.com/-D1eTjj8hVc8/VGKNXVf-QgI/AAAAAAAAAB0/268OYLQpFlY/s1600/BhZj_zoCMAAykoy.jpg-large.jpeg

http://www.ocacchile.org/wp-content/uploads/2014/09/OCAC-Ley-anti-acoso_grande.jpg

http://www.castana.cl/wp-content/uploads/2014/11/Acoso-es-abuso.jpg

http://www.ocacchile.org/wp-content/uploads/2014/09/OCAC-Minimizaci%C3%B3n-Acoso.jpg

http://i.ytimg.com/vi/spSLW1kTOQ0/maxresdefault.jpg

http://www.ocacchile.org/wp-content/uploads/2014/04/OCAC-defenderse_08-700x700.jpg

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¿Qué es un piropo?

Autor/a: Marisa Soleto

Unas recientes declaraciones de la Presidenta del Observatorio

de la violencia doméstica y de género del

Consejo General del Poder Judicial, Ángeles Carmona,

comentando uno de los muchos vídeos que se pueden

encontrar en las redes sociales denunciando el acoso callejero

contra las mujeres jóvenes en una entrevista en Radio Nacional,

ha desatado un debate inesperado y sorprendente

en la prensa sobre el piropo.

Pero ¿qué es un piropo? Supuestamente hablamos de un halago espontáneo destinado a resaltar las cualidades de otra persona.

Suena bien. Si además hacemos caso de, por ejemplo,

su manifestación cinematográfica en las películas

españolas de los años 50 o 60 o de la copla,

casi se diría que se trata de una pieza corta de poesía

que un hombre le dedica a una mujer a la que no conoce,

siempre galante, para resaltar su belleza.

Aquello de las ojeras y el lirio real.

Pero en la práctica el piropo callejero suele ser otra cosa.

Normalmente unabordaje abrupto consistente

en una descripción, más o menos desafortunada,

por parte de un personaje pretendidamente gracioso,

sobre las diferentes partes del cuerpo de una mujer

y las opciones de uso del mismo que se le ocurrían

al sujeto en ese momento.

En cualquier caso,

una irrupción iniciada por un extraño,

sin permiso de la interlocutora y de claro contenido sexual y,

casi siempre, intimidatorio.

Y todo esto cuando tu vas a lo tuyo por la calle.

Es mentira que a las mujeres nos gusten este tipo de ‘piropos’

o los hayamos tolerado en ningún momento.

Más bien hemos sobrevivido a ellos, al sobresalto y,

a veces, también al miedo que dan.

Las mujeres de los años 50 y 60 salían siempre en grupo

o llevaban en el bolso un alfiler de sombrero.

Mi generación, apretaba la carpeta de los apuntes

del instituto contra el pecho, y pasábamos a la carrera

por los edificios en construcción, por ejemplo.

Alguna vez también hemos contestado al baboso

de turno con alguna palabra malsonante,

que obtiene automáticamente el consabido,

feaputaboyeramalfolla…

¡Viva la gracia española!

Una generación de mujeres jóvenes está utilizando

ahora herramientas audiovisuales y las redes sociales

para desmontar esta idea del galán espontaneo,

y denunciar gráficamente lo que no puede ser calificado

sino como auténtico acoso callejero.

Mujeres jóvenes que con independencia de su

indumentaria y de su actitud son abordadas,

calificadas, incomodadas y también insultadas

por el simple hecho de caminar por la calle.

Y pasa en todo el mundo. Desde las calles de

El Cairo a Nueva York y, por supuesto aquí mismo.

Si se encuentran con alguno de estos vídeos,

algunos de ellos grabados incluso en clave de humor,

se darán cuenta de que se corresponden con un sentimiento

de hartazgo por parte de estas mujeres,

que lejos de sentirse halagadas, denuncian este

comportamiento como un auténtico acoso.

Y definido este contexto, vuelvan sobre la polémica

de los últimos días. ¿Estamos hablando de una bonita

tradición o sería recomendable erradicar este tipo

de comportamientos?

¿Son piropos o son pura grosería testosterónica?

Aún así, aclarar que no conozco a nadie que esté

pidiendo una intervención penal sobre este tema

y que probablemente, el que haya sido una representante

del poder judicial la que ha realizado estas declaraciones

en el contexto de una entrevista sobre la violencia de género,

es lo que ha alimentado los titulares durante estos días.

Esto es, evidentemente un tema de educación,

respeto y convivencia entre mujeres y hombres.

Pero que se haya aprovechado la ocasión para frivolizar

con la intolerancia de las feministas y las políticas de igualdad, difundiendo la pretendida belleza del piropo como

si de una bonita tradición o un acto cuasicultural se tratara,

me ha parecido francamente cargante.

No conozco a nadie a quien no le guste un halago,

evidentemente. Pero tampoco conozco a nadie a quien

le guste que le intimiden y le griten groserías por la calle.

Tampoco conozco ninguna situación en la que alguien

hiciera defensa de algo así, si no fuera porque tenemos

alterada la percepción de la realidad bajo una mitología

sobre las relaciones entre mujeres y hombres que es indefendible.

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10 Mitos Sobre El Acoso Callejero Que Debemos Erradicar

El acoso callejero es una forma de violencia de género aún no reconocida en Chile y en muchos otros países de América Latina. ¿Cuántos de nosotros, congéneres varones,

no hemos sabido de alguna mujer cercana -madre, hermana,

polola o amiga- que se ha visto afectada

por situaciones desagradables ocurridas en espacios públicos?

María Francisca Valenzuela es Licenciada en Sociología de la Universidad de Chile, pero además es la fundadora del

Observatorio Contra el Acoso Callejero (OCAC).

Ella, junto a otras tres amigas, se unieron para combatir

este tipo de prácticas y crear conciencia sobre el impacto

sicológico negativo que éstas producen no sólo en mujeres,

sino que incluso en hombres homosexuales y transgéneros.

“El acoso callejero es un práctica no deseada que genera

sensaciones de rechazo, rabia, y vulnerabilidad, entre otras.

Si bien existen mujeres que consienten -e incluso les gustan-

actos como los piropos, la gran mayoría nos sentimos

vulneradas y violentadas, pues nos crea una sensación

de miedo e inseguridad constante”, explica la socióloga.

El OCAC entiende el acoso callejero no sólo como los piropos.

Va desde silbidos, ruidos, alusiones sexuales al cuerpo

de la mujer y tocaciones –ya sea en la vagina, senos o trasero-

hasta acercamiento intimidante, seguimiento,

“punteos”, exhibicionismo y masturbación pública.

En Dypia conversamos con María Francisca

y elaboramos una lista con algunos de los mitos más

comunes al respecto. Como para que tomemos

conciencia y acabemos con este tipo de prácticas

que tanto daño le hacen a las mujeres en espacios públicos.

1. “Sólo a las bonitas les pasa”

1 sólo a las bonitas les pasa

“Es una forma de acoso que sufren todas las mujeres, sin importar si se tienen o no cánones estéticos considerados bellos. No importa si es gorda o flaca, alta o baja, rubia o morena; a todas alguna vez le ha pasado”.

2. “Es una cosa de mujeres jóvenes”

2 es una cosa de mujeres jóvenes

“Es transversal a todas las edades. Según las experiencias que nos han llegado, muchos casos implican a mujeres adultas y de la tercera edad”.

3. “Si el hombre es guapo es bien recibido”

3 si el hombre es guapo es bien recibido

“Este es uno de los mitos más comunes. Al ser el acoso una transgresión -y un acto no deseado- es irrelevante el aspecto físico de la persona, lo que importa es la vulnerabilidad a la que exponen a la mujer. Además, el aspecto de una persona no influye en el grado de violencia que puede llegar a ejercer”.

4. “Si hay mucha ropa no sufres acoso”

4 si hay mucha ropa no sufres acoso

“Los relatos que hemos recopilados demuestran que no importa si estás tapada totalmente: ocurre en verano y en invierno, se use short o abrigo. Es una forma de acoso que no discrimina la vestimenta”.

5. “Ellas tienen la culpa por provocar”

5 ellas tienen la culpa por provocar

“En el mismo sentido que el anterior, pero al revés: se suele culpar a la víctima cuando sufre algún tipo de agresión, pues estarían provocando a sus acosadores. Las mujeres son libres de poder vestirse como quieran, de actuar coquetamente, de mostrar su cuerpo y no por eso alguien tiene el derecho a decirle o hacerle algo”.

6. “Los casos graves son poco usuales”

6 los casos graves son poco usuales

Ya ni siquiera es poco común que a una mujer la hayan tocado en la calle o que haya sido víctima de exhibicionismo. Lo preocupante es que sea catalogado como algo normal y sea un acto naturalizado cuando no debería serlo”.

7. “El piropo no es violencia”

7el piropo no es violencia

“Al ser una conducta -por lo general- no deseada, el piropo es una opinión que no se ha pedido y que transgrede el espacio del otro. Esto configura una forma de violencia que ocurre sobre todo en aquellos casos donde se usa una connotación sexual muy fuerte, al borde de casi cometer una violación con palabras”.

8. “Es derecho a libre expresión”

8 es derecho a libre expresión

“Se suele afirmar que tirar un piropo es derecho a libre expresión, pero en realidad al no ser deseado pasa a violar otro derecho, que es el derecho al libre tránsito. Por lo tanto, defender la libre expresión en estos casos es privilegiar el ‘derecho’ de muchos hombres sobre otro derecho que no se les está resguardando a las mujeres”.

9. “Es una forma de coqueteo”

9 es una forma de coqueteo

“El acoso callejero se caracteriza por ser un tipo de violencia muy particular, en la cual el agresor no tiene ningún tipo de vínculo con la víctima. En casi todos los casos, el agresor tampoco busca llegar a generar ese vínculo, no busca coquetear y tampoco tiene como fin emparejarse, simplemente busca ejercer algún grado de acoso y nada más. ¿Acaso alguna vez alguien escuchó que ante un dicho grosero alguna mujer dijera ‘hola, muchos gusto, conozcámonos’?”.

10. “El chileno es así”

10 el chileno es así“Casi poniéndolo como un rasgo natural, idiosincrático y hasta picaresco del hombre chileno, se piensa que los acosadores callejeros que se dedican a piropear existirán siempre porque sería parte de su naturaleza, cuando en realidad corresponde a una conducta cultural que fue aprendida y que, por lo tanto, es modificable. Podemos ser una sociedad mejor”.

*Ilustraciones por Antonia Rosello Rodríguez

http://1.bp.blogspot.com/-bULkixgaVCA/Uupjlu3Lb9I/AAAAAAAAUOE/IKnZi6MRayw/s1600/si+las+mujeres+dijeran+piropos+a+los+hombres.jpg

http://chistesdominicanos.com/wp-content/uploads/2013/09/piropos.png

http://imagenesyfrasesparafacebook.com/wp-content/uploads/2014/03/000_1654322_584969398253690_1744223890_n.jpg

http://buenosaires.ihollaback.org/files/2013/03/77819_372832662790779_1022796487_o.jpgClaro,que en está vida hay de todo,ni todas las mujeres somos iguales,ni todos los hombres son iguales,pero muchas veces se pagan justos por pecadores...en fin así estamos en esté loco mundo.martina

http://photos1.blogger.com/blogger/6720/1313/1600/comic%202.jpg


Cansado Dios de todo lo que estaba ocurriendo en el mundo

que él había creado, quiso poner fin a lo que consideraba

su más grave error.

Después de meditarlo durante largos siglos decidió que no

era justo exterminar a aquellos seres,

puesto que el creía en el perdón

y en las segundas oportunidades.

Hizo llamar a la que creía la más justa,

pura y bondadosa mujer de la Tierra,

Noelia (Noe para los amigos).

Noe, sorprendida a la vez que contenta acudió

de inmediato ante su presencia.

Dios con voz triste y pesada le informó sobre la situación

y Noe no puedo contener las lágrimas.
- No llores hija mía, no son lágrimas lo que necesito de ti.

Seré yo quien llore durante muchos años, lloraré tanto que mis lágrimas

inundarán la Tierra y no quedará resto de tierra firme.
- Pero, ¿por qué?

Tu eres bondadoso,

¿por qué no nos das la oportunidad de cambiar?
- A eso iba hija, a eso iba.

Te pido a ti mi querida Noelia

que construyas un gran barco y que en él subas

una pareja de cada especie que consideres pura y merecedora

de una segunda oportunidad.

El resto morirán ahogados

y pasarán al más eterno olvido.

Sube al barco también suficientes

alimentos para aguantar varios años de navegación.

Cuando crea yo que estáis preparados os devolveré vuestro suelo

y podréis empezar una nueva vida libre de pecado.

Una vez concluyas tu misión, llámame.
- Así lo haré Señor.
Nada más llegar a su hogar hizo llamar a todos los carpinteros

de su pueblo para pedirles que le ayudasen

a construir un gran barco, pero en ningún momento

les habló sobre la finalidad del mismo.

Los carpinteros le pedían un precio demasiado

caro para una mujer de clase baja como era ella.

A punto estuvo de aceptar pero pensó que podría

contratar inmigrantes ilegales y pagarles mucho menos.

Así fue, y pasados ocho meses su barco estaba terminado.

Noe estaba triste porque el número final de muertes

por accidente laboral superaba las 200.

Tampoco le importaba mucho, porque como le decía su esposo:

“mejor que mueran ahora y no después ahogados”.


Ya sólo le quedaba seleccionar una pareja de cada especie.

Eso lo tenía muy claro desde pequeña gracias a que su querida

madre le dio una muy buena educación.

Sabía cuales eran las diferencias entre el bien y el mal, sabía…

Sabía quienes eran merecedores de una segunda oportunidad.

Hizo una lista con las especies a salvar y durante varias semanas

se dedicó a buscar una pareja de cada.

En el barco subieron:

un grinder y una grinder,

un emo y una ema,

un grunge y una grunge,

un hardcoreta y una hardcoreta,

un sludge y una sludge,

un intelectual y una intelectual,

un straight edge y una straight edge,

un trasher y una trasher, un crustie y una crustie,

un punki y una punki, un popi y una popi,

un entendido y una entendida,

un heavy y una heavy,

un straight ahead y una straight ahead,

un skinhead y una skinhead,

un costra y una costra,

un dis y una dis, un mod y una mod,

un alternativo y una alternativa…

y todo tipo de espabilado.

Una vez estaban todos dentro llamó a Dios,

que apareció al momento.
- Aquí estoy hija.
- Bienvenido seas.
- ¿Tienes ya lo que te pedí?
- Si Señor. Ha sido un gran honor que haya contado conmigo para algo tan importante. La verdad es que todavía no me lo creo.

Espero haberlo hecho tal como deseabas.
- Bien, es cuestión de verlo.

Te agradezco todo cuanto has hecho para salvar a mis criaturas.
Dios observó con detenimiento todo lo que allí se encontraba,

y tras unos minutos de silencio dijo:
- Estoy muy decepcionado contigo.

Te dije que me trajeses una pareja de cada especie y tu sólo me traes cerdos

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Etiquetas: acoso, derrechos, fueras, hombre, mujer, piropos, respeto, si, tetas, toros

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