Mariño Muñoz silla de ruedas discapacidad


Paciencia infinita


Share Button

“A estas alturas de verano, todavía no he podido bañarme en una piscina pública. Tengo varias cerca de casa y en todas hay algo que me impide usarlas: obstáculos en los accesos, o aseos en los que no cabe mi silla -aunque eso sí, tienen la chapa de «adaptado» en la puerta- o no hay una grúa con la que meterme en el agua, o la hay pero está averiada o sin batería.

Llevo 18 años en silla de ruedas. Tengo una distrofia muscular hereditaria, somos cuatro hermanos de los cuales a tres nos ocurre lo mismo. A mí me diagnosticaron a los 12 años, así que tuve tiempo para prepararme. He acabado aceptando la silla, para mí son mis piernas, pero fuera de casa la peor barrera arquitectónica es la mentalidad de la gente, que no repara en estas cosas hasta que le toca directamente. 

Para que yo pueda subirme en un autobús, tienen que darse varias circunstancias: que funcione la rampa, que no vaya lleno y, si es de los antiguos, que no haya carritos de bebé. A menudo tengo que dejar pasar varios autobuses antes de poder montar en uno. Siempre voy con mucha antelación a todas partes, pero alguna vez, después de dejar pasar cuatro, he desistido.

El Metro tampoco es una buena opción. Muchísimas paradas no tienen ascensor y, cuando lo tienen, suelen estar averiados. En todos los transbordos hay tramos de escaleras, así que no puedo hacer el trayecto más directo a mi destino, sino tomar la combinación en la que puedo moverme con la silla, aunque eso suponga dar más vueltas. Por otro lado, sólo algunas líneas tienen rampas en los vagones para salvar el hueco entre coche y andén y quedo a expensas de que el personal de Metro o los viajeros me ayuden a subir.  ¿Cómo afronto todo esto? He aprendido a tener paciencia. Si me encabrono se me queda en las tripas y es peor.

En mi casa todo es diferente, aquí todo está a mi medida, aunque no siempre fue así. Es una casa del IVIMA, el Instituto de la Vivienda de Madrid. En teoría, venía adaptada para personas con discapacidad, pero estuve un año y medio sin poder vivir en ella porque las ventanas no estaban a mi altura, tampoco la taza del váter, el lavabo tenía un pie que me impedía acercarme y había bañera, ¡bañera! Yo no puedo introducirme en ella. Después de mucho luchar conseguí que la Comunidad de Madrid me costeara las reformas necesarias”.

***

>> Marino Muñoz tiene 48  años, vive en Vallecas (Madrid) y trabaja como teleoperador.

Visitas: 175

Comentar

¡Necesitas ser un miembro de Anundis.com :: Discapacidad :: Red Social para añadir comentarios!

Participar en Anundis.com :: Discapacidad :: Red Social

Comentario por marina salobreña el agosto 29, 2016 a las 12:11pm

Lo comprendo y admiro.

Comentario por Tina el agosto 28, 2016 a las 7:44pm

Es increíble  la poca seriedad que hay en las adaptaciones, si las hacen, que lo realicen bien y sobre todo que prevean su mantenimiento. Aparte de paciencia, pon todas las quejas posibles, quizás así, algún día se mejore. Saludos 

© 2004 - 2019   Anundis.com :: Discapacidad :: Red Social   Tecnología de

Emblemas  |  Reportar un problema  |  Términos de servicio