No dejar que los problemas nos agobien

Quién de nosotros no tiene problemas, no se angustia y sufre muchas veces pensando en lo que nos pasa a diario,no es así? Pero no debemos olvidarnos de mirar a nuestro alrededor, y ver que hay tanta otra gente que sufre quizás más que nosotros; y que no todas las circunstancias son tan graves o imposibles de sobrellevar como nos parece en un primer momento. Pongamos los verdaderos problemas, los importantes frente a nosotros para intentar elaborar una estrategia de afrontamiento y ver qué puede hacerse,y decantar los otros que quizás no son tan graves pero nos toman con la guardia baja a veces... Les dejo este texto a propósito de esta reflexión. Saludos para todos!! (Mariel)

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El problema de los otros

Érase una vez un sabio muy conocido que vivía en una montaña del Himalaya. Cansado de convivir con los hombres, había optado por una vida sencilla, y pasaba la mayor parte de su tiempo meditando.

Su fama, no obstante, era tan grande que las personas estaban dispuestas a caminar por estrechos senderos, subir colinas escarpadas, o vadear caudalosos ríos, apenas para conocer a aquel hombre santo, al que creían capaz de resolver cualquier angustia del corazón humano.

Este sabio, como era un hombre muy compasivo, no dejaba de dar un consejo aquí y otro allá, pero procuraba librarse cuanto antes de los visitantes no deseados. A pesar de todo, éstos aparecían en grupos cada vez mayores y, en cierta ocasión, una multitud se agolpó a su puerta diciendo que en el periódico local se habían publicado bellas historias sobre él, y que todos estaban seguros de que sabía cómo superar las dificultades de la vida.

El sabio nada dijo; les pidió a todos que se sentasen y esperasen. Pasaron tres días, y no paraba de llegar gente. Cuando ya no quedaba espacio para nadie más, él se dirigió a la muchedumbre que esperaba frente a su puerta:

-Os os voy a dar la respuesta que todos queréis. Pero debéis prometerme que, a medida que vuestros problemas se solucionen, les diréis a los nuevos peregrinos que me fui de aquí, de manera que yo pueda continuar viviendo en la soledad que tanto anhelo. Los hombres y mujeres presentes hicieron un juramento sagrado: si el sabio cumpliese lo prometido, ellos no dejarían que ningún otro peregrino subiese a la montaña.

-Contadme vuestros problemas – pidió entonces el sabio.

Alguien comenzó a hablar, pero fue inmediatamente interrumpido por otras personas, ya que sabían que aquélla era la última audiencia pública que el hombre santo daría, y temían que no tuviera tiempo de escucharlos a todos. A los pocos minutos, la situación ya era caótica: multitud de voces gritando al mismo tiempo, gente llorando, hombres y mujeres arrancándose los cabellos de desesperación, ante la imposibilidad de hacerse oír.

El sabio dejó que la escena se prolongase un poco más, y por fin gritó:

-¡Silencio!

La multitud enmudeció inmediatamente.

-Escribid vuestros problemas y dejad los papeles aquí, frente a mí.

Cuando todos terminaron, el sabio mezcló todos los papeles en una cesta, pidiendo a continuación:

-Id pasando esta cesta de mano en mano, y que cada uno saque un papel y lo lea. Entonces podréis cambiar vuestro problema por el que os ha tocado, o pedir que os devuelvan el papel con el problema que escribisteis originalmente.

Todos los presentes fueron tomando una de las hojas de papel, la leyeron, y quedaron horrorizados. Sacaron como conclusión que aquello que habían escrito, por muy malo que fuese, no era tan serio como lo que afligía a sus vecinos. Dos horas después, intercambiaron los papeles, y cada uno volvió a meter en su bolsillo su problema personal, aliviado al saber que su aflicción no era tan dura como se imaginaba.

Agradecieron la lección, bajaron la montaña con la seguridad de que eran más felices que los demás, y –cumpliendo el juramento realizado- nunca más permitieron que nadie perturbase la paz de aquel hombre santo.

de afrontamiento

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Copyright @ 2010 by Paulo Coelho

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Etiquetas: -, HISTORIAS, REFLEXIONES

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Comentario por Mariel el julio 31, 2010 a las 1:34am
Slegna...somos humanos, con todo lo que eso incluye, yo tampoco estoy exenta de sobredimensionar a veces ciertas situaciones por eso trato en lo posible de ser humilde ,como dijo un sabio: "siempre habrá gente que sabe más que tú", que puede aportarnos algo si estamos dispuestos a aprender,lo importante creo es estar abiertos, del dolor también se aprende...no quedarnos "pegados" a él, aceptarlo y luego soltarlo para que en nuestro interior puedan entrar cosas nuevas...y mejores...como tu amistad, por ejemplo. Gracias por leerme y estar presente a la distancia. Me arrancaste una sonrisa, y eso vale,jaja...Un beso.
Comentario por Mariel el julio 31, 2010 a las 12:14am
Juan: recién veo tu comentario porque vuelvo de viaje con mi hijo –estuvimos casi 20 días internados- y quisiera aclarar algunas cosas que vienen a colación. A riesgo de ser reiterativa quiero decir nuevamente que es un hecho que todos tenemos problemas, y que a veces inmersos en ellos perdemos un poco la perspectiva y vemos nuestra situación particular como lo más grave que existe y a veces no es tan así. Siempre hablo de lo importante que es mirar alrededor pero no como reza el refrán “mal de muchos consuelo de tontos”para “consolarnos” porque otro está peor, más bien para que nos haga reflexionar y aprender de esas personas, muchas de las cuales tienen estrategias, modos de afrontar su situación que uno al verlas puede tomarlas como aliciente para posicionarnos desde una nueva, mejor perspectiva y darle con bríos y seguir adelante; no necesariamente minimizando lo nuestro (que según sea el caso puede ser menor, mayor o igual de grave) sino pensando en positivo, para hacernos de herramientas para afrontar la realidad que nos toca, que la reflexión más bien sea: “si él puede con eso, por qué yo no?”, o “a ver cómo hago para convivir con esto, cómo sigo adelante”, no dejarnos aplastar ni a la primera ni a la segunda ni a la vigésima vez… cansados de pálidas, de luchar con la enfermedad, de la burocracia, dolores, obstáculos,etc? Hay cosas que nos pasan en la vida que son inevitables, no las convocamos ni deseamos, pero allí están…lo que hagamos con ellas es la diferencia, si la situación no cambia podemos cambiar nosotros, lo que está seguirá allí, pero seremos diferentes, mejor “armados” para afrontarlo. Claro, queda en uno la elección…la idea que quiero expresar no pasa por mirar alrededor y conformarnos o “aguantarnos” simplemente lo nuestro porque estamos menos peor que el prójimo, sino no resignarnos ni quedarnos en el lamento, abriéndonos humildemente para aprender de los demás y de las situaciones de otros, y allí sí volver a mirar nuevamente lo que nos está pasando pero desde una nueva perspectiva tendiente a la acción positiva que genere un cambio –como dije antes, puede que se modifique así la situación y sino, lo haremos nosotros para afrontarla-; fijate que en lo personal hace años que lucho a la par de mi hijo con sus problemas de salud, cirugías y demás, a sabiendas de que esta es una lucha de por vida, con diagnósticos invariables, con nuevas patologías que surgen, con idas y venidas entre hospitales matizadas con épocas buenas, y sin embargo sigo aprendiendo de los demás algunos en situaciones parecidas, otros más complejas aún, pero en esta rueda de la vida todos damos y recibimos, es un ida y vuelta que aún en medio de las pruebas y obstáculos nos enriquece permanentemente. El 13 de julio mi hijo tuvo un paro cardíaco y tuve que hacerle las maniobras para reanimarlo…durísimo para mí como madre, pero estando internados conocí a otra mamá -pieza contigua a la mía- cuyo bebé de 4 meses tiene una cardiopatía gravísima al punto que los médicos se debaten entre hacerle o no la cirugía porque quizás no sobreviva a la intervención, y si lo hace vivirá unos pocos años más (la sra. ya perdió un hijo por el mismo problema…), viendo su situación no pude evitar remontarme en el tiempo hacia atrás cuando yo pasé lo propio con mi hijo de bebé, pero al mismo tiempo y volviendo a la situación que me toca en el presente también admiré y rescaté la entereza de esta mujer internada desde hace meses y con un pronóstico tan complicado, dudoso, temido…charlar un poco con ella renovó mis fuerzas, al volver a la habitación y mirar a mi hijo lo hice con nuevos ojos; al mismo tiempo intenté trasmitir lo mismo a otros niños y mamás que iban arribando y se iban de alta en la cama contigua a la de mi hijo. Una cadena de fe, fuerza y amor. Dar y recibir…una palabra, un gesto, contención, consuelo…sí, “de tontos”… definitivamente no. Juan, gracias por participar y leer.
Comentario por juan marin el julio 16, 2010 a las 3:37pm
Moraleja :si miras para atras siempre hay otros que estan peor que tu .Mal de muchos consuelo de .t.............

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