En los últimos años ha habido un considerable debate acerca de la eticidad de permitir la eutanasia activa voluntaria y el suicidio asistido para enfermos terminales. Existe una tendencia a escribir en las revistas científicas en favor de aceptar la moralidad de la eutanasia en un esfuerzo de conquistar el consenso público para su legalización. De hecho, en países como Holanda la eutanasia ha sido descriminalizada desde hace tiempo; se han presentado leyes para su descriminalización en Australia y en los Estados Unidos en el estado de Oregon, y es motivo de debate en varios parlamentos a nivel mundial. El suicidio asistido significa que el médico provee los medios necesarios para que el paciente finalice su vida. La eutanasia activa significa que el médico administra personalmente una droga letal. La muerte se busca para finalizar una vida que ha llegado a ser intolerable por el sufrimiento a causa de que el paciente no quiere continuar viviendo o porque la vida ha adquirido tal condición mínima que no merece ser considerada digna.

El considerable avance de la Medicina en los últimos años ha llevado a evaluar si es obligatorio usar todos los medios posibles para mantener a una persona viva o si se ha de usar toda la terapia disponible, aun cuando hay pocas posibilidades de obtener algún progreso. Se discute la cuestión del derecho a morir con dignidad. Para algunos, morir con dignidad significa morir sin dolor por intervención médica directa o suicidio asistido. Cualquier muerte que sea acompañada por el sufrimiento es considerada como indigna en la mentalidad de la sociedad de hoy. En este contexto, la muerte sin dolor puede ser provocada por la administración de una droga con la intención de finalizar la vida y al mismo tiempo el sufrimiento. Esta intervención activa se selecciona porque acaba rápidamente con la vida del enfermo y se propone hacerlo cuando no hay posibilidad de curación y el enfermo ha manifestado su deseo de no continuar viviendo. Para muchos otros, el derecho a la muerte con dignidad implica la no aplicación o la interrupción de terapias de soporte vital para enfermos terminales, para permitir que el enfermo sucumba por la enfermedad, de esta forma liberándolo de la esclavitud del llamado "encarnizamiento terapéutico", que consiste en tratar al enfermo con terapias excesivas por no tener ya ninguna efectividad y someterlo a un prolongado sufrimiento.

Ha habido también un debate sobre el alcance del término eutanasia. El término ha sido dividido en eutanasia pasiva y eutanasia activa. En el contexto de la sociedad norteamericana, con el término de eutanasia pasiva se ha querido significar el favorecer el proceso de la muerte al remover el equipo de soporte vital o al terminar con los procedimientos médicos cuando estos son considerados vanos. Con el término de eutanasia activa se ha querido significar el provocar inmediatamente la muerte por la aplicación de un agente letal. Sin embargo, bajo el punto de vista de la ética profesional, se ha objetado que es irrelevante el terminar la vida del enfermo por acción o por omisión de un tratamiento que es considerado válido y necesario para que este pueda vivir, ya que la muerte es provocada intencionalmente en ambos casos. Para evitar confusiones, la definición de eutanasia debe ser entendida más bien como el finalizar deliberadamente la vida de un enfermo que está sufriendo o tiene una enfermedad incurable, independientemente de que sea por acción o por omisión (1). En el caso de que la eutanasia sea llevada a cabo a través de una acción, se trata de eutanasia activa. En el caso de que se trate de la privación de una asistencia médica todavía válida y debida, se trata de eutanasia omisiva. Por otra parte, no hay que considerar que hay eutanasia en la mal llamada "eutanasia pasiva" al remover sistemas de soporte vital que no son terapéuticos y permitir que el enfermo sucumba por la enfermedad o en negarse a recibir un tratamiento médico que es considerado vano, ni hay eutanasia en la muerte provocada por el "efecto doble" de drogas que son dadas para aliviar el dolor pero pueden acortar la vida. No hay obligación de recibir o de prolongar un tratamiento que es considerado ineficaz por la profesión médica. Esta práctica es considerada como ética y legal siempre que la intención del médico sea aliviar el dolor y otros síntomas y no provocar la muerte (2).

En la presente reflexión voy a analizar los argumentos en favor de la eutanasia junto con una crítica de los mismos para emitir un juicio ético sobre si existe el derecho a cometer suicidio o de pedir una acción eutanásica para enfermos terminales.

Argumentos en favor de la eutanasia

1. El argumento de la pobre calidad de vida. Aquellos que defienden la eutanasia, argumentan que en algunas circunstancias vivir es peor que morir, ya que el dolor y el sufrimiento causado por una enfermedad terminal pueden hacer la vida tan agonizante y difícil de llevar que la muerte puede parecer un "acto humanitario" y se considera racional que el médico ayude al suicidio como una forma de morir con dignidad (3).  Para el enfermo terminal, el sufrimiento puede ir más allá del dolor como resultado de las condiciones en que se encuentra y estas hacer la vida insoportable, como por ejemplo: la progresiva pérdida de movimiento y actividad, la pérdida de libertad asociada con la dependencia de otros, molestias físicas como náuseas, vómitos o disnea, la incapacidad de tragar o de hablar, el miedo a morir, la incontinencia, la debilidad, la pérdida de la dignidad personal, la demencia (4).  La vida pierde toda calidad y significado, de forma que la muerte es preferible.

2. El argumento del respeto de la autonomía del enfermo. Los defensores de la eutanasia consideran que el respeto por la autonomía de las personas requiere el reconocer su derecho a decidir cómo vivir sus vidas. Esto incluye el proceso de la muerte y la habilidad de elegir el destino propio. De tal forma que se propone el derecho de evitar el sufrimiento intolerable ejerciendo un control sobre la forma de morir. Lo que está en juego es ser libre para tomar responsabilidades sobre la propia vida, parte de la cual la constituye la muerte. Cada persona tiene un nivel de tolerancia para el sufrimiento y por tanto no existe una respuesta objetiva que se pueda aplicar a todos acerca de cuándo la vida se hace insoportable. Por ello es necesario que el paciente se manifieste ejerciendo su autonomía. Algunos autores creen que existe el derecho a cometer suicidio y que no debe haber restricciones irrazonables sobre la forma en que uno puede ejercer este derecho (5). El Estado no tendría derecho a privar al paciente de su libertad de quitarse la vida. Battin ha argumentado que existe un derecho fundamental al suicidio, pero no hay igualdad en su distribución (6). El derecho del paciente a la autodeterminación ha sido un argumento central en favor de la eutanasia (7). Pero a menudo se asume, sin argumento, que esto implica el derecho del paciente a pedir que otra persona intervenga en su ayuda para procurar la muerte (8). Un enfermo terminal puede no ser capaz físicamente por sí solo de ejercitar la opción del suicidio. Se considera que los enfermos terminales serían discriminados a causa de su incapacidad, ya que las personas con capacidad física sí tendrían la opción. Se disminuiría además la ansiedad en futuros pacientes si saben que existe la posibilidad de que un médico les asista en el suicidio. Además, hay que considerar que aun con un adecuado cuidado paliativo hay casos en que no es posible evitar el dolor (9).

3. El argumento del principio de beneficencia o tener compasión por el que sufre (10). El médico actúa bajo el principio de beneficencia para aliviar el dolor y el sufrimiento de pacientes terminales. Bajo esta forma de pensar, la eutanasia es considerada un acto virtuoso. El no abandonar al enfermo ha sido parte del cuidado tradicional ejercido por el médico. Se juzga que el que el médico asista al enfermo en su suicidio es una forma de ejercer el principio ético de no abandonarlo (11). Hoy día, los médicos son considerados los candidatos lógicos para buscar ayuda en el morir, ya que para muchos enfermos terminales el asistir en la muerte es considerado como una extensión del rol del médico de aliviar el sufrimiento y como una forma de ejercer su cuidado, consistente con la profesión (12).

4. El argumento de la experiencia positiva de la aceptación de la eutanasia en Holanda.Las personas en general y la profesión médica en ese país considera positiva la despenalización de la eutanasia, de forma que ningún médico que siga ciertas líneas puede ser penalizado por la justicia por cometer un acto eutanásico. Estas líneas son: el enfermo tiene que ser competente y pedir voluntariamente la muerte después de haber sido aconsejado; su sufrimiento tiene que ser insoportable, no puede haber forma de hacérselo soportable al enfermo, y el juicio del médico con respecto al diagnóstico y el pronóstico debe ser confirmado por otro médico.

5. El argumento de la disminución del estigma de culpa asociado al suicidio. El estigma público adosado al suicidio ha disminuido en los últimos tiempos. En muchas jurisdicciones el suicidio o el intento de suicidio es un acto que no está penalizado. Los estudios de investigación demuestran que la mayor parte de los suicidios resultan de enfermedades mentales transitorias, generalmente la depresión (14). Sin embargo, se argumenta que la razón por la que los enfermos terminales desean acortar el proceso de la muerte es terminar con su sufrimiento. Esto hace surgir el concepto de suicidio racional.

6. El argumento de la no diferencia moral entre matar y dejar morir. La distinción entre eutanasia "pasiva" y "activa" ha sido criticada por depender de concepciones de causación que son consideradas problemáticas y que se basan en la creencia de que la diferencia entre matar y dejar morir es relevante moralmente. El discontinuar las medidas de soporte vital y la eutanasia voluntaria activa son similares bajo el punto de vista del paciente en que su deseo fundamental es una muerte más rápida y más confortable. Son también moralmente similares en que ambas son hechas con la intención de acabar con la vida (16). Se argumenta que la intención es moralmente irrelevante en la evaluación de la moralidad de la acción. Por ejemplo, en el caso de dejar de alimentar artificialmente a un enfermo en coma, claramente se atenta contra su vida con la intención de acabarla, ya que la persona moriría de hambre. En el caso de discontinuar mecanismos de soporte vital y permitir que el enfermo muera, esto ocasiona días o semanas de sufrimiento. Bajo esta forma de pensar, la eutanasia activa parece ser preferible moralmente (17). Para algunos, discontinuar la ventilación mecánica no puede ser considerado negarse a recibir un tratamiento, sino una petición de procurarse la muerte (18). Para Patrick Hopkins (19) no existe una diferencia moral intrínseca que sea esencial entre una máquina que sustituya funciones orgánicas y órganos naturales del cuerpo; así que omitir un tratamiento, en que intervenga una de estas máquinas es una forma de matar, ya que priva a la persona de un órgano que puede solamente funcionar con la ayuda de una máquina o de tecnología médica y, por tanto, necesitamos poner a un lado nuestros prejuicios en contra de lo artificial y extender la opción de la buena muerte (eutanasia activa) a aquellos que han sido atrapados por la naturaleza al encontrarse en estado terminal. Si nuestra sociedad ha sido capaz de reconocer que la vida puede ser lo suficientemente irresistible bajo tratamientos de sostenimiento vital, tales como la ventilación mecánica o las máquinas de diálisis, y que estas intervenciones médicas pueden ser discontinuadas o abstenerse de ellas (lo que algunos llaman eutanasia pasiva), entonces también la vida puede ser lo suficientemente irresistible como para justificar la eutanasia activa.

7. El argumento de que el principio del doble efecto es una forma de eutanasia activa. A los médicos se les permite dar dosis en aumento de narcóticos cuando el dolor es severo o al menos se presume, siempre que la intención sea aliviar el sufrimiento, a sabiendas de que estas drogas pueden afectar la respiración y acelerar la muerte (24). Se argumenta que si la muerte de la persona que desea morir no es un mal que se inflige a la misma, entonces la doctrina del doble efecto no tiene relevancia para la permisividad de la eutanasia voluntaria.

8. El argumento del deber de no imponer cargas pesadas a los parientes y seres queridos. John Hardwig ha argumentado que cuando la Medicina moderna nos permite sobrevivir por mucho más tiempo del que podemos cuidarnos a nosotros mismos, existe un deber o responsabilidad de morir en consideración a los seres queridos, en quienes recae el peso económico, para no imponerles cargas pesadas (27). En una sociedad en que la disponibilidad de recursos para la práctica médica se halla muy restringida, puede no ser ético el embarcarse en tratamientos extremadamente caros para enfermos terminales. David Thomasma considera que podría llegarse a considerar ético el pedir suicidio asistido o eutanasia por amor a los parientes cercanos, considerando que en la doctrina cristiana hay instancias en que matar está justificado y a que se puede considerar que la aceptación de Cristo de la cruz, o la aceptación de la muerte de los mártires, es un acto equivalente al suicidio, ya que pudiendo evitar la muerte, la aceptaron, donando su vida por los demás(28).

En mi humilde opinión apoyo totalmente la eutanasia ya que pienso que vivir no es  sinónimo de dolor de miseria de injusticia. Así que todos tenemos el derecho de elegir morir dignamente.

Visitas: 982

Comentar

¡Necesitas ser un miembro de Anundis.com :: Discapacidad :: Red Social para añadir comentarios!

Participar en Anundis.com :: Discapacidad :: Red Social

Comentario por Tina el mayo 9, 2015 a las 1:51pm

Un tema eterno y siempre polémico, una parte interesante es el aporte legal del tema, que aun no esta nada definido. Pero el tema individual y personal de la persona que lo ha de vivir es mas complejo e imposible de intentar ponerse en su lugar, hay mucho detrás de cada persona, sus vivencias, su personalidad, etc. 

A mi me preocupa mucho si esa persona es un menor, quien decide?, un juez, su familia? en base a que?.

En una situación tan limite, sinceramente no se cual seria mi reacción...

Comentario por Juan Loaiza el mayo 8, 2015 a las 3:32pm

Totalmente de acuerdo con su aporte BEA, es cuestión de elegir.

Comentario por Bea el mayo 8, 2015 a las 8:59am

el tema de la eutanasia es muy polémico. Considero  un tema muy peliagudo para un sanitario. En España esta permitida la eutanasia pasiva, no la activa, pero esta ultima no es delito, simplemente es una falta. Como en el caso de Jose Luis San Pedro, que sus devotos no llegaron a ser condenados. Personalmente estoy a favor de la eutanasia, aunque admiro profundamente a personas como Olga Bejano, que a pesar de sufrir una pentaplejia, se agarraba a la vida con intenso gozo. Se que es un caso extremo, poco habitual, seguramente con menos muchos de nosotros desearíamos morir. Pero lo extraño, lo poco habitual, es motivo de estudio. Mi apoyo a las personas que sufren, pero aman la vida. Les admiro profundamente. Mi apoyo también a las personas que eligen morir con dignidad, supongo que tienen sobradas razones.

 

Comentario por Rebel el mayo 8, 2015 a las 2:55am

Podremos o no estar de acuerdo en la decisión que tomó Ramón Sampedro - cuya historia se llevó al cine en "Mar Adentro"- ese es otro tema en el que ahora no vamos a entrar, aunque yo lo comprendo y no sé como reaccionaría en su misma situación, pero lo importante es lo que siempre defendió, y que al final se le negó: la libertad personal de poder decidir y optar (o no) por el suicidio asistido, sin miedo a represalias legales para nadie, en mejores condiciones y sin clandestinidad alguna.
En mi opinión la libertad de una persona para decidir sobre su propia vida y su propia muerte es sagrada, por eso, con los debidos controles para evitar abusos, pienso que no debería estar penalizada. Si se opta por vivir debe ser libremente, sin que nadie nos obligue, la vida es un derecho, no una obligación, nadie te puede forzar a vivir si tu no lo deseas, esa sería la peor de las condenas. Pero cuidado también con el tema de la depresión que puede llevar a mucha gente a pensar que no hay salida ni soluciones para su situación cuando tal vez sí las haya. No es un tema simple.

Comentario por Lola. el mayo 7, 2015 a las 10:20pm
Desde hace más de 30 años, Gustavo Quintana se dedica a ayudar a morir a pacientes terminales.

El 11 de noviembre del año pasado, el doctor Gustavo Quintana llegó a la casa de uno de sus pacientes, en el sur de Bogotá, para practicar la eutanasia número 100 de su carrera. Eran las 9 de la noche. Como siempre, en su maletín no llevaba fonendoscopio ni tensiómetro, sino seis dosis de cloruro de potasio, una de las sustancias usadas en las ejecuciones con inyección letal, en Estados Unidos.

Su paciente estaba listo para irse de este mundo. Se trataba de Jhon Quintero Muñoz, un joven de 33 años al que, años atrás, le había sido diagnosticada una enfermedad terminal: esclerosis lateral amiotrófica (que degenera los músculos).

El joven lloró en la despedida de su familia, que lo cuidó durante cinco años en los que solamente movía los párpados (así se comunicaba). Luego, su mejor amigo -quien interpretaba los mensajes de Jhon- alzó la voz: "Doctor, él dice que lo haga ya, que está listo". En la bolsa de suero que lo alimentaba, Quintana inyectó el cloruro de potasio. Cinco minutos después, Jhon murió.

Así son los días de trabajo de este polémico médico que, en lugar de salvar vidas, se dedica a inducir la muerte en pacientes terminales. "Yo no juego a ser Dios, soy simplemente un instrumento, un desafortunado instrumento", cuenta Quintana.

Es médico de la Universidad Nacional, tiene 65 años, nació en Tuluá (Valle) y tuvo un consultorio particular por 30 años, pero lo cerró cuando descubrió y se dedicó a practicar la eutanasia.

Para algunos, es un sicario (así lo llamó un estudiante en una conferencia en la Nacional). Para otros, como el médico Jorge Merchán-Price, de la Universidad Javeriana, es un médico que viola el juramento hipocrático. Y para los familiares de personas como Jhon Quintero, "es un ángel que permite parar una vida angustiante de manera rápida y sin dolor".

Quintana habla despacio, con tranquilidad, como si las 102 eutanasias que ha practicado no lo atormentaran: "Yo duermo tranquilo, porque sé cuál es la misión que cumplo en la vida de muchas personas que sufren y que no tienen ninguna oportunidad de vivir", dice. Desde la sala de su casa, donde vive con su mamá y un hermano con discapacidad mental, habla este hombre, calvo, robusto, buzo profesional y amante de la medicina cuántica, los caballos y las carreras de carros. "Por lo que hago me dicen el 'doctor muerte', y no me ofende. Ojalá me llamaran el doctor de la muerte digna".

A la eutanasia llegó -cuenta- luego de sufrir un accidente automovilístico que le comprometió la médula espinal. "Yo le dije a mis colegas: 'si voy a quedar cuadripléjico, no me hagan nada, déjenme morir' ".

Aunque fue solo una contusión, este episodio lo marcó. Se dedicó a visitar enfermos terminales a los que, luego, empezó a practicarles la eutanasia, por unos dos millones y medio de pesos, en promedio.

Con una sonrisa, acepta que entre 1981 y 1997 practicó de manera ilegal 40 de ellas. "Yo sé que me había podido meter a la cárcel, pero lo invito a que pase unos días con un paciente terminal, para que me diga si no haría algo por ellos, si pudiera", expresa en su defensa este médico, padre de cuatro hijas y casado y separado en cuatro oportunidades.

Además, según Quintana, la ley lo faculta para practicar la eutanasia. De hecho, Colombia es el único país de Iberoamérica donde está despenalizada esta práctica.

Quizá por eso el escritor estadounidense Richard N. Cote, autor del libro Gentle Death, sobre la eutanasia, le dedica un extenso capítulo a Quintana, a quien considera pionero de la muerte digna en América Latina.

Paradójicamente, ahora, después de 31 años de practicar eutanasias, dice que si llegara a quedar cuadripléjico, no quisiera que le practicaran la eutanasia de inmediato: "Me mantendría dos años más vivo, para escribir un libro sobre la muerte digna, pero yo sí elegiría el día de mi muerte".

'La vida es un derecho, no es un deber'

Después de practicar 102 eutanasias, ¿qué siente?

La eutanasia no es una labor grata. Cómo quisiera dar vida, pero es inevitable: todos en uno u otro momento hemos de morir. Lo que no comparto es que esa muerte sea indigna.

¿La eutanasia es un suicidio asistido?

Así le dicen, pero debería llamarse culminación voluntaria. Cuando hay un suicidio, estás terminando con una posibilidad de vida digna; una persona que decide su eutanasia no la tiene.

¿No teme ir a prisión?

No. Mientras haga las cosas como las manda la Corte (Constitucional), no tengo riesgo legal.

¿Usted decide quién vive y quién no?

Es la voluntad del paciente, no la mía. Yo le hago la eutanasia a un enfermo que pierde su dignidad y a quien su dolor lo obliga a entender que es mejor morir que vivir mal.

¿Y cómo sabe usted si eso es lo mejor para él?

No es un tema médico, yo no me pongo a comprobar su enfermedad. El tema es humano, conmueve mi espíritu.

Pero tiene detractores...

Sí, algunos médicos que creen que yo no soy honesto al practicar la eutanasia, porque dicen que estamos para dar vida y no para quitarla.

¿Y acaso no es así?

Los médicos debemos entender que no hay que encarnizarse con la idea de mantener vivo a un paciente, la vida tiene un final. Y ojalá sea el mejor y digno.

¿Pero sí es un derecho?

La vida es un derecho, no un deber. Y yo puedo considerar cuándo dejo de ejercerlo. Eso es dignidad.

Hay un grave vacío legal
Corte despenalizó, pero el Congreso no ha regulado

La Corte Constitucional, en su sentencia C-239 de 1997, dictaminó que el homicidio eutanástico o por piedad, sin el consentimiento expreso del individuo, sigue siendo ilegal. Pero practicar la eutanasia con consentimiento no se considera un delito, siempre y cuando la practique un médico. El sujeto debe contar con la capacidad intelectual de decisión; se debe tener información fiable de que su enfermedad es terminal, y el consentimiento no puede ser producto de una depresión. La corte le pidió al Congreso, hace 15 años, que de manera inmediata regulara la eutanasia, algo que no se ha realizado (se han presentado tres proyectos que han sido archivados). La Corte también dijo que todas las eutanasias que se practiquen antes de la regulación deberán ser investigadas por la Fiscalía. Algo que, en los casos de Quintana, nunca se ha hecho.

Los países que la permiten

Sudáfrica, Alemania Federal, Australia, Austria, Bélgica, Canadá, Dinamarca, Estados Unidos, Francia, Gran Bretaña, Holanda, India, Israel, Italia, Japón, Noruega, Nueva Zelanda, Suecia, Suiza y Zimbabue.

JORGE QUINTERO
Redacción Domingo
Comentario por Juan Loaiza el mayo 7, 2015 a las 9:11pm

Hola dama ANNA muchas gracias por su comentario y por tomarse la tarea de leer y dosglosar el articulo y la opinión  y  el mensaje que allí expreso.

Comentario por Lola. el mayo 7, 2015 a las 9:06pm
De acuerdo en el tema, vivir supeditado a otras personas por tantos años con la conciencia de que no se sanará nunca, además los dolores eternos, la soledad que se padece por estar en una casa por años sin que a nadie le preocupes sólo a tu familia conllevando los problemas económicos que se acarrean además de la salud del que cuida.Son tantas cosas que agotan en una situación de mala salud que no necesariamente diría que fuera sólo en enfermedades terminales, hay otros casos que hartan de la vida que se vive a diario. Es mi opinión personal.
Comentario por CAROLINA el mayo 7, 2015 a las 7:45pm

Excelente aporte

© 2004 - 2019   Anundis.com :: Discapacidad :: Red Social   Tecnología de

Emblemas  |  Reportar un problema  |  Términos de servicio