*"Los superhéroes también van al psicólogo,también engordan y se hacen viejos"**Estereotipo de Mujer Maravilla*

Los superhéroes también van al psicólogo

¿Quién no ha fantaseado, de niño,

en convertirse o acompañar en

sus aventuras a algún superhéroe?

Y, sin embargo, a medida que se van haciendo

mayores los superhéroes no disfrutan de vidas

lo que se dice envidiables.

Esta es la tesis del libro También los superhéroes

van a terapia. Su autor,

el psicólogo Marcelo Rodríguez Ceberio,

recuerda que estos iconos repletos

de virtudes han sido “una fuente de proyecciones

de nuestros mayores deseos de notoriedad y valor”.

El problema es que tan sólo nos fijábamos

en sus actos heroicos.

En nuestra infancia, señala Ceberio,

no lográbamos ver la humanidad de estos personajes,

cuya vida estaba precedida por eventos

traumáticos severos, poblados de la muerte

de seres queridos, el abandono o la soledad.

El libro de Ceberio muestra ese

lado humano de nuestros héroes,

que también necesitan sentarse en el diván,

acosados por el estrés,

la ansiedad,

la incapacidad de dominar la ira,

las adicciones,

etc.

Supermán,

el héroe por antonomasia

–que en la vida real ya recibió un fuerte

rapapolvo con el accidente de equitación

que envió a Christopher Reeve a la silla de ruedas–

se convierte en el relato imaginario

de Ceberio en un ser acuciado por la soledad,

sediento de valoración y afecto.

“Frene aunque sea por un minuto, levante

la cabeza y verá el rostro de su hija,

que es la que más lo necesita”,

le dice la psicóloga cuando acude a su consulta.

La madurez de los otros superhéroes

es igualmente triste:

Batman sufre depresión y odio social.

El impertérrito James Bond se hace adicto a las drogas,

en especial la cocaína.

El Increíble Hulk ya os lo podéis imaginar:

tiene trastorno de polaridad:

¡No soy yo cuando me enojo!,

se justifica.

Un caso claro de una persona

que no puede controlar sus instintos

más primarios

y que se siente sobrepasado por ellos.

Esto es lo que le dice su psicólogo

imaginario cuando lo sienta en el diván:

“Doctor Banner, usted no es el único

que convive con un monstruo,

todos llevamos una bestia con nosotros.

Algunos la dejan aflorar más fácilmente

que otros; otros nunca la muestran.

Pero lo cierto es que llevamos un monstruo

o varios monstruos interiores,

producto de los momentos

escabrosos de nuestro pasado”.

Batman, Supermán y Spiderman

padecen de gran estrés.

Mientras sus vidas públicas

están repletas de éxito y reconocimiento,

su obsesión por la lucha contra la delincuencia

no les deja tiempo para la vida privada:

como consecuencia,

su vida familiar y de pareja es un desastre.

Los Cuatro Fantásticos

recurren a terapia de grupo,

la Mujer Maravilla tiene crisis de pánico

y Popeye, que también aparece en este volumen,

se mete en un triángulo amoroso enloquecedor.

“Lo que tienen en común la mayoría

de las historias de superhéroes

es la desvalorización que sufre el personaje central.

Son seres diferentes,

con historias de vida no afortunadas;

muertes y duelos dolorosos

en casos como el de Batman y Supermán”,

escribe Ceberio.

“Ninguno de ellos puede vivir en paz.

Se pasan el día socorriendo a otros,

no tienen un momento de relax.

En esta tarea salvadora dejan su vida

para vivir la de los otros.

Dejan de ser una persona,

con su cotidianeidad,

para ser el álter ego

que vive por y para la sociedad”.

Esta acción casi compulsiva

hace imposible definir quién es el álter ego de quién;

¿Es Clark Kent el álter ego de Supermán o a la inversa?

Sin duda,

el protagonismo de los superhéroes

lleva implícito que el álter ego es su ser civil.

Es la persona que resigna su ser persona para otorgarles preeminencia a los otros.

El precio, claro, es alto:

soledad, marginación, aislamiento.

“El libro no quiere destruir la magia

de estos ídolos,

sino recuperar el sentido humano;

ver cuánto les cuesta a nuestros protagonistas

sostener el rol de salvadores,

cómo deben sacrificar su universo personal”,

escribe el psicólogo.

Sobre todo se trata de vernos a nosotros mismos

en esos personajes; todos jugamos

en mayor o medida a ser superhéroes

en la sociedad de hoy, y con frecuencia

pagamos un algo precio por ello.

Tras sufrir el accidente que lo dejó paralizado,

a excepción de los dedos de la mano izquierda,

Reeve le dijo a su esposa Dana

que quizá él debería suicidarse.

Su esposa respondió así:

"Te diré esto una sola vez:

te apoyaré en cualquier cosa que quieras hacer,

porque es tu vida y tu decisión.

Pero quiero que sepas que estaré contigo

para siempre, no importa lo que pase.

Sigues siendo tú,

y te amo".

Reeve,

eso dicen, nunca más pensó en el suicidio.

Se convirtió entonces en nuestro superhéroe favorito.

De carne y hueso

de la red

Paige Salón habla para cualquier mujer que alguna vez haya hecho sentir mal por no estar a la altura de una definida por los hombres, ideal imposible de belleza, o para no estar interesado en las cosas "correctas". Así que en movimiento.

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Etiquetas: amor, cariño, envejecen, heroes, humanos, necesitan, propia, psicològo, son, super, Más...van, vida

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Comentario por marina salobreña el marzo 2, 2016 a las 1:12pm

Todos somos humanos y al mismo tiempo super héroes en nuestra propia vida.

Un abrazo Martina.

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