“Los discapacitados deben perder el miedo a viajar”

El empresario navarro promueve el turismo sin barreras

Igor Iradier (Tafalla, 1980) llega abrigado. En Navarra, en diciembre, hace mucho frío y acaba de pasar la gripe. Dice estar nervioso. Acaban de poner en marcha él y Fernando, su socio en Madrid, una novedosa iniciativa destinada a mejorar la vida de los discapacitados y asegura que aún no está acostumbrado a hablar con periodistas. Sin embargo, al final del encuentro se da cuenta de que no ha tocado casi el café porque no ha parado de hablar. “Hablo de lo que hago, y eso me lo sé bien”, se justifica.

Han tardado tres años en poner en marcha esta iniciativa emprendedora, llamada simbólicamente Norte Sin Barreras, que promueve el “derecho a viajar” de las personas con discapacidades. Pese a la solemnidad del enunciado, Igor asegura que se trata simplemente de “viajar sin preocuparse de aspectos como tener un baño adaptado o salvar una escalera, solo de disfrutar de la experiencia”. Un deseo que reivindica precisamente hoy, día de las personas con discapacidad.

Surge la duda de si la idea nació para solucionar las ganas de viajar de un allegado con discapacidad. Pero no hay un familiar en silla de ruedas en la historia de Igor, sino decenas de grupos con problemas de accesibilidad con los que se ha ido encontrando en su carrera en el sector turístico. “Me gusta fijarme en todo y percibí algunas sensaciones que tienen los viajeros con discapacidad”, cuenta Igor.

Un escalón puede arruinar una visita, por lo que la desconfianza es un sentimiento extendido en este colectivo. “Las personas con discapacidad están cansadas de que les prometan destinos accesibles y luego encontrarse problemas”, relata. Igor y su equipo se empeñan en vencer esa reticencia. Asegura que han comprobado la adecuación de todos los puntos y destinos a los que llevan grupos y sorprende con el dato de que un paraje montañoso como la sierra de Guara (Huesca) cuenta con un premio europeo por su accesibilidad.

No se olvida tampoco, mientras aparta la taza del café ya frío, de los casi 100 colaboradores con los que cuenta su iniciativa, entre guías, monitores y hosteleros, y de las facilidades que muchos han puesto para adaptarse a visitantes con discapacidad. “Generalmente, es mucho más fácil de lo que la mayoría se imagina, y la verdad es que ellos son un tipo de viajeros muy agradecidos”, recalca.

Por ejemplo, un grupo al que llevaron a una sesión de equinoterapia en la Ribera de Navarra. “Al principio nadie se quería acercar a los caballos, luego un viajero en silla de ruedas se animó y al subir no se podía creer estar montando a caballo”, recuerda emocionado.

Como habla de aquello que maneja en su día a día, Igor Iradier no lleva apuntes ni folletos para hablar de otro concepto de su proyecto, el slow travel. Viajar sin prisas se lo recomienda a cualquiera porque una experiencia aporta mucho más que una foto.

Es una realidad que las personas con discapacidad apenas tienen ayudas para viajar. Igor Iradier termina la charla, antes de ponerse de nuevo el abrigo, con una propuesta: que las empresas promuevan este tipo de turismo dentro de su responsabilidad corporativa. Y da un sorbo leve al café negro helado para evitar que al final quede intacto sobre la mesa.

INFORMACIÓN ORIGINAL EXTRAIDA DE:

http://www.lallar.org/web/?p=15632&lang=es

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