EL FANTASMA DE LA MONJA

A mediados del siglo XVI vivieron en la esquina de lo que hoy serían las calles de Argentina y Guatemala, los hermanos Ávila, que eran Gil, Alfonso y doña María, a la que por oscuros motivos se inscribió en la historia como doña María de Alvarado.

 

Pues bien, esta doña María que era bonita y de gran prestancia, se enamoró de un tal Arrutia, mestizo de humilde cuna y de incierto origen, quien viendo el profundo enamoramiento que había provocado en doña María trató de convertirla en su esposa para así ganar mujer, fortuna y linaje.

 

A tales amoríos se opusieron los hermanos Ávila, sobre todo el llamado Alonso de Ávila, quien llamando una tarde al irrespetuoso y altanero mestizo, le prohibió que anduviese en amoríos con su hermana.

 

-Nada podeís hacer si ella me ama -dijo cínicamente el tal Arrutia-, pues el corazón de vuestra hermana es mío; podéis oponeros cuanto queráis, que nada lograréis.

 

Molesto don Alonso se fue a su casa y habló con su hermano Gil a quien le contó lo sucedido. Gil pensó en matar en un duelo al bellaco que se enfrentaba a ellos, pero pensando mejor las cosas decidieron reunir un buen monto de dinero y se lo ofrecieron al mestizo para que se largara para siempre de la capital de la Nueva España, pues con los dineros ofrecidos podría instalarse en otro sitio y poner un negocio lucrativo.

 

Cuéntase que el metizo aceptó y sin decir adiós a la mujer que había llegado a amarlo tan intensamente, se fue a Veracruz y de allí a otros lugares, dejando transcurrir los meses y dos años, tiempo durante el cual, la desdichada doña María Alvarado sufría, padecía, lloraba y gemía como una sombra por la casa, según dice la historia.

 

Finalmente, viendo tanto sufrir y llorar a la querida hermana, Gil y Alonso decidieron convencer a doña María para que entrara de novicia a un convento. Escogieron al de la Concepción, el cual fue el primero en ser construído en la Capital de la Nueva España, (apenas 22 años después de consumada la Conquista). Así, tras reunir otra fuerte suma como dote, la fueron a enclaustrar diciéndole que el mestizo motivo de su amor y de sus cuitas jamás regresaría a su lado, pues sabían de buena fuente que había muerto.

 

Sin mucha voluntad doña María entró como novicia al citado convento, en donde comenzó a llevar la triste vida claustral, aunque sin dejar de llorar su pena de amor, recordando al mestizo Arrutia entre rezos, angelus y maitines. Por las noches, en la soledad tremenda de su celda se olvidaba de su amor a Dios, de su fe y de todo y sólo pensaba en aquel mestizo que la había sorbido hasta los tuétanos y sembrado de deseos su corazón.

 

Al fin, una noche, no pudiendo resistir más esa pasión que era mucho más fuerte que su fe, que opacaba del todo su religión, decidió matarse ante el silencio del amado de cuyo regreso llegó a saber, pues el mestizo había vuelto a pedir más dinero a los hermanos Ávila.

 

Cogió un cordón y lo trenzó con otro para hacerlo más fuerte, a pesar de que su cuerpo a causa de la pasión y los ayunos se había hecho frágil y pálido. Se hincó ante el crucificado a quien pidió perdón por no poder llegar a profesar y se fue a la huerta del convento y a la fuente.

 

Ató la cuerda a una de las ramas del durazno y volvió a rezar pidiendo perdón a Dios por lo que iba a hacer y al amado mestizo por abandonarlo en este mundo.

 

Se lanzó hacia abajo…. Sus pies golpearon el brocal de la fuente.

 

Y allí quedó basculando, balanceándose como un péndulo blanco, frágil, movido por el viento.

 

Al día siguiente la madre portera que fue a revisar los gruesos picaportes y herrajes de la puerta del convento, la vio colgando, muerta.

 

El cuerpo ya tieso de María de Alvarado fue bajado y sepultado ese misma tarde en el cementerio interior del convento y allí pareció terminar aquél drama amoroso.

 

Pero según consta en las actas del muy antiguo convento de la Concepción, que hoy se localizaría en la esquina de Santa María la Redonda y Belisario Domínguez, las monjas enclaustradas en tan lóbrega institución, vinieron sufriendo la presencia de una blanca y espantable figura que en su hábito de esa misma orden, veían colgada de uno de los árboles de durazno que en ese entonces existían.

 

Cada vez que alguna de las novicias o profesas tenía que salir a alguna misión nocturna para cruzar por el patio y jardines de las celdas interiores, no resistían la tentación de mirarse en las aguas de la fuente que había en el centro y entonces ocurría aquello. Tras ellas, balanceándose al soplo ligero de la brisa nocturna, veían a aquella novicia pendiente de una soga, con sus ojos salidos de las órbitas y con su lengua como un palmo fuera de los labios retorcidos y resecos; sus manos juntas y sus pies con las puntas de las chinelas apuntando hacia abajo.

 

Las monjas huían despavoridas clamando a Dios y a las superioras, y cuando llegaba ya la abadesa o la madre tornera, que era la más vieja y la más osada, ya aquella horrible visión se había esfumado.

 

Así, noche a noche y monja tras monja, el fantasma de la novicia colgando del durazno fue motivo de espanto durante muchos años y de nada valieron rezos ni misas ni duras penitencias, ni golpes de cilicio para que la visión macabra se alejara de la santa casa, llegando a decir en ese entonces en que aún no se hablaba ni se estudiaban estas cosas; que todo era una visión colectiva, un caso típico de histerismo provocado por el obligado encierro de las religiosas.

 

Más una cruel verdad se ocultaba en la fantasmal aparición de aquella monja ahorcada y ahora ya saben cuál es.

 

Y así terribles tragedias perseguían a esta familia, pues todos los hijos de doña Leonor Alvarado y de don Gil González Benavides, consiguieron un destino oscuro. Ahorcada doña María de Alvarado en la forma que antes quedó dicha, poco después sus dos hermanos Gil y Alonso, se vieron envueltos en una conspiración encabezada por don Martín Cortés, hijo del conquistador Hernán Cortés, y descubierta esta conjura fueron encarcelados los hermanos Ávila, juzgados sumariamente y sentenciados a muerte.

 

El 16 de julio de 1566 montados en cabalgaduras vergonzantes, humillados y vilipendiados, los dos hermanos Ávila, Gil y Alonso fueron conducidos al patíbulo en donde fueron degollados. Por órdenes de la Real Audiencia y en mayor castigo a la osadía de los dos Ávila, su casa fue destruida y en el solar que quedó se aró la tierra y se sembró con sal.

LA LEYENDA DE DON JUAN DE LA CALLE DE URUGUAY

El Centro Histórico de la Ciudad de México un domingo bien entrada la noche, puedes imaginar en la quietud de esas horas, cómo era la vida en los siglos pasados. Y cuando la oscuridad de las calles avanza, también resulta fácil vislumbrar cómo es que nacieron las leyendas de esa ciudad.

 

La de Don Juan de Solórzano, por ejemplo, es la típica historia de terror mexicana. Una donde una persona común y corriente encuentra un final terrible, toda vez que atraviesa una experiencia sobrenatural. Pero como en toda historia, existen detalles que contar…

 

Don Juan Manuel de Solórzano, residente acaudalado de la Nueva España, vivía en la calle de atrás del Convento de San Bernardo (hoy calle de Uruguay). Y aunque contaba con bienes y una esposa bella e inteligente, no era feliz porque no procreó descendencia. Cuenta la leyenda que tal era su desdicha que decidió divorciarse y tomar los hábitos en el Convento de San Francisco, sólo que no había quien administrara sus bienes y mandó llamar a su sobrino que vivía en España. Con él llegaron los celos de Don Juan y desesperado, vendió su alma al diablo con tal de saber si era su sobrino quien lo deshonraba u otro hombre.

 

Según las órdenes que recibió del diablo, debía salir en punto de las once a matar a quien se apareciera frente a él y quien seguramente sería el que mancillaba su honor. Así lo hizo sin titubeos, sólo que al siguiente día el diablo le informó que aquél era un hombre inocente, pero que siguiera su sangrienta empresa hasta dar con el culpable.

 

Don Juan no lo dudó y cada noche a las once salió a cumplir su cometido envuelto en una capa negra y matando a decenas de inocentes. Se cuenta que cometía los asesinatos luego de preguntar: “Perdone vuestra merced, ¿qué hora es?” Y tras la respuesta, argumentaba hundiendo el cuchillo: “Dichosa su merced que sabe a qué hora va a morir”…

 

Una mañana, la ronda tocó a su puerta llevándole el cadáver de su propio sobrino a quien él mismo había matado. Sintió tal remordimiento que confesó sus pecados a los frailes del Convento de San Francisco y la penitencia que le impusieron fue que por tres días rezara un rosario al pie de la horca en punto de las once de la noche.

 

Don Juan aún no terminaba el rosario la primera noche, cuando oyó una voz de ultratumba: “Un Padre nuestro y un Ave María por el alma de Don Juan Manuel”. El hombre salió huyendo y le contó lo sucedido a los frailes, quienes le dijeron que acabara su penitencia y, en todo caso, hiciera el signo de la cruz si escuchaba de nuevo aquello… La segunda noche Don Juan siguió su penitencia hasta que lo que vio fue un cortejo de fantasmas que conducían su propio féretro… Y sobre la tercera noche, Don Juan no encontró más que su muerte y de maneras que nadie pudo presenciar. Su cuerpo, sin embargo, fue visto por todos, pues fue hallado colgando de la horca de la ciudad

 

Cuenta la leyenda que a finales del siglo XVI en la casa número 3, de la calle de la Puerta Falsa de Santo Domingo, hoy 100 de Perú en el centro de la Ciudad de México, vivía un sacerdote con su ama de llaves quien le ayudaba a los quehaceres diarios de la casa. En la parte de abajo tenía su taller un herrero, buen amigo del sacerdote que en repetidas ocasiones le había recomendado despedir a esa mujer que le daba mucha desconfianza… pero a palabras necias, oídos sordos.

 

Una noche ya muy tarde, tocaron a la puerta del herrero, éste molesto y desconfiado abrió la puerta para encontrarse con dos hombres de color muy grandes y malencarados solicitándole que por favor herrara a la mula que llevaban como favor especial para su amigo el sacerdote quien debía emprender un viaje por la mañana muy temprano.

 

El herrero accedió, no podía defraudar a su amigo el sacerdote, sin embargo le seguía pareciendo extraño por la hora y por esos hombres que no conocía. Así pues se acercó a la mula y la herró… una herradura en cada pata. Una vez terminado, observó como los dos hombres se llevaban a la mula, mientras la castigaban con un fuete.

 

Al otro día muy de mañana, el herrero subió a buscar al sacerdote para preguntarle sobre lo ocurrido la noche anterior, insistió hasta que por fin su amigo abrió la puerta somnoliento, lo que sorprendió al herrero.

 

-Lúcidos estamos -le dijo-; despertarme tan de madrugada para herrar una mula, y todavía tiene vuestra merced tirantes las piernas debajo de las sábanas ¿qué sucede con el viaje?

 

-Ni he mandado herrar mi mula, ni pienso hacer viaje alguno -replicó el aludido.

 

Al escuchar la respuesta del sacerdote, el herrero le pidió buscar al ama de llaves para preguntarle si ella sabía algo, llegaron a la puerta, tocaron varias veces sin obtener respuesta, hasta que de un golpe abrieron para encontrarse aterrados con la mujer tendida en la cama, con las herraduras en pies y manos. Aterrados concluyeron que la mujer había cometido un gran pecado que había pagado con su propia vida; y que aquellos hombres eran los demonios que la perseguían....Fin

El Calendario Azteca..

Piedra del Sol o Calendario azteca, probablemente es el monolito más antiguo que se conserva de la cultura prehispánica, cuya fecha de construcción fue alrededor del año 1479. Los motivos escultóricos que cubren su superficie parecen ser un resumen de la compleja cosmogonía azteca.

Se trata de una roca de basalto olivino, de unas 25 toneladas y 3,58 metros de diámetro, tallada, según algunos arqueólogos, a finales del siglo XV. Fue hallada en el zócalo de la ciudad de México el 17 de diciembre de 1790, con motivo de las obras que se llevaron a cabo para el nuevo empedrado de dicha plaza. En principio fue colocada en una de las torres de la catedral; más tarde, en 1885, pasó al Museo Nacional en el centro de la ciudad y finalmente, en 1964, al recién inaugurado Museo Nacional de Antropología, en cuya sala Mexica se encuentra en la actualidad. Los numerosos motivos allí esculpidos parecen relacionarse con la astronomía, la cronología y la cosmogonía de los antiguos mexicanos. La piedra presenta una decoración en círculos concéntricos que de interior a exterior parece representar: en el centro el rostro de Tonatiuh (dios del Sol) con adornos de jade y cuchillo de sacrificio en la boca; enmarcando el rostro del Sol está la presencia del símbolo ollín (movimiento), en donde cada aspa tiene cuadretes con representación de los cuatro soles o edades anteriores, que en conjunto con las garras, el rostro central y los rayos conforman el símbolo del quinto Sol, el Sol del hombre nahua (Nahui-Ollín) nacido en Teotihuacán. A continuación se encuentra el círculo de los veinte días, que se corresponde con la representación de un mes (el calendario náhuatl constaba de 18 meses, de 20 días cada uno, lo que suma un total de 360 días más 5 días nemontemi o aciagos), el círculo comienza por la parte superior y de manera inversa a las manecillas del reloj se representan 20 glifos, que simbolizan a cada uno de los días. Junto a éste se encuentra el círculo con los cuatro rumbos del Universo y los rayos solares. Delimitando toda la representación del disco solar están dos serpientes de fuego, cuyas colas se encuentran en la parte superior, lugar donde está representado el glifo 13, que para algunos se relaciona tanto con el año del surgimiento del quinto Sol, como con la fecha de la construcción del monolito (véase Mitología azteca).

Alrededor del año 1.400 después de Cristo, los aztecas adoptaron la forma de escribir de los mixtecos, menos el símbolo del año y los nombres de personas en el calendario.

A este respecto es interesante lo que dejó registrado uno de los frailes españoles que fueron a México con los conquistadores.

"Uno de los de nuestra Compañía de Jesús, hombre muy plático y diestro, juntó en la provincia de Méjico a los ancianos de Tuscuco y de Tula y de Méjico, y confirió mucho con ellos, y le mostraron sus librerías y sus historias y calendarios; cosa mucho de ver. Porque tenían sus figuras y jeroglíficas con que pintaban las cosas de esta forma, que las cosas que tenían figuras las ponían con sus propias imágenes, y para las cosas que no había imagen propia tenían otros caracteres significativos de aquello y de este modo figuraban cuanto querían y para memoria del tiempo en que acaecía cada cosa tenían aquellas ruedas pintadas, que cada una de ellas tenía un siglo, que eran cincuenta y dos años."

"Y DE QUE VIMOS COSAS TAN ADMIRABLES NO SABÍAMOS QUE DECIR,

O SI ERA VERDAD LO QUE POR DELANTE PARECÍA,

QUE POR UNA PARTE EN TIERRA HABÍA GRANDES CIUDADES,

Y EN LA LAGUNA OTRAS MUCHAS, Y VEÍAMOSLO TODO LLENO DE CANOAS

Y EN LA CALZADA MUCHOS PUENTES DE TRECHO EN TRECHO,

Y POR DELANTE ESTABA LA GRAN CIUDAD DE MÉXICO."

BERNAL DÍAZ DEL CASTILLO

somos dos extraños que nos conocemos muy bien..

somos tan parecidos y a la vez tan diferentes...!

Si llegan a visitar el D,F no se les olvide tomar el Turibus el hace todos los recorridos en el centro y zócalo hay visitas guiadas,en la noche en la catedral del zócalo están esas visitas dónde te explican en forma teatral cada parte he historia estoy segura que te encantara,como a mi..

La ciudad de méxico cómo en lo extenso de la república méxicana se esconden muchas leyendas sobre la época de la colonial

http://museosanildefonso.blogspot.com/

En Todo méxico siempre hay esa mágia,misterio .....

los invito a entrar a está página para que se den una idea de esas visitas

Es cómo entrar a otras dimensiones con sus colores,aromas,su comida,el trato de la gente esa sonrisa siempre con que se recibe a quienes vienen a nuestras ciudades...cuando visites México te llevaras un "cachito" de Él ...a los méxicanos nos caracterizan por ser buenos anfitriones son bienvenidos con los brazos abiertos y una sonrisa..Espero les gusten las Leyendas de México....Gracias por asomarte a leer mi blog,todos tus comentarios son bienvenidos

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Etiquetas: Leyendas, casas, centro, ciudad, cuentos, de, historias, historico, miedo, mèxico, Más...pueblos, terror, turibus

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