¿Por qué les pica a las mujeres que sus parejas la pasen bien mientras no están con ellas?

A las mujeres les gusta tener tiempo para ellas mismas, sus familias, sus amigas. Les gusta ir de compras, ir a que les hagan masajes, ir a la peluquería, a que les hagan las uñas, ponerse cremas, hacer visita, tomarse un café con las amigas, prestarse ropa, en fin, “pavadas de chicas” como dice una amiga. A las mujeres les gusta lo que les gusta y se divierten tremendamente haciéndolo. Está muy bien eso, tomen tiempo para ustedes, úsenlo en divertirse, pasen lo más contentas que puedan. Es más, hacer uso del tiempo en lo que las divierte es algo que cualquier persona aprobaría. Hasta mejor, pues si la pasan bien en su tiempo libre hay menos oportunidades para un silencio de esos, que lo deja a uno frío.

¿Pero qué les pasa cuando del tiempo de sus parejas se trata? ¿Qué les pasa con los planes de esos que les gustan a los hombres, verse con los amigos, irse de juerga, jugar póker, jugar golf? ¿Qué les pasa? Dirán que es que cuando los hombres tienen tiempo para ellos mismos lo usan en buscarse otras mujeres. Mentiras, lo que de verdad les pasa es que las mujeres odian que los hombres la pasen bien, mientras no están con ellas. En serio, es tanto lo que las mujeres odian que sus parejas la pasen bien en su ausencia, pero sobretodo que por ahí alguna amiga se los encuentre pasando bien, que hacen todo lo que esté a su alcance para que eso no sea así.

Primero, se hacen pedir permiso, como si tocara y ese permiso lo van a tratar de negar a toda costa; las razones: porque “quería que me recogieras en la casa de mi mamá”, porque “quiero estrenar el baby-doll que me regalaste” (hace tres aniversarios); que “¿por qué no mejor vamos a comer algo por ahí tu y yo?”, que “¿por qué sí siempre sacas tiempo para los amigos y nunca para nosotros?” (esto sin importar si se la pasan juntos todo el tiempo). Segundo, si ya ven que no hay nada que hacer, se van con un: “vale” o un “pásala rico”, lo que ya es suficientemente críptico, como para pensar si sí se van a quedar tranquilas o al menos lo suficientemente tranquilas, como para que lo dejen tranquilo a uno. Tercero, ya el hombre con sus amigos, se ponen a llamar cada quince minutos y cualquier excusa es buena; que “donde estás a ver si pasas a recoger algo en la casa de mi mamá”, que “no se te olvide que el pago de la matrícula de los niños se vence la próxima semana”, que se le había olvidado contar “que llamó el carpintero, que los muebles no están listos”. Si eso no funciona, que “cuánto más se demoran”, que “si vas a llegar borracho no se te ocurra despertarme”, en fin. Por último y de este no se salva nadie: el interrogatorio. Y el interrogatorio no tiene otro propósito que averiguar quién los vio a ellos pasándola bien sin ustedes: “¿quiénes fueron?”, “¿qué hicieron?” a “¿quién se encontraron?”.

Son conclusiones de un hombre.
Que les pasa? ...feb. 4. 2015.

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