Las Buenas Noticias no son Noticia (por Luis Rojas Marcos, psiquiatra)

"Aunque son muchas las medidas efectivas a la hora de hacer frente a la agresión maligna de nuestro tiempo, no debemos olvidar que los más poderosos y universales antídotos de la violencia son las tendencias altruistas naturales de los seres humanos. La revulsión contra la violencia es uno de los distintivos de la humanidad. A través de la Historia y en todas partes del mundo, se encuentran millones de hombres y mujeres ordinarios que considerarían emocionalmente imposible maltratar o torturar a propósito a un semejante y, mucho menos, quitarle la vida..

Es un hecho que una proporción de la población está formada por sádicos y asesinos, pero no es menos evidente que la mayoría de las personas son pacíficas y bondadosas. Y entre los niños que han estado expuestos a los conocidos factores psicológicos y sociales promotores de la agresión maligna solo una minoría desarrolla un carácter violento. La razón es que la bondad, la compasión, la generosidad y la empatía brotan en el ser humano con una extraordinaria facilidad y con un mínimo de estímulo. La prueba fehaciente de que la gran mayoría de hombres y mujeres somos benevolentes es que perduramos. Si fuéramos por naturaleza crueles y egoístas la humanidad no hubiera podido sobrevivir. Como tantos antropólogos y sociólogos han argumentado, ninguna sociedad puede existir sin que sus miembros convivan continuamente en armonía y sacrificándose los unos por los otros.

El término altruismo fue acuñado por el sociólogo August Comte en 1851 para describir esa capacidad natural del ser humano de sacrificarse por otros desinteresadamente o incluso a costa del bien propio. En la actualidad existe amplia evidencia de que las conductas altruistas no son ni paradojas ni misterios, sino acciones congruentes con las fuerzas de la adaptación, la supervivencia y la evolución natural de la especie humana. Desde el punto de vista darwiniano, hoy sabemos que avanzamos nuestro proyecto evolutivo, incluyendo las probabilidades de que nuestros genes estén representados en el futuro, siendo generosos, ayudando y sacrificándonos no sólo por nuestros descendientes biológicos sino también por personas fuera de nuestro clan familiar, y formando parte de grupos sociales que se sustentan en la reciprocidad, la cooperación y el sentido de solidaridad.
Los estudios científicos sobre la compasión demuestran que los niños de dos años ya se turban o reaccionan con tristeza ante el sufrimiento de seres cercanos a ellos e incluso hacen intentos primitivos para aliviarles. El genial psicólogo Jean Piaget, que investigó el desarrollo infantil analizando minuciosamente las complejas relaciones entre la mente del pequeño y su entorno, observó que aproximadamente a los seis años de edad los pequeños ya pueden concebir las cosas desde el punto de vista de otra persona y son conscientes de las circunstancias ajenas.

A pesar de que hoy día existe abundante evidencia de que la compasión y la generosidad son rasgos humanos muy básicos, durante siglos ha prevalecido la convicción de que las personas son crueles y "no tienen corazón". Esta contradicción explica que a menudo nos sorprendan o incluso nos lleguen a maravillar ciertos gestos de altruismo, especialmente si el benefactor es un extraño. Estos actos generosos nos causan una mezcla de admiración y desasosiego. Nos chocan porque intuimos que van contra el principio natural del egoísmo o del instinto de autoconservación y, al explicarlos, no podemos evitar buscar en ellos motivos secretos, razones oscuras o neurosis extrañas. En efecto, cuanto más generoso es el acto, más antinatural nos parece y más digno de sospecha.
La perplejidad que nos produce el altruismo brota de la noción dura y negativa de la naturaleza humana que ha dominado la cultura de Occidente, por lo menos desde la época de los griegos. Aunque la evidencia histórica y el día a día demuestran que la humanidad es esencialmente bondadosa, son muchos los pensadores que se han hecho eco del axioma desconsolador de Plauto —"el hombre es un lobo para el hombre"—, o de la creencia funesta de que el ser humano es una bestia egoísta y es más cruel hacia su propia especie que ningún otro animal. Hoy esta visión misantrópica tiene muchos seguidores. De hecho, es la prevalente y se considera hasta más inteligente y realista. La idea positiva de la naturaleza humana, por el contrario, es tenida por ignorante o simplista, una actitud ingenua de fácil optimismo hacia la existencia que inmortalizó Voltaire en la figura del patético doctor Pangloss en la historia de Cándido.

En mi opinión, ese concepto supuestamente realista de la humanidad no solo ignora los requisitos de la supervivencia, sino que además se cimenta en una información claramente prejuicista basada en datos sesgados. Tendemos a juzgar la cantidad total de benevolencia humana como insignificante en comparación con el monto de maldad, porque tanto los anales de la historia como los medios de comunicación toman nota principalmente de los sucesos viles o desdeñables y rara vez consideran la bondad digna de mención. Como dicen en las escuelas de periodismo norteamericanas, good news is no news —«las buenas noticias no son noticia»—. Además, la mayoría damos por hecho, como la fuerza de la gravedad o el aire que respiramos, que las personas a nuestro alrededor sean decentes, serviciales y piadosas. Sin embargo, nos fascinamos ante las atrocidades, precisamente porque no forman parte de lo que esperamos de nuestros compañeros de vida. (...)

Sospecho que la vida continuará siendo difícil, la intolerancia abundante y la violencia implacable. Con todo, el balance total de los dramas humanos será positivo. En el futuro que se desdobla ante nosotros se vislumbran más y más hombres y mujeres que persiguen la convivencia y la felicidad, mientras construyen sus vidas juntos como seres libres, iguales, seguros de sí mismos, racionales, generosos y convencidos del poder de la bondad. Porque la fuerza vital que hoy nos impulsa, en el fondo, es la misma que en 1945 reconoció en los seres humanos Ana Frank, la niña judía de quince años que poco antes de ser descubierta por los nazis en el ático que usaba de escondite en Amsterdam y en vísperas de morir en el campo de concentración de Bergen-Belsen, plasmó en su raído diario de tapas a cuadros: "A pesar de todo, creo que la gente es realmente buena en su corazón."

- Luis Rojas Marcos -
Las Semillas de la Violencia

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Comentario por Rebel el marzo 1, 2019 a las 10:00am

Sí, como profesional Luis Rojas Marcos se ha dedicado durante muchos años a tratar estos temas y los conoce muy a fondo. Para hacer frente a cualquier problema todo empieza por conocer sus causas y es lo que trata de hacer entre otras cosas en este libro sobre la violencia, al final y a pesar de todo deja ese mensaje positivo - a contracorriente de lo que a veces se cree - sobre el ser humano. Saludos amiga ;)

Comentario por Lourdes el febrero 27, 2019 a las 11:25pm

Saludos amigo,,,sin duda esta obra, demuestra dos cosas. La primera, que el tema de la violencia interesa. La segunda que, junto al indudable prestigio profesional del autor, el apoyo de los medios de comunicación. Luis Rojas Marcos trabajo en el campo de la salud y esa experiencia, según él mismo declara, no le ha hecho caer ni en la indiferencia ni en el cinismo. Y quizá sea su mensaje de esperanza el que más certeramente conecte con el lector.El autor presta una especial atención a la familia, tanto en lo que respecta a la violencia doméstica como por su indudable protagonismo en las estrategias de prevención que Rojas Marcos dibuja en un tono bastante genérico. También es destacable el análisis dedicado a la "fascinación por las atrocidades" en los medios de comunicación

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