LA PLAYA

Apagué las luces, bajé del auto y comencé a caminar con cuidado por la arena. Cuesta andar por la arena suelta, pero es un precio ínfimo a pagar por esa maravilla de momento que uno puede disfrutar embriagándose, de noche, de mar, de estrellas.
Ahora me detengo. Frente a mí: El mar, inmenso, majestuoso, cautivante; a mis lados, la playa se extiende casi sin fin en la oscuridad; detrás, las luces, autos, edificios... allí continúa la locura de mis semejantes: Se aturden, se pelean, lloran, ríen, se casan, se divorcian, se agrupan según ideales, pasiones, características físicas, gustos, etc.

Qué contraste! Tanta paz hay aquí, “Frente al mar, frente a Dios...”, dice el tango.
Detrás de mí están Boca-River, Ford-Chevrolet, conchetos-villeros, gordos y flacos, rubias y morochas, lacios y rulos, trabajadores y vagos... todo se mezcla con ruido, humo, perfumes, palabras...palabras amables, palabras que hieren.
Una cosa parecen tener en común todos: Quieren ser aceptados y queridos por el resto.
Algunos lo consiguen sin mayor esfuerzo, otros tratan de copiar a algún famoso, y otros se comportan como si lo que desearan fuera exactamente lo contrario. Vaya que son complejos!

Camino por la orilla del mar, viene la ola y me lame la zapatilla, es muy agradable caminar por aquí, la arena es firme, el suelo es parejo, nadie te apura, nadie te mira extrañado porque caminás con dificultad, ni se cuchichean entre ellos. Esto no debe importar, pero a veces uno no está de ánimo para enfrentar la presión.

Miro hacia arriba: Dios, allí estás tú... qué lejos andamos de tus consejos...y después preguntamos ¿por qué?.

Vuelvo sobre mis pasos, a lo lejos se divisan las luces del puerto, y mar adentro también veo unas luces. Son los barcos que están a la espera para entrar a puerto.
Esta noche no fui a la reunión de jóvenes de la iglesia, quería estar cerca de Dios y me vine aquí. Es bueno parar la pelota, hace bien al alma.
Aspiro profundo como para llevarme algo conmigo, le vuelvo la espalda al mar y comienzo a subir.
Pongo en marcha el auto, y emprendo el regreso.
Avenida, semáforo rojo, empujo el casette de Status Quo, luz verde...cómo empuja la Torino... ¡Estoy de vuelta!


Héctor Haag

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Comentario por Héctor el enero 23, 2010 a las 1:49am
Gracias Rosa, a veces releo lo que escribi hace tiempo y me encuentro yo mismo dentro de lo que critico, pero a Dios gracias, vuelvo a revalorar las simples y pequeñas cosas.

cariños.

Héctor
Comentario por Rosa Elisa Palacio el enero 23, 2010 a las 12:13am
Sabes,siempre pensé q aquel q escribe asi posee un millon de buenos sentimientos.
Continuemos,Hector,la gente necesita a Dios.
Paso a paso encontraremos quien tenga su tiempo para mirar el mar o un arroyo.
cariños.

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