La personalidad tiene varias caras y la esencia una sola.

Si vivo desde la primera, seré una persona variable, identificada con partes de mí que a veces me traicionan y desbalancean.

  • “¿Por qué hice eso?”
  • “No entiendo qué pasó, yo no soy así.”
  • “A veces ni siquiera me reconozco...”

Puedo aprender a trascender esa pequeñez y conectar con mi esencia , desde la cual soy de una sola pieza Para comprender la importancia de conectarme, primero debo comprender quién soy y luego elegir si quiero seguir a merced de mi personalidad o darle espacio a mi esencia.

Quién soy yo en verdad?

¿Seré en verdad quien creo que soy?

Mi verdadero ser se centra en mi esencia, más allá de todas las circunstancias que me puedan describir.

Si me defino en función de lo que tengo y lo que hago una profesión, logros u otras categorías sociales o físicas me quedo cort@.

  • “Yo soy una profesional y además muy guapa.”
  • “Yo soy un político reconocido.”
  • “Yo soy un empresario muy exitoso.

El bello cuerpo, el reconocimiento social y el mayor o menor éxito son sólo circunstancias que pueden variar y definen sólo una parte superficial de mi ser.

No cabe duda de que soy una persona con cuerpo, con emociones y con mente, pero hay más.

  1. I. Gurdjieff explicó hace más de medio siglo que la parte terrenal del ser está constituida por el cuerpo físico, el cuerpo emocional y el cuerpo mental.

Tanto él como otras escuelas especialmente de oriente y en general todas las grandes religiones establecen una parte no terrenal del ser que se llama de diferentes maneras.

Sin entrar en detalles, lo importante del caso es que soy un ser con:

  • una parte terrenal – cuerpo, mente y emociones – que llamo mi personalidad
  • otra parte no terrenal – alma – que llamo esencia

¿Qué es la esencia?

En la raíz de la existencia, en la pura base, yo soy energía pura. Un flujo específico de energía aparentemente individualizada.

Soy una extensión de Dios, de la fuente creadora; un brazo, una mano, un instrumento del universo.

Soy energía pura con una intención.

Cuando siento la esencia de quien soy en verdad, me fortalezco y me libero de las debilidades de mi pequeñez.

En mi esencia soy un ser completo, valioso, libre, inspirado, alegre y lleno de amor.

La identificación

 

La identificación con uno de mis “yoes” sucede cuando le permito asumir el control de mi ser.

Sigo identificado cuando lo justifico y defiendo aún en contra de mi integridad.

  • “¿Me vas a decir que no tengo la razón de enojarme?”
  • “Si quito el miedo voy a andar desprevenida.”
  • “¿Cómo no voy a estar triste?”

Justifico el sentirme mal, busco razones para darme la razón y me quedo pegado a la emoción destructiva.

Soy el mayor defensor justamente de eso que me causa daño.

O sea, el enemigo en casa.

Yo debiera defender mi alegría, mi libertad y mi integridad a toda costa, pero a veces hago lo contrario.

Muchas veces estoy a merced de esos “yoes”.

¿Quién manda aquí?

Cada “yo” asume el mando de mi ser en respuesta a diferentes circunstancias.

Cuando me enojo, esa máscara me nubla la conciencia y mi cuerpo entero responde a ese enojo. Mi mirada es terrorífica, me tiemblan las manos y las palabras que salen son hirientes.

Cuando la máscara del miedo se me pega, se me crispa la piel, se me quiere salir el corazón y lo que digo es cualquier cosa que calme a eso que temo.

Es obvio que no me estoy respetando a mí misma al ser así y decir esas cosas.

Desde mi personalidad, el yo más fuerte entra en posesión de mí, en función de lo que sucede afuera. Controla toda mi personalidad: mi mente, mis emociones y mi cuerpo.

Cada vez que permito que mi ser sea “poseído” por uno de esos “yoes”, me disminuyo, me empequeñezco y me desintegro un poco más.

Porque lo que me fortalece, me engrandece y me integra es cuando estoy con pensamientos y emociones constructivos, totalmente conectados a mi esencia, a lo mejor de mí.

Estoy integrada cuando dirijo mi energía de manera constructiva. En ese momento soy de una sola pieza.

Me desintegro…

  • cuando por un lado pienso una cosa y digo otra
  • cuando quiero hacer algo y termino haciendo lo contrario
  • cuando quiero sentirme bien y cualquier tontera me saca de centro

La Clave

Cuando me identifico me desintegro.

Cuando permito que alguno de los “yoes” de mi personalidad tome el control es cuando empieza el reguero.

Empiezan a forcejear las diferentes tendencias de mis “yoes” y gana el que grita más fuerte, el que llora más fuerte o el que tiene más miedo.

Y aquello parece una casa de locos.

Si me preguntaran que quién es el jefe, todos esos “yoes” dirían “yo” al mismo tiempo.

Eso no es lo que quiero para mí.

Quisiera poder decir que el jefe es la parte mía que es sabia, alegre, fuerte y amorosa. Pero esa parte está pacientemente esperando a que yo me des-identifique. Logro la des-identificación cuando me observo y elijo que antes que permitirle a ese “yo” controlarme, prefiero ser y actuar desde mi esencia.

Es fácil des-identificarme cuando comprendo que al hacerlo me libero.

Me libero de esos “yoes” que no me construyen sino que me llevan en direcciones destructivas.

 

Ronald Esquivel
Instructor de Balance Integral

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