*La Maldición de la Copa sin Vino..cuarenta años en cama por una gripa...El estafador que vendió 2veces la Torre Eiffel*

LA MALDICIÓN DE LA COPA SIN VINO....

Había un par de copas, que a precisas

horas del día eran

“iluminadas”

por los rayos del sol

de manera diferente y única. Ellas,

“las especiales”

eran capaz de recibir luz blanca

y transformarla en un arco iris brillante

que se reflejaba en el espejo, felices,

disfrutando el baño de luz,

disfrutaban cada momento

mientras esperaban pacientes

su turno para salir de la vitrina.

La mayoría de las copas se limitaban

a dejar pasar la luz sin interactuar

con ella ni modificarla.

No tenían tiempo para ello ya que estaban

impacientes esperando el momento

para salir de la vitrina y ser de utilidad.

Ellas creían que en ese momento

se sentirían realizadas.

Y yo me pregunto

¿Para qué esperar?.

Así pasaban días y semanas

hasta que llegaba

“el gran día”. Las copas se desplazaban

hasta la mesa temblando en la charola por

los nervios de la ocasión desesperadas

aguardando por el momento de sentirse

llenas de

“vida”.

Todo estaba listo, sólo había que esperar.

¿Cuánto tiempo más? se preguntaban…

y así transcurrían un par de horas más.

Ha llegado la hora, la cena está servida,

y las botellas de vino

“Espíritu”,

“Regocijo”

y “Alegría”

han sido descorchadas.

La primera copa se llenó de “Regocijo”,

la segunda prefirió “Alegría”

otras tuvieron contacto con “Espíritu”.

A la sexta copa,

“yo no tomo, gracias” para mí sólo agua.

La copa no lo podía creer,

todo este tiempo de espera para recibir

“sólo agua”,

inaudito le había caído

“la maldición de la copa sin vino”.

Las otras copas, “alegres”,

la volteaban a ver agradeciendo no haber

estado en su lugar. Ah que copa,

no se ha dado cuenta que no hay

nada más puro que el “agua”.

Como era tradición, las copas que no fueron

“invitadas” a la fiesta, esperaban ansiosas

escuchar las diferentes experiencias

vividas por sus compañeras en su corto

tiempo afuera de la vitrina.

Terminó la fiesta, las copas una a una

fueron limpiadas y colocadas nuevamente

en su hogar. La mayoría de las copas

no recordaban todos los detalles,

su realidad estaba distorsionada por

los efectos del alcohol.

Era sólo “la copa maldita”

la que podía contar, con lujo de detalles,

los acontecimientos de la gran fiesta.

Su “maldición”

fue lo mejor que pudo

haberle pasado, se ha convertido en una

copa de “las especiales”

que irradian arco-iris

hacia el exterior.

A partir de ese momento todas las copas,

antes de salir de fiesta, desean recibir

“la maldición de la copa sin vino”.

CUARENTA AÑOS CON GRIPE,EN CAMA...

En su periodo de practicas un medico visito a una anciana de 74 años,

que había estado postrada en cama durante los últimos cuarenta.

No pudo encontrar ninguna enfermedad en ella.

Descubrió que uno de los médicos que le habían precedido

había ordenado a la mujer que permaneciera en cama,

porque padecía gripe.

Le había dicho que no se levantase hasta que él volviera a visitarla.

Pero el médico se olvidó de volver.

Después de unos días, la mujer —soltera, de 34 años—

se había recuperado, pero permaneció en su cama

esperando la visita del doctor.

Transcurrieron varias semanas y el médico no volvía.

Para ese entonces, la paciente había descubierto

que disfrutaba siendo atendida

a cuerpo de rey y rehusó levantarse.

Al principio, fue cuidada por su madre.

Cuando ésta murió, la reemplazó su cuñado.

Finalmente, el nuevo médico del área hizo

una visita de rutina a la casa de la paciente

—en Taunton, Devon— y examinó a la mujer,

que tenía entonces 74 años y aún guardaba cama,

empecinada-mente.

El nuevo médico remitió el caso a un especialista en geriatría.

El geriatra, doctor Peter Rowe, dijo:

«En la época en que la vi,

ella no hubiera podido levantarse silo hubiera querido.

Estaba bastante rolliza,

y muy lejos de desear abandonar el lecho».

El doctor Rowe informó del caso a las revistas

médicas británicas en 1978, pero a causa de la ética profesional

el nombre de la mujer nunca fue revelado.

Rowe relató que se necesitaron siete meses de

terapia de apoyo para persuadir a la anciana

de que abandonara la cama, y cómo al fin, por suerte

, se puso de pie nuevamente. Vivió tres años

«plenamente ,activos» antes de su muerte, a los 77 años.

Un estafador vendió dos veces,La Torre Eiffel..!

Si realmente nace un tonto cada minuto, por cada tonto parece existir un timador listo para hacerlo un poco más prudente. Pos de los más extraordinarios estafadores de todos los tiempos han sido el conde Victor Lusting, un austriaco empleado en el ministerio de trabajo francés, y Daniel Collins, un ladrón americano de poca monta. Juntos se las arreglaron para vender la Torre EiffelY no una vez, sino dos.

El conde emprendió la operación reservando una suite en un hotel de París, durante la primavera de 1925. Invitó a cinco hombres de negocios para que se reunieran con él allí. Cuando los invitados llegaron, el conde les hizo prometer que mantendrían el secreto sobre lo que hablasen.

Luego, les dijo que la Torre Eiffel estaba en serio peligro y que debía ser derribada. Les pidió que hiciesen ofertas por la chatarra contenida en el famoso monumento. El conde justificó la reunión en un hotel y la necesidad de mantener el secreto, aduciendo que su ministro quería evitar toda clase de protestas públicas por la demolición de tan querido un compromiso bancario, durante una última reunión en la que el conde le presentó a su «secretario», Collins. Luego, los estafadores asestaron su golpe maestro. Le pidieron a Poison dinero para pagar sobornos que facilitarían los trámites por los canales oficiales.

El embaucado comerciante aceptó gustoso, y entregó el soborno en efectivo. Si en algún momento hubiese tenido alguna sospecha, ahora se sentía completamente tranquilo. Porque el pedido de un soborno le probaba fehacientemente que los dos hombres pertenecían al ministerio. En el término de 24 horas, Lusting y Collins estaban fuera del país. Permanecieron en el exterior el tiempo suficiente para advertir que la denuncia, que ellos esperaban fuera presentada por el hombre al que habían defraudado, no se producía.

Poisson estaba tan avergonzado por el engaño del que le habían hecho víctima, que nunca informó de la estafa a la policía. El conde y su socio regresaron a París y repitieron el timo. Vendieron la Torre Eiffel otra vez, ahora a otro crédulo comerciante de chatarra. Poro en esta oportunidad el hombre recurrió a la policía y los estafadores huyeron. Nunca fueron atrapados por la justicia, y jamás revelaron con cuánto dinero se habían alzado.

La hazaña de Lusting bien puede haber estado inspirada por un escocés, Arthur Furguson. En el año 1923, y en el término de dos meses, el escocés vendió tres monumentos londinenses a diversos turistas americanos. El Palacio de Buckingham fue vendido por 2.000 libras —monto del depósito—; el Big Ben, por 1.000 libras, y la columna de Nelson por 6.000 libras. En 1925, Purguson emigró a Estados Unidos. En Washington encontró a un ganadero tejano que estaba admirando la Casa Blanca. Pretendiendo ser un agente del gobierno, Furguson tejió una historia inverosímil..

somos dos extraños que nos conocemos muy bien..

somos tan parecidos y a la vez tan diferentes..!

Qué complicada es la vida..

cuántas cosas guarde sin darme cuenta,

....!será mejor

llevarla en una mochila para que pese menos¡

en el camino seguire tirando poco a poco,

lo que ya no sirva dentro de ella....!!!(m,a)

pido disculpas si a los demás blogs no les he

contestado,lenta pero segura,un abrazo con cariño

Gracias por asomarte a leer mi blog,todos tus

comentarios son bienvenidos..

re-blo-nov-10-2010

 

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