A veces, el arte de la vida pasa por aprender a estar "mal" antes de llegar a estar "bien".

Me refiero al hecho de que toda cadena es ta fuerte como el más débil de sus eslabones, por lo que la cuestión pasa por ver qué hacemos,y cómo,cuando atravesamos un momento de debilidad y desierto en la "cadena"de nuestra vida.

Por eso, hoy quiero rendir tributo a la "llamita piloto" de nuestra vida.

Esa que no se apagó y,por eso, habilitó que, pasado el chubasco, pudiéramos

reencender el fueguito de la vida como para que vuelva a calentar y a ofrecer

CALIDEZ y LUZ.

Todo el mundo rinde loas al éxito, a la felicidad, al coraje épico y a la iluminación

espiritual, entre tantas otras cosas...

Eso está bien y me encanta.Pero en lo que a mí propia vida respecta,y en cuanto a lo que vi en tantos otros con quienes comparí su momento de desierto o de "noche oscura",lo que salva es la "llamita piloto".

Tragedias de amor,crisis existenciales esas que doblan en dos...Todos saben a qué me refiero.Algo de esto llega,tarde o temprano,y la llama parace apagarse, pero no...

No se apaga.

Todo gracias a la llamita piloto.

Esa llamita es humilde,casi invisible, parece desvalida y escuálida, pero está allí,

como lucecita de esperanza...

Respirar es algo que nutre esa llama. Seguir respirando y con el corazón latiendo.

Por eso,aunque no la veamos, nos dice,sin decirlo,que todo pasa,que todo late,

aunque pareciera que no,y que no es poco perdurar con humildad mientras se

atraviesa el desierto, rumbo a tiempos mejores.

 

Miguel Espeche.

pscicologo

 

revista sophia

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Etiquetas: La, llamita, piloto.

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