La Humanidad, ¿Tragedia irremediable o la posibilidad de un futuro mejor?

¿Es realmente el ser humano una bestia cruel y despiadada, destinada necesariamente y en poco tiempo a la extinción, somos un virus letal de la biosfera que lo devora todo y que finalmente acabará con cualquier rastro de vida humana y no humana en el planeta? Nadie sabe con seguridad si nos espera un Apocalipsis o un Progreso inimaginable a todos los niveles, o tal vez algo intermedio. Si fuera el Apocalipsis ¿sería el resultado de una maldad humana colectiva, generalizada, genuina, consciente y premeditada, o más bien y mucho más que eso la consecuencia de nuestra ignorancia, nuestra oscuridad, fanatismo, imperfección e incapacidad de resolver los conflictos de forma inteligente?

Que los seres humanos somos y hemos sido responsables de muchos de los males de este mundo, es un hecho. Que en el mundo ha habido y hay avaricia, brutalidad, crueldad, dictaduras sangrientas, corrupción, deseos de poder y conquista, es un hecho. Que mezclados con el resto de la sociedad existe un porcentaje de corruptos, asesinos, violadores, psicópatas, caníbales, acosadores, señores de la guerra, torturadores, mafiosos, narcotraficantes, genocidas, nihilistas o pasotas a quienes les da igual todo, es un hecho. En las élites o esferas del poder, en la escuela, el instituto, la universidad, el trabajo, en la calle, el autobús, al volver la esquina - o la ciber esquina- en un bar o donde sea te puedes cruzar o encontrar con gente que se dedica a trepar caiga quien caiga o a hacer daño de forma muy consciente y premeditada a los demás en ocasiones hasta por puro aburrimiento, para divertirse. Escuchas las noticias en la TV o abres el periódico y lees: más de 200 muertos en un atentado terrorista en Kabul, el niño desaparecido, el "Pezcaíto", ha sido encontrado muerto, un adolescente armado con un fusil de asalto entra en una escuela y provoca una masacre, la pandemia del ébola mata a miles de personas en Africa, durante la crisis económica ha aumentado la desigualdad entre ricos y pobres, el extremismo de todos los colores y el ultranacionalismo, como si regresaran de la más oscura noche de los tiempos y no aprendiéramos nunca de la historia, vuelven a crecer en Europa y América... entonces te acuerdas de aquellas palabras del "Coronel" en "Juan Nadie" de Frank Capra: "El mundo ha sido afeitado por un barbero borracho", y se corre el riesgo de caer en el desaliento cuando no directamente en la desesperación.

Ahora bien ¿Somos la mayoría así, sádicos y crueles? ¿Piensas eso de ti mismo? Yo no lo creo, la realidad es que en general los humanos no somos en blanco y negro, ni ángeles ni diablos, tampoco perfectos, nos equivocamos, cometemos errores, como nos recordaba Machado en nuestra soledad podemos dar por ciertas "cosas muy claras... que no son verdad", nos enfrentamos a nuestras propias debilidades o miedos, hacemos cosas bien y otras mal, caemos, a veces nos arrepentimos, nos levantamos, aprendemos, nos superamos a nosotros mismos... en mayor o menor grado de esto no se libra nadie, lo admita o no, desde el tipo más normal con el que te cruzas en la calle hasta iconos de la historia que todos consideramos como ejemplos de lucha por un mundo mejor, como Luther King, Mandela, Lennon o Einstein... Todos eran humanos, y como tales complejos y contradictorios a veces, lo cual no les convierte en hipócritas ni falsos cuando hablaban y se esforzaban por un mundo diferente y mejor. Justificar sus defectos no sería justificable como tampoco lo sería negar todo el bien que hicieron, a veces pagando un alto precio, desde el exilio, la deportación, la tortura o la cárcel hasta la propia vida . Y aunque no se haga notar, lo demos por sentado y no sea noticia - porque las buenas noticias, y más si son cotidianas, no suelen ser noticia - también la gente normal y de a pie que ayuda a su familia, que se esfuerza y coopera cada día junto a su gente y los demás, que se apoya mutuamente en los malos momentos, que lo mismo incluso a veces actúa por mejorar las cosas y que trata de vivir su vida en paz, siempre que la dejen, es la norma, no la excepción, aunque luego esa gente en su mayoría no salga en los periódicos.

Más que en una maldad generalizada, fría, consciente y premeditada, a lo Sade, que aunque pueda darse en una minoría no creo que exista ni sea real en la mayoría, el problema histórico de las guerras, del daño que nos causamos unos a otros, desde nuestros orígenes, está mucho más en los intereses contrapuestos, donde cada parte está convencida de tener toda la razón y de encontrarse en posesión de todos los derechos y de todas las verdades, divinas o humanas, y sobre todo en nuestros tribalismos o fanatismos y en todo aquello que los acompaña, en el miedo hacia otras personas, grupos, tribus, ciudades o países que percibimos como rivales o como una potencial amenaza - real o imaginaria - para nosotros mismos o para nuestra propia familia, religíón, cultura o país... nos vemos lanzados y empujados al enfrentamiento por causas o prejuicios que muchas veces nos superan y nos dominan a todos, por fidelidad y lealtad a ciertas ideas, dioses o "patrias" en cuyo nombre muchos llegan a pensar que vale todo. Desde que surgieron, primero cada tribu y luego cada ciudad estado, naciones, imperios... se consideraron a sí mismos elegidos por los dioses, cuando no el centro del universo, y a su cultura, su raza, su religión o su destino en la historia como superiores a los del resto de la humanidad, cargados siempre de lealtades propias y sagradas y a su vez de rivalidad y miedo hacia otros tribalismos diferentes. A partir de ahí la humanidad quedó atrapada en medio de una "lógica" incontrolable, en la que las personas y los pueblos pueden llegar a enfrentarse y hasta matarse convencidos de que hacen lo mejor, de que su lucha es justa, su fe la única verdadera y la razón está de su parte, ya se trate de un católico o un protestante en la Europa del siglo XVI arrasada por las guerras de religión; un inglés, un francés o un alemán exaltados por el nacionalismo de la primera mitad del siglo XX y atrapados en el infierno de las trincheras en el Verdún de la Primera Guerra Mundial; un comunista y un fascista en la Guerra Civil Española, o un espartano y un ateniense en la guerra del Peloponeso. Los espartanos temían a los atenienses, los atenienses a los espartanos, y solo se necesitó una chispa para incendiar toda Grecia. Nos podemos preguntar qué habríamos hecho cualquiera de nosotros de haber vivido en aquel mundo, si diferentes ejércitos bien armados y entrenados amenazaran constantemente con arrebatarnos todo aquello que amábamos, familia, cultura, amigos, tierras, todo lo que era nuestro mundo y nuestra vida. Hasta hace muy poco toda esa "lógica" fatal, incontrolable y hasta inevitable de miedo, rivalidad y lucha de todos contra todos ha sido algo generalizado y una constante en la historia.

Seguramente, teniendo en cuenta cómo está "hecho" el ser humano y las situaciones a las que se ha enfrentado desde sus orígenes, gran parte de sus tragedias fueron inevitables desde el principio, si rebobináramos mil veces la historia humana y la hiciéramos empezar de nuevo otras mil veces, partiendo de cero ¿alguien cree que los seres humanos, con unas dosis de buena voluntad, tendrían alguna posibilidad real de evitar la guerra a lo largo y a lo ancho de su historia? ¿Podríamos, ya desde la infancia de la humanidad, haber creado un mundo en paz donde reinara la justicia, la armonía, la libertad y la prosperidad para todos? ¿Podíamos haberlo logrado en poco tiempo? Yo no lo creo, porque nuestro origen no estuvo nunca en ningún paradisíaco Edén ancestral, partimos de un mundo primitivo y conflictivo de lucha por la supervivencia, atrapados en medio de la oscuridad, el desconocimiento, el miedo a la naturaleza y a otros seres humanos, y la ética fue una construcción y un descubrimiento progresivo, de miles de años... y ese mundo primitivo lo tenemos todavía demasiado cerca, acabamos de empezar... si hay algún Edén, alguna edad de oro y algún final de las guerras, está en el futuro, no en el pasado. Tal y como fue hecho este mundo, las cosas no pudieron suceder de otra manera, ni aun haciendo un reset y volviendo a reiniciar la historia un millón de veces. Las guerras y las tragedias no habrían sido las mismas, pero habrían sido otras igual de generalizadas y destructivas. Toda esa dinámica de dolor, lucha, muerte y violencia (primero en el mundo natural y después en el ser humano, formando parte y surgiendo también de ese mundo natural) fue inevitable, tan inevitable como la ley de la gravedad.

Por tanto, ante algún tipo de Justicia Superior Universal, yo no declararía a la humanidad como la máxima culpable de todo lo ocurrido en el mundo, tal y como han querido hacernos creer durante siglos, la declararía más bien víctima del mundo y de sí misma, como dijo Vladimir Jankélévitc:

"Es un dato de hecho: el hombre es víctima del absurdo, pero autor del escándalo... Y es libre de provocar el escándalo, justo porque el absurdo es un dato de hecho, convirtiéndose así en víctima cómplice del propio destino". Somos víctimas y en parte también cómplices de un mal que ya existía en el mundo natural mucho antes de la aparición del ser humano, porque nosotros también somos parte de ese mundo y junto a lo mejor que hemos recibido o aprendido, también hemos heredado toda su conflictividad, que ahora estamos tratando de comprender para poder escapar de ella, por lo menos en parte. En la naturaleza podemos encontrar una belleza extrema, que hay que conservar y preservar, pero más allá de mitos también existe en ella mucho dolor, violencia y brutalidad. Está muy bien ver a un león en un documental de National Geographic, y hay que hacer todo lo posible por evitar su extinción, pero si ese mismo león, más allá de la pantalla de alta definición, se encontrara a tu hija o a cualquier niña en mitad de la selva, no sentiría el más mínimo remordimiento en comérsela viva. Una manada de lobos, de hienas, un tiburón o una anaconda no se comportarían de forma muy diferente. Tampoco sentirá remordimientos un virus, una bacteria o una pandemia que arrase con millones de seres. Cuando le preguntaron a Jane Goodall, una de las mayores expertas en el comportamiento de los primates, sobre la agresividad de los chimpancés, contestó: "Si tuvieran armas de fuego, y supieran cómo utilizarlas, les darían el mismo uso mortal que les damos los seres humanos". Eliminan a rivales de otros grupos, incluso a grupos rivales enteros. Hay "guerras" entre diferentes grupos de chimpancés. Los humanos también venimos de ese mundo, como nos recordaba Carl Sagan, y sabiendo de dónde procedemos, sólo potenciando lo mejor de nuestra naturaleza, acabando con cualquier forma de tribalismo agresivo (político, religioso, racial, sexual...) aprendiendo de las lecciones de la historia y ampliando nuestra lealtad a la humanidad y el planeta en su conjunto tendremos la posibilidad de salvarnos:

"En nuestra existencia sobre este planeta hemos acumulado un peligroso equipaje evolutivo, propensiones hereditarias a la agresión y al ritual, sumisión a los líderes y hostilidad hacia los forasteros, un equipaje que plantea algunas dudas sobre nuestra supervivencia. Pero también hemos adquirido compasión para con los demás, amor hacia nuestros hijos y hacia los hijos de nuestros hijos, el deseo de aprender de la historia, y una inteligencia apasionada y de altos vuelos: herramientas evidentes para que continuemos sobreviviendo y prosperando. (...) Las fronteras nacionales no se distinguen cuando miramos la Tierra desde el espacio. Los chauvinismos étnicos, religiosos o nacionalistas son algo difíciles de mantener cuando vemos nuestro planeta como un creciente azul y frágil que se desvanece hasta convertirse en un punto de luz sobre el bastión y la ciudadela de las estrellas. Viajar ensancha nuestras perspectivas. (...)La historia humana puede entenderse como un lento despertar a la consciencia de que somos miembros de un grupo más amplio. Al principio nos debimos lealtad a nosotros mismos y a nuestra familia inmediata, luego a bandas de cazadores-recolectores nómadas, luego a tribus, pequeños asentamientos, ciudades-estado, naciones. Hemos ampliado el círculo de las personas a las cuales amamos. Hemos organizado ahora lo que calificamos modestamente de superpotencias, que incluyen grupos de personas de orígenes étnicos y culturas divergentes que en cierto sentido trabajan unidas; lo cual es desde luego una experiencia humanizadora y formadora del carácter. Para sobrevivir tenemos que ampliar todavía más el ámbito de nuestra lealtad para incluir a la comunidad humana entera, a todo el planeta Tierra. Muchos de los que gobiernan las naciones encuentran desagradable una idea así. Temerán perder poder. Tendremos ocasión de oír muchos discursos sobre traición y deslealtad. Las naciones-Estado ricas tendrán que compartir su riqueza con las pobres. Pero nuestra alternativa, como dijo H.G. Wells en un contexto diferente, es claramente o el universo o nada.(...) La palabra cosmo-polita significa ciudadano del cosmos, ser ciudadanos del cosmos... "

Y aprender de la historia. Los humanos somos como niños huérfanos que a lo largo de los siglos no nos ha quedado otra opción que crecer, madurar y aprender aparentemente solos en el mundo, y en muchas ocasiones a base de sangre y fuego, a partir del sufrimiento de la experiencia. El valor de la libertad de conciencia y de expresión no se comprendió en Europa hasta después de siglos de luchas religiosas sangrientas, de todos contra todos, cada uno defendiendo hasta la muerte la bandera de su fe, que creía verdadera y sagrada, en medio de guerras que devastaron el continente, y que ante tanto terror hicieron reaccionar a muchos (filósofos, pensadores, Voltaire, Rousseau, Montesquieu, Condorcet, Kant..) dando paso al siglo de la Ilustración y posteriormente a la Revolución Francesa y el resto de revoluciones democráticas.

Tanto la libertad de conciencia como los derechos humanos en general, la abolición de la esclavitud, los derechos laborales, la igualdad de la mujer o de los colectivos LGTB... fueron descubrimientos progresivos de los que solo se tomó conciencia generalizada a base de la dura experiencia de los siglos, de la lucha de muchos colectivos , de la contrastación con el dolor y la tragedia que generaba su negación y de la aceptación por fin cada vez más amplia de que quienes piensan o sienten de forma diferente, o habitan en otro lugar, "tribu", ciudad o "patria" no son ni el diablo ni el enemigo, sino solo otros seres humanos iguales con otra historia y una visión diferente de las cosas. Aprendimos por tanteo y despacio de errores y lecciones que históricamente costaron guerras y tragedias inmensas. Llegado su momento aprendimos (aunque quede mucho por hacer) que la cooperación, la democracia y el respeto de los derechos contribuyen mucho más a la felicidad humana que el canibalismo, la guerra, el ultranacionalismo, la tiranía, el despotismo, la esclavitud, el racismo, el machismo, la homofobia, la discriminación, la quema de herejes o el exterminio mutuo generalizado. Por eso no hay que olvidar lo aprendido, ni de dónde venimos.

En cuanto al futuro... en el fondo los humanos somos seres fronterizos, perdidos en una especie de tierra de nadie, muy lejos aún de ser "dioses" pero tampoco "del todo" animales, no encajamos por completo en la naturaleza, de alguna forma la trascendemos y creamos realidades (arte, ciencia, tecnología, escritura, filosofía, historia, política, ética...) que van más allá, eso que algunos, como el filósofo José Antonio Marina, llaman una "naturaleza-plus" o "supra-naturaleza", no se puede descartar por completo que todo esto acabe en un callejón sin salida y que en unos siglos, o menos, el planeta acabe convertido en un inmenso basurero o en un paisaje de ruinas y cenizas cuyas emisiones radiactivas se puedan captar a muchos años luz a la redonda... o que sin llegar del todo a eso retrocedamos a la edad de piedra. Pero tampoco es descartable - puede que incluso sea más probable - lo contrario. El futuro sin duda no estará libre de problemas, retos, riesgos, conflictos y nuevas tragedias, descubrimientos con un potencial incomparable con cualquier cosa del pasado, que podrán usarse, como siempre, para el bien o para el mal, y que por tanto exigirán que nuestra humanidad progrese al menos a la misma velocidad que nuestra tecnología sin que, como a veces temía Einstein, nuestra tecnología supere a nuestra humanidad. Seguimos abiertos a un futuro que aun no ha llegado ni está decidido y que está en nuestras manos, cargado de posibilidades que ni siquiera podemos sospechar en estos momentos. Como insinúa H.G. Wells, si lo mejor de nosotros mismos acaba predominando y no nos autodestruimos antes, puede incluso que vivamos en la línea de contacto, en la frontera entre dos mundos, entre un pasado sin nombre de miles de millones años donde la vida evolucionó lentamente hasta "alcanzarnos", y un futuro inmenso desconocido donde la evolución autodirigida y exponencial de la cultura, la civilización y la inteligencia podría hacer realidad lo inimaginable. Después de todo, más allá de nuestra perspectiva humana, y de la tendencia a pensar que todo acabará en tragedia, no es imposible que solo estemos viviendo el principio... de un principio:

“Miramos hacia el pasado a través de millones de años, y vemos la gran voluntad de vivir que lucha por salir del fango situado entre las mareas, que lucha de forma en forma y de poder en poder, que se arrastra por el suelo y luego camina con confianza sobre él, que lucha de generación en generación por dominar el aire, que se insinúa en las tinieblas de lo profundo; la vemos levantarse contra sí misma con rabia y hambre y cambiar su forma por otra nueva, contemplamos cómo se nos acerca y se hace más parecida a nosotros, cómo se expande, se elabora a sí misma, persigue su objetivo inexorable e inconcebible, hasta alcanzarnos al final y latir su ser a través de nuestros cerebros y nuestras arterias…

Es posible creer que todo el pasado no es más que el principio de un principio, y que todo lo que es y ha sido es solo el crepúsculo del alba. Es posible creer que todo lo conseguido por la mente humana no es sino el sueño antes del despertar…Surgirán… de nuestro linaje mentes que volverán su atención a nosotros en nuestra pequeñez y nos conocerán mejor de lo que nos conocemos nosotros. Llegará un día, un día en la sucesión infinita de días, en que seres, seres que están ahora latentes en nuestros pensamientos , se erguirán sobre esta tierra como uno se yergue sobre un escabel y reirán y con sus manos alcanzarán las estrellas.”

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