“El campesino y el sabio”

En el siglo pasado,

en una aldea de las profundidades

de Asia, vivía un viejo sabio.

Los habitantes solían consultarle

para someterle sus problemas

y escuchar sus razonados consejos.

Era un hombre amado

y respetado por todos.

Cierto día,

un campesino de la aldea fue a verlo,

aterrado.

El único buey que tenía para ayudarle

a labrar su campo había muerto

por la noche.

Lloroso, se lamentaba

sobre que parecía ser

la peor de las catástrofes.

Tal vez sí…, tal vez no…

– se limitó a decir el sabio con voz dulce.

No sabiendo que pensar de esta reacción, el campesino se fue, perplejo.

Algunos días más tarde, regresó loco de alegría.

Había capturado un joven caballo salvaje y lo había utilizado para reemplazar al buey y tirar del arado.

El fogoso semental facilitaba las labores, tan vivaz era.

Tenías razón.

La muerte de mi buey no era la peor de las catástrofes. Este caballo es una bendición – le dijo el campesino al sabio.

Tal vez si… tal vez no – respondió el pensador con dulzura y compasión

Al marcharse, el campesino se dijo que, decididamente, el viejo sabio era un hombre curioso, puesto que no era capaz de alegrarse con él de su buena fortuna.

Pero algunos días más tarde, el hijo del campesino se rompió la pierna al caer del caballo y tuvo que guardar cama durante varios días.

El hombre volvió a ver el sabio para llorar por esta nueva calamidad.

Su hijo estaba inmovilizado para la cosecha y temía que su familia se muriera de hambre.

¡Qué desgracia! – repetía.

Tal vez sí… tal vez no – opinó tranquilamente el sabio.

Decididamente, sólo sabes decir eso – se enojó el campesino – Si éste es todo el consuelo que me das, ¡no vendré a verte más!

Y salió lleno de cólera.

Entonces una terrible noticia corrió por la región. Acababa de estallar la guerra.

Grupos de soldados fueron a enrolar a todos los jóvenes válidos. Todos los de la aldea fueron obligados a partir hacia una probable muerte en combate.

Todos salvo el hijo del campesino, que seguía herido.

Éste volvió de nuevo a casa del sabio.

Perdóname – imploró –

Me he pasado el tiempo lamentándome por lo que me sucedía e imaginando las peores catástrofes, cuando nada de todo eso ha ocurrido.

En vez de permanecer tranquilo, sentí pánico y te maldije.

Sé hoy que es vano imaginar el porvenir, pues nadie sabe nunca lo que el futuro nos reserva.

Hay que mantener la esperanza, siempre existen peores desgracias que las propias.

En fin… tal vez sí… tal vez no.

Y el sabio sonrió, lleno de bondad y de indulgencia.

de la red

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Etiquetas: campesino, cuando, desgracias, el, esperanza, existen, lamentandoe, peores, sabio, sonriò, Más...tal, tiempo, vez, y

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Comentario por Martina el noviembre 12, 2018 a las 6:06pm

Gracias miki por leer el post,y por aportar tu opiniòn,que pases un excelente inicio de semana,bendiciones y buenas vibras...

Comentario por Freddie el noviembre 11, 2018 a las 11:04pm

Aquí hay un refrán que puede resultar bastante parecido al relato que puso, no hay mal que por bien no venga. 

Un saludo. 

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