"El amor no es sopa instantanea"

Me pongo a pensar en voz alta,

y creo que este cuento

es muy acertado a la hora de describir

qué es el amor de pareja exactamente.

Porque requiere trabajo,

y el trabajo,

implica esfuerzo para mantenerlo,

para sentirlo

verdaderamente

para no caer en los famosos

“te amo”

con el facilisimo en que se cae al pronunciarlo:

un “te amo” light,

casi vacío,

caduco,

sin demasiado contenido.

Soy una de esas mujeres a las que un

“te amo”

no le sale de la boca fácilmente.

Para que lo diga,

debo sentirlo y trabajarlo

intensamente también.

Será también,

que a medida que crecemos

somos más exigentes,

un tanto más complicados

a la hora de encontrar pareja,

y con una buena mezcla

de miedos e inseguridades:

miedo a perder la independencia

y el espacio vital que tanto costó conseguir.

Miedo a equivocarnos,

a sufrir,

a ser rechazados.


Pero el amor bien entendido

con sus buenos ingredientes y justa dedicación,

es un manjar delicioso para compartir.

Al menos, así lo pienso yo.

Y lo creo.

"El amor no es sopa instantánea"

¿Has probado las sopas instantáneas?

Un poco de agua, revolver, y ¡listo!

Bien.

Nos han hecho creer que el amor también es así:

instantáneo.

Dos que se atraen en los primeros diez minutos de la película,

transitan cuatro días o dos meses con encendidas miradas

que se cruzan ¡y ya está!

Entonces se dicen las ineludibles palabras:

"TE AMO".

¡No, no, no!
¡Corte, señor Director!

Ese guión está mal escrito.

El amor no es una sopa instantánea:

es una comida compleja,

de cocción muy pero muy lenta.

Es más,

nos han hecho creer que

"cuando el amor aparece"

es como si estuvieras ante una mesa

con mantel blanco

y velas encendidas,

y un alguien anhelado

te lo fuera a servir en bandeja de plata.

¡No!

No te lo dan así.

La vida te trae sólo una cesta rústica

con muchos ingredientes.

Y tendrás que trabajar arduamente con ellos:

llorar pelando cebollas,

mascar amarguras,

quemarte,

equivocarte en la mezcla

y tirarla una y cien veces.

Hasta que quizás logres cocer el manjar.

Y puede que tenga fecha de vencimiento.

Pero puede ser,

en cambio,

que hayas logrado

gestar con el otro un alimento no perecedero:

en la India hay una palabra que es prema =

devoción del uno hacia el otro.

Amor consciente.

A medida que corta,

pela,

revuelve,

cada cocinero

se va transformando,

pues es más que cocina:

es alquimia.

Y eso tiene un valor extraordinario,

porque aunque lo cocido,

al final,

no fuera comido ya por nadie,

-si el vínculo se malograra-,

hay algo que justifica plenamente esa tarea:

que el cocinero pueda salir del vínculo más maduro,

más crecido, más sabio.


En ese caso,

la experiencia que haya desarrollado

implicará una pericia

que le quedará disponible para sí mismo,

pues se podrá perder o arruinar el objeto de amor,

pero el amor, jamás:

es una habilidad que queda dentro de uno.

Sí, saber amar requiere de entrenamiento

(nunca nos lo dijeron),

y cuando se dé una nueva ocasión

es posible que ese cocinero,

antes torpe, compruebe

que se ha ido convirtiendo en un verdadero chef:

sabe distinguir mejor los ingredientes nobles de los potencialmente tóxicos,

sabe descartar una mala poción a tiempo,

sabe, cuando el potaje es bueno,

tenerle paciencia al fuego lento

para que no se arrebate

con demasiada intensidad.

Todos lo sabemos en relación a la amistad,

para que uno diga

"es mi mejor amigo",

¿cuántos años tienen que haber pasado?

¿cuántas pruebas superadas juntos?.

Entonces,

si decimos que una pareja es

"más que una amistad",

¿cómo puede uno afirmar a los quince minutos

de iniciada su propia película

"es el hombre (o la mujer) de mi vida"?
Esa falta de realismo produce inevitablemente dolor.

Pero ese dolor puede hacer que comprendamos

que el amor no es como nos lo dijeron.


Que necesitaremos tirar a la basura nuestras

insensatas creencias sobre lo que supuestamente es el amor.

Que ese raro manjar sólo puede elaborarse con tiempo

y con trabajo interno:

explorar un vínculo nuevo hasta conocerlo,

y,sobre todo,

conocerse a sí mismo

a través de ese vínculo.

Eso, es el amor consciente.

Autora: Dra. Graciela Moreschi

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Comentario por Martina el octubre 30, 2017 a las 5:33pm

marina salobreña es verdad no habìa leìdo algo tan acertado como estè blog si hubiera caìdo en mis manos de joven me darìa risa, pero solo es mas que la verdad,.Gracias a ti guapa que siempre me alegras con tus saludos.Bendiciones y buenas vibras.Buen inicio de semana.

Comentario por Martina el octubre 30, 2017 a las 5:29pm

Tina,decìa mi abuelita que el amor entra por la boca y por los ojos el estomago jjiji con los años nos volvemos excelentes para guisar al principio,algunas una pizza y sin cebolla.Un beso y excelente inicio de semana y casi fin de mes.Bendiciones y buenas vibras.

Comentario por Tina el octubre 29, 2017 a las 8:48pm
Ufff con la difícil que es elaborar un buen plato...
Comentario por marina salobreña el octubre 29, 2017 a las 11:49am

EXTRAORDINARIO Martina. No se puede expresar este tema de mejor manera y de forma más realista y sensata.

Siempre mil gracias!!. Un beso grande guapa!

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