UNA TARDE DE CORRIDA
Lo que les voy a contar ocurrió con una novia que tuve, Tania. Era una chica de buen ver, con un buen físico, de las que te vuelves por la calle para verla. Blanca, de ojos grandes y negros, una buena delantera y un trasero que ni contar, pues cada vez que lo pienso, se me pone durísimo. En aquella época, estábamos estudiando, teníamos poco dinero, lo suficiente para tomar alguna copa, pero nada más. En cuanto al sexo, pues lo normal, achuchones cuando nos despedíamos por la noche y alguna cosa más cuando podíamos estar algo más solos.
A los pocos meses de estar saliendo, llegaron unos familiares de visita por las Vacaciones de Abril. Me invitaron a almorzar y de esa manera conocí a los padres de Tania. Después de comer me entere de que, todos, se iban a la playa y después, a la Feria. Tania y yo, rehusamos la invitación y les dijimos que habíamos quedado con unos amigos. De la casa salimos todos juntos, los familiares y sus padres a la playa y nosotros con nuestros amigos. Pero cuando íbamos de camino, Tania me insinuó que podíamos quedarnos, a lo que le dije que estaba de acuerdo y nos volvimos para su casa, pero asegurándonos de que no nos veía nadie.
Nada más entrar, comenzamos a besarnos, y acariciarnos por todos los rincones de nuestros cuerpos. Besándonos nos fuimos dirigiendo a la habitación de sus padres. Nos sentamos en los pies de la cama y mientras nos acariciábamos, le fui desabrochando la blusa, botón a botón. Cuando tenia dos o tres abiertos, empecé a bajar con mis besos, pasando mi lengua por su garganta, sacándole los primeros suspiros de placer, para ir bajando por el canal de sus tetas, y metiéndole la lengua entre ellas, para a la vez darle bocaditos, que hizo que me apretara la cabeza contra sus tetas.
Le tenía quitada su blusa cuando aparecieron ante mí esas dos grandes tetas, dentro de un sostén, de 110, de color rosa, dejándome ver unas aureolas grandes y oscuras, con un pezón grande y gordo, sobre el cual me abalancé, para succionar y lamer por encima del sostén. Ella no dejaba de apretarme y mientras me decía,
- oh, que rico, como te gusta mis tetas, comételas, chúpame los pezones,
- te voy a comer las tetas, los pezones y todo lo que tu quieras, le decía, mientras le quitaba el sostén.
Tania, poniéndose de pie se quito la falda, dejando ver unas braguitas diminutas, que sólo le tapaba el monte de Venus y la tira se le metía por los labios de su coño saliéndole por la raja del culo. Esa visión me puso a mil, Tania se encontraba totalmente desnuda, esos senos, con los pezones erectos, con esa poquita de barriguita, esa tanga, dejando entrever sus labios mayores, y esos vellos rizados de su coño, que lo tenía perfilado, pero asomaban por su tanga. No pude aguantar y le fui bajando la tanga y besándole por todo el monte de Venus, chupándole los vellos y metiéndole la lengua para tocar su clítoris, la cual ya estaba rígida, y su coño mojadísimo, hasta quitarle la tanga.
En esto, ella se separó y me echó para atrás en la cama desnudándome, poco a poco como hice con ella, y no dejando ni un sitio de mi pecho sin besar ni lamer. Nunca antes ninguna mujer me había chupado las tetillas, cosa que hizo que mi verga se pusiera más dura todavía. No había visto a Tania con ese ímpetu, tan caliente, estaba desatada, me estaba poniendo muy cachondo. Me bajó la cremallera del pantalón y quitándomelo se puso a comerme la verga, que me hizo dar el primer jadeo de gusto. Cómo mordisqueaba la muy puta. Que gusto me daba. Siguió metiéndome la lengua en el ombligo, para ir bajando, metiéndose mi verga en su boca, mordisqueando la cabeza, pasándome la lengua por el frenillo y cuando me la succionaba me creía que la iba a arrancar y, en definitiva, hacerme una mamada, que me hizo gritar de gusto,
- Tania, que me haces, me la vas a arrancar, que boca tienes, chupa y muérdela que es toda para ti, pero no pares ahora, que se me viene,
y con la fogosidad que le ponía, aguante poco, corriéndome en su boca, tragándose toda mi leche, y relamiéndose los labios.
Que cara de viciosa tenia, nunca la había visto comportarse igual, era puro vicio. Se echó sobre la cama, diciendo,
- César, cómeme mi coño, estoy tan caliente que voy a explotar, devórame, que quiero sentir tu lengua en mi clítoris, chupándola, y en mi coño lamiéndolo,
No la hice esperar y me lancé a su coño, comiéndomelo de arriba abajo, desde su clítoris hasta su culo, pasando por sus labios mayores, y menores y su vagina. Me tenía loquito, de escucharla como gemía y lo que decía,
- Si, César, decía mientras se sobaba sus tetas, chúpame, méteme los dedos en el coño, quiero que me hagas correr, que rico, sigue, sigue papi, méteme la lengua en el coño, que tengo el coño chorreando, bébetelo, que se que te gusta, oh sí, me corro, me corro, dame mas, quiero sentir más tu lengua, métela más adentro.
De esta manera tuvo su primera corrida, que la tuvo jadeando un rato, y a mi descansando. Pero el descanso me duró poco, pues Tania cogió mi verga y empezó a masturbarme muy lentamente, apretándola y estirándola, cosa que al principio me causo dolor, pero cuando se puso dura mi verga, pues respondió rápida a las insinuaciones; el dolor pasó a ser placer. A la vez, me estaba chupando de nuevo las tetillas, para darme más gusto, cosa que lo consiguió enseguida, pues tiene una lengua que te hace saltar de gusto.
Pero mi asombro, fue a más, pues Tania a la vez que me hacia la fenomenal paja, se estaba metiendo los dedos en su coño, dándose un placer. Pues nunca había visto, de forma real, una mujer pajearse, pues lo que ella se hacía era una verdadera paja, que le comenzaba a sacar de nuevo los gemidos. Me gusto mucho verla masturbarse.
Yo que estaba a punto de correrme, le hice que pare, a lo que ella con cara de vicio, me dijo,
- si me has hecho parar es para que me folles, y me metas tu verga bien dentro de mi coño.
Y sin dejarme responder se montó encima, y de manera lenta y sensual se fue metiendo mi verga en su coño, que estaba ardiendo. Entró a la primera, pues estaba chorreando, le caían los jugos por los muslos. Comenzó a subir y a bajar a lo largo de mi verga, de forma pausada, apretándola cada vez que subía, para aflojar cuando bajaba, que hacía que gimiera a cada acometida, ya que en mi verga sentía unos espasmos de placer, que me dejaban la mente en blanco.
Apoyada en el cabecero de la cama, empezó a aumentar el ritmo de sus movimientos, y para no gritar de gusto, aproveché que tenía sus tetas a la altura de mi boca, para atrapar sus pezones y empezar a mamárselos. Esto logró que Tania, volviera a aumentar su cadencia de ritmo, y a la vez rotar con el culo. Eso era ya estar en el paraíso. Intentaba aguantar como podía, y para eso, mientras le sobaba las tetas, empecé a decirle algunas palabras sucias que me gustan.
- que puta eres, como te gusta moverte con una buena polla dentro,
- sí, sí, dime más cosas, me gusta que me digas puta, perrita, como te follo,
- muévete más, siente mi polla llenándote tu coño, chorreante y caliente, fóllame más fuerte, que te voy a mamar las tetas hasta gastártelas; hoy eres mi putita y te voy a hacer lo que nunca has sentido, lo más rico, y después te la voy a meter en ese culazo que tienes tan bueno, para reventártelo.
Yo, no me creía lo que era capaz de decirle, pero eso nos estaba llevando al éxtasis a los dos, ya que los gemidos y los gritos de placer nos estaban acercando a una corrida bestial, que hizo que mi polla explotara, llenándole el coño de leche, y ella al sentirla, empezó a acelerar más, si eso era posible, para terminar entre gritos y jadeos, con unos embistes sobre mi verga, para dejármela, junto con los huevos, llenos de su corrida, que más parecía que se había meado.
Después nos quedamos tumbados sudorosos y jadeantes sobre la cama. Me incorpore un poco y me giré para verla. Ella me miró y sonrió, a la vez que me decía,
- ¿te ha gustado?,
- no sólo me ha gustado, me ha encantado, que bien follas, no sabía que fueras tan puta,
- oye no te pases, que no soy ninguna puta,
- ni lo he pensado, pero me gusta que te comportes así en la cama, que buena estas, te he comido el coño y te he follado, bueno me has follado, pero me faltan estas tetas,
- pues no me hagas esperar y comételas ya, que quiero que me hagas correr más veces,
- ¿cuántas veces te has corrido antes?,
- no las he contado, pero bastantes, pero no hables y cómeme las tetas.
Empecé despacio, como ella antes conmigo, a tocarle las tetas. Primero una y después la otra, para pasar a usar mi lengua, besándole las tetas, pero sin tocar los pezones. Así me lleve un buen rato, hasta que Tania entre suspiros, me pidió.
- chúpame ya los pezones, que me los tienes duros y me parecen que se van a salir, muérdelos, hazme lo que quieras, pero ya.
Entonces muy suavemente baje mi lengua hasta el nacimiento de sus tetas, para comenzar, de nuevo, el camino hasta los pezones, para atraparlos con los labios y succionarlos; haciendo que Tania diera un gemido de placer, acompañado de un pequeño orgasmo.
Seguía chupándole sus pezones, pero una de las veces, al que se quedaba fuera de mi boca, le pase la palma de la mano por encima, haciendo que se pusiera más duro y grande y sacándole a Tania un grito de placer,
- que me has hecho, que gusto me has dado, nunca me han dado con la palma de la mano, como me gusta, sigue, sigue, que me voy a correr, hazme correr de nuevo, dame así con la mano,
Deje de chuparle la teta y le di a los dos pezones con mis palmas de las manos, haciendo que sus gritos aumentaran y sus palabras fueran más sucias. Cuando llevaba un rato con sus pezones, empezó a arquear el cuerpo y a gemir más fuerte. Como intuía que se iba a correr lleve mi mano hasta su coño, pero enseguida me la quitó y la puso otra vez en las tetas, para ella comenzar a masturbarse como una loca, hasta alcanzar un orgasmos bestial, que la dejo resoplando un buen rato.
Como ya se estaba haciendo tarde, nos decidimos a ducharnos para irnos, antes de que llegaran y nos pillaran en la casa. Cuando estábamos duchándonos, los dos juntos, empecé a rozarle la polla por el culo y a apretarle las tetas, dándole un buen masaje. Cosa que hizo que ella se pusiera otra vez caliente, y acabáramos en la cama.
La puse boca abajo y le separe las nalgas, comenzando a meterle la lengua en el culo, pues quería probar ese culazo que tiene.
- Ábrete un poco más, que quiero chuparte bien el culo, para rompértelo, y llenarlo de leche,
- toma, me dijo separándose las nalgas con las manos, chúpalo bien, y lámelo hasta dejarlo limpio, para que me metas tu verga por mi culo.
Al momento seguí mi faena, para dejarlo lubricado y el dolor fuera el menor posible. Al poco probé metiendo un dedo, que entro justo, pero sin problemas, para a continuación meter dos juntos, que también entraron, pero con un poco de trabajo. Mientras Amparo no dejaba de jadear, por los pequeños orgasmos que le estaba proporcionando.
- No esperes mas, mete tu nabo ya, que no puedo esperar,
- levanta un poco el culo que te voy a meter la cabeza de mi verga, y lo demás es para empujártelo, le respondí.
Y de esa manera le fui metiendo mi verga en su culo. Aunque lubricado, seguía muy prieto, cosa que me daba más gusto en la pinga. Al principio sintió un poco de dolor, pero no quiso que parase, pero conforme fui, despacio, cogiendo el ritmo de la embolada, fueron convirtiéndose en gemidos de placer.
Mientras tenía mi polla en su culo, ella con una mano se acariciaba el clítoris, como me gustaba verla masturbarse, y eso hacía que le embistiera más fuerte. Cansado de esa posición, nos recostamos sobre un lado y en esa forma seguí con el mete y saca, haciéndole mover el culo, para proporcionarnos más placer.
- Apriétate las tetas, quiero ver cómo te das placer en las tetas, mientras yo te pajeo la concha y te relleno el culo con mi verga.
Tania se movió para poner la espalda en la cama y, de esa manera poder sobarse bien las tetas.
Con esa visión, decidí aminorar el ritmo, y disfrutar de la escena, eso hizo que Tania protestara, pero no le hice caso y seguí con ese ritmo más lento, pues quería aguantar el máximo tiempo. Los dedos con los que estaba sobándole su clítoris, se los metí en el coño para recoger sus flujos y llevarlos a mi boca para saborearlos. Eso lo hice un par de veces, a la siguiente ella me cogió la mano y se los llevo a su boca para chuparme los dedos con avidez, no dejando ninguno sin degustar, para a continuación ponerme la mano otra vez en su coño.
- ¿Te gusta el sabor de tu coño?,
- sí, sí, me gusta su sabor, está muy bueno, decía entre jadeos,
- toma, pruébalo otra vez; le dije poniéndole mi mano mojada en su boca,
- hum, que bueno, como me gusta, me gustaría comerme uno mientras tú me follas,
- eso quieres, comerte un buen coño, le dije en mi asombro, pero a la vez excitación,
- sí, eso quiero, que me pongan un buen coño para saborearlo, y que se corran en mi boca, mientras me corro en tu polla.
Como me excitaron sus palabras. Comencé a acelerar la follada, y a sacarle gritos de placer, mientras le ponía mi mano en su boca y le decía,
- mira qué coño te pongo en la boca, comételo,
- tráelo, dame que lo chupe; decía sacando su lengua y pasándola por mi mano como si fuera, verdaderamente un coño.
Con esto, nuestros movimientos fueron ya explosivos y terminamos haciendo que nuestros volcanes entraran en erupción, explotando en un grandioso orgasmo, dejándonos fatigados y resoplando como toros, pero con un gustazo en el cuerpo difícil de describir.
Cuando nos repusimos, vimos que era tarde y podía llegar su familia; por lo que nos dimos otra ducha y nos fuimos a buscar a los amigos cuando llegamos nos dijeron donde habíamos estado, al ver nuestras caritas, a lo que le respondimos, ¡En el Olimpo de los dioses!.

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Comentario por Nahomy Menjivar el mayo 26, 2011 a las 12:42am
Que lindo cuento jajajajaja

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