El mega-proyecto chino de la ruta de la seda

El presidente de China, Xi Jinping, elegido a perpetuidad en el último congreso del Partido Comunista Chino -el único partido que puede existir en ese país- está empeñado a sacar adelante el mega-proyecto geoestratégico de la “ruta de la seda”, también conocido como “Belt and Route” (BRI, en inglés). En dicho proyecto China prevé invertir un billón de dólares y actualmente se han invertido unos 70.000 millones en inversiones en distintos países de Asia, Europa, África y América del Sur.

¿En qué consiste el proyecto? El nombre es tomado de una antigua ruta china que atravesaba Asia y entraba en Europa. Era una ruta comercial y de comunicación -que data del siglo II a. de Cristo- por la que los chinos intercambiaban sus productos, principalmente la seda, con los países del Asia central y Europa (vendían y compraban textiles, metales preciosos, especias y pieles). Partía del actual Xi’an, en el centro de China, y cruzaba los bazares de Tayikistán, Kirguistán, Uzbekistán, Turkmenistán, Irán, Irak y Turquía. También había una ruta de la seda marítima que bordeaba las costas del sur de Asia, hasta África oriental. La ruta de la seda no fue tan solo una ruta comercial, pues al igual que el Camino de Santiago, comunicó a todos los pueblos en lo cultural y hasta lo político. Los pueblos pasaban aventuras y desventuras, encuentros y desencuentros.

¿Cuál es hoy el proyecto de Xi Jinping? Hoy el líder comunista chino es más ambicioso en su ruta, pues quiere alcanzar prácticamente toda África, Europa, Nueva Zelanda, Australia y buena parte de América Latina por la vía del Pacífico. ¡También el Ártico! No intenta América del Norte, ni Japón ni Corea del Sur, por la fuerte oposición que ha encontrado, especialmente en los Estados Unidos y en Canadá, por la guerra comercial que mantienen con China.

A lo largo de sus rutas que enlazan las principales capitales de los distintos países asiáticos y europeos, China quiere dotar a los países de buenas vías de comunicación (carreteras y autopistas), puertos y aeropuertos, buenas conducciones de energía (gaseoductos y oleoductos), centrales eléctricas, centros financieros como el Banco Asiático de Desarrollo, entre otros bancos de China, y sobre todo buenas conexiones con las nuevas tecnologías dominadas por China, tribunales, etc.

China, sobrante de liquidez a causa de su espectacular desarrollo económico, podía acometer estas inversiones, especialmente en los países del Sudeste Asiático y de Asia Central, países en vías de desarrollo cuya economía encuentra dificultades para entrar en los mercados mundiales, los cuales aceptan con facilidad las inversiones chinas. Y lo que es importante, China nunca pregunta qué política siguen los gobiernos de los países, ni si respetan los derechos humanos, ni a qué nivel de deuda está cada país en cuestión.

En las altas tecnologías, China expande la tecnología 5G del gigante tecnológico Huawei. Hace tres décadas era impensable que China fuera hoy la segunda potencia económica mundial, siendo un país poco desarrollado en los años 50, 60 y 70, que mendigaba desarrollo y ayuda industrial y tecnológica.

Al principio, este proyecto Belt and Road parecía imposible, pero las inversiones han empezado y ya funciona el Corredor Económico China-Pakistán (donde China prevé invertir cerca de 40.000 millones de euros), y en Yibuti (cuerno de África) China tiene ya su primera base militar. No ha sido difícil para China convencer a sus vecinos en la península de Indochina (Vietnam, Camboya, Myanmar y Malasia, así como Indonesia, Bangladés, Mongolia, Montenegro… , todos ellos necesitados de infraestructuras de transporte y de nuevas tecnologías de la información, así como tecnologías para la agricultura y la industria.

Pero no solo estos países, sino que también está Rusia, que es el país que, junto con Pakistán, ha recibido más ayudas financieras de China. Y si los países tienen problemas de liquidez, China les pide la explotación de un aeropuerto o de un puerto, como el caso de Sri Lanka.

La nueva ruta de la seda, el gran proyecto estratégico de Xi Jinping empezó en 2013. En la primavera de 2017 se celebró la primera cumbre de países implicados en la ruta de la seda (el Fórum Belt and Road) y se anunciaron multimillonarias inversiones.

La segunda cumbre, celebrada en la segunda mitad de abril pasado en Beijín, Xi Jinping ha intentado corregir errores que se habían registrado en las inversiones. Y anunció, tanto él como representantes de las instituciones económicas chinas:

1.- Tolerancia cero ante la corrupción (detectada duda en varias inversiones).

2.- Las inversiones y la cooperación ha de ser “abierta, verde y limpia”, en reconocimiento de que algunas inversiones como en Vietnam y Argentina adolecían de falta de estudios medioambientales.

3.- La moneda china, el yuan, no se va a devaluar, si perjudica a los demás. Respondió así Xi a Estados Unidos que le pedía una moneda estable.

4.- Xi pidió a los países desarrollados que participaran también en las inversiones, y varios países como Japón, Francia, Canadá, España, Bélgica y los Países Bajos, entre otros, firmaron un documento para construir infraestructuras en los países en desarrollo.

5.- En cuanto a la deuda se estableció una ayuda sostenible para los países con deuda exterior.

6.- Los proyectos de inversión han de tener una “alta calidad”, lo que no se exigió en 2017, y “orientados al mercado”.

Este proyecto tiene una crítica principal de los países desarrollados: ¿quiere China con su nueva ruta de la seda dominar al mundo? China responde que es una gran oportunidad para elevar el desarrollo de los países menos favorecidos.

Es indudable que la guerra comercial entre Estados Unidos y China tiene mucho que ver con la nueva ruta de la seda.

Aleteia.

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