Desde el primer momento que supe que sería padre, empecé a imaginar como serias, cual sería tu reacción al escuchar mi voz, si desde el vientre ya me empezarías a querer, si sabias que mi emoción era grande. Mientras crecías mi alegría crecía junto a ti. Iban pasando los meses. Tus primeras pataditas en mi mano sentí, pequeñas lagrimas humedecieron mis ojos, no eran de tristeza sino de alegría. Mi corazón fuerte latía. Estaba ahí dándome de tu luz, tu cariño. Seguían pasando los meses, la incertidumbre me consumía… de cuando sería el día de tu llegar al mundo. Llego por fin. Un día de octubre tu nacimiento era ya seguro. La espera se hacía larga, aun mas que los nueve meses que estuviste en el vientre de tu madre. Ansioso, deseoso me encontraba en la sala de parto esperando tu llegar, para escuchar tu primer llanto. Te escuché, a lo lejos llorabas, y mis lagrimas acompañaban tu llanto. Salió la partera a buscarme, felicitaciones papá, es una bella niña. No podía contener mis lágrimas, mi felicidad era enorme por saber que ya estabas aquí. Me acerque a tu incubadora, eras frágil. irradiabas luz Angelical. Tomé de tu mano tras el cristal que nos separaba. Hola mi niña soy tu padre, te dije. Tu mueca dibujaba una bella sonrisa en tu pequeño rostro de ángel. Llego el momento más preciado, el de tenerte entre mis brazos. Cuando te tuve entre mis brazos supe que por ti daría todo. Porque siempre fueras feliz. Que te guiaría, acompañaría siempre en el gran camino de la vida. A medida que creciendo ibas, tus pequeñas travesuras eran únicas. Empezaste a caminar, a dar esos primeros pasos en la vida. Tan bonita se te veía correteando por el jardín entre las flores. Sin olvidar tus primeras palabras. Con tu vocecita tierna me llamaste papá. Tu primer día de escuela fue un poco doloroso ya que sería la primera vez que estarías alejada de mí. Pero en mis pensamientos tu mano jamás soltaría. Fueron pasando los años y ya una bella señorita eras. Una princesa en tus quince, radiante se te veía con tu vestido elegante. Trascurrieron tres años más. Ya no eres la niñita que eras de bebe. Ya estás por ser una mujer al cumplir tu mayoría de edad. Pero para mí, hija mía siempre serás, el angelito de mi vida. Por eso hoy te dedico esta carta mi dulce niña. Porque desde tu llegar a este mundo, siempre serás mi niñita bonita. Porque este padre que te ama siempre estará orgulloso de que estés aquí conmigo hija mía....

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Comentario por Lourdes el octubre 1, 2018 a las 12:51am

Nuestros hijos siempre serán una bendición, como padres siempre lo vamos a ver como pequeños retoños que no crecen... siempre estaré orgullosa de ti.. lindo ser 

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