Al pasar por delante del hermoso escaparate de cristales y aluminio oscuro de “M & V” su tienda de CDs, DVDs y libros, especializada en música clásica, Vicky quedó extrañada de encontrar aparcamiento justo delante del local. Al llegar a la puerta aún no podía creérselo, era la primera vez en meses que ocurría aquello. La entrada carecía de escalones por expreso deseo de las propietarias, para que cualquier persona pudiera acceder al local, conectado a un servicio de seguridad. Accionó el mando a distancia para que la persiana se abriera, luego usó las llaves para abrir la puerta de cristales de triple hoja. Encendió las luces y aparecieron ante ella tres estanterías de doble cara, repletas de libros de literatura clásica, y óperas de todos los tiempos y compositores.
Una vez dentro, se acercó al mostrador donde esperaba inerte el ordenador, lo encendió, y mientras este se conectaba, se metió en el despacho donde dejó el bolso y el chaquetón, tras lo cual se metió tras el mostrador a esperar a su socia que ya se retrasaba unos minutos.
Estaba repasando los pedidos pendientes cuando sonó el teléfono.
-“M&V”, dígame…sí, hola…aja…si, ya…bueno, aún no ha llegado…si, ya lo tengo anotado… De acuerdo, no se preocupe…buenos días, Andrés, gracias, por llamar.
Colgó el auricular del teléfono y continuó, esta vez repasando las cajas que, impávidas, estaban arrinconadas a un lado del largo mostrador de formica color madera.
- Vamos a ver que tenemos aquí…-se dijo en voz alta, mientras intentaba acercar la enorme caja de cartón junto a la estantería de la derecha del mostrador. Con cierta rapidez, propia de la experiencia acumulada durante años en el mismo puesto, se dispuso a colocar cada cosa en su sitio. Después de terminar de acomodar decenas de libros, CDs y cajas de DVDs, cogió la caja de cartón y, en apenas unos segundos la desmontó y plegó, dejándola convertida a penas en una plancha de cartón que, no sin trabajo, se dispuso a sacar al contenedor de cartón que tenían a apenas un par de metros de la entrada, tras lo cual, regresó a su tienda, dispuesta a seguir haciendo inventario.
De repente sonó un ruido en la puerta y Vicky dio un respingo tal que se le cayeron al suelo todos los recibos y albaranes que tenía en las manos. Cuando miró hacia dónde provenía, vio entrar a una mujer de unos cincuenta años y algo rellenita con melena leonada en un intenso color rojo.
- ¡Caramba, Margarita, ojú, que susto me has dado mujer de Dios!-exclamó llevándose la mano al corazón ante la risa estrepitosa de la mujer.
- ¡Que susto te has llevado, mare de Deu!
Vicky, recuperando el aliento se echo a reír.
-¡Vaya, te salió la vena catalana!-exclamó divertida, y Margarita le lanzó lo que tenía en la mano, el llavero, que afortunadamente no dio en el objetivo. - Bueno, rica, ya te has reído bastante de mi por hoy, venga, ¡a trabajar!.- ordenó con un cómico ademán.
- Si, Bwana.-respondió Vicky con un mal imitado acento africano que, muy probablemente había aprendido en las viejas películas de “Tarzán”, interpretadas por Johnny Weissmiller, quien según la propia Vicky, era el mejor “hombre mono” hasta que vio a Christopher Lambert en “Greystoke”.- Ah, por cierto, hablando de trabajar. Marga, ha llamado, otra vez el señor Andrés, el del restaurante “Mogambo”.-ante la cara de “no sé de quién hablas” de su amiga Vicky, sonrió y continuó-Si, ya sabes, el que llama cada dos por tres preguntando sobre la película “La diligencia” de John Wayne.
Marga asintió vehementemente.
- Ah, ya, aún nada. ¡Dichoso hombre, llama cada semana! Como siga así, voy yo misma a Hollywood y le traigo una copia!
-¡Que exagerada eres, Marga! No tienes paciencia.-se burló Vicky riendo.
- Es que me saca de mis casillas este tipo de gente. Esperan que pidan el artículo y tenerlo aquí al otro día, y no es una película del año pasado, precisamente.
- Ya, pero como está el negocio, no estamos para dejar de complacer a los clientes de toda la vida.- apuntilló Vicky a su amiga y socia.
- Sí, en eso tienes razón, que entre Internet, las copias pirata de los mercadillos, y vendedores ambulantes está el negocio de pena.-se lamentó Marga lanzando un exagerado suspiro.
Vicky asintió.
- Pues si, la verdad. Está la cosa muy jodida para todos y si la gente encuentra en el mercadillo las mismas cosas que aquí pero a mitad de precio, pues es de cajón que lo compre. Yo lo entiendo, la verdad.
Marga, que no estaba nada conforme con eso, decidió cambiar de tema.
- Oye, Vicky ¿te quieres venir este fin de semana a casa de mi hermana Neus, ya sabes, la mayor, la viuda? Nos ha invitados a las otras dos hermanas para una “cena de chicas” el sábado.
-¿Y qué caray pinto yo entre las tres hermanas Roig?
-¿Qué quieres “pintar”?.-le respondió Marga.-Sólo es una excu-sa para comer pizza, bebernos hasta el agua de los floreros y despotricar de los hombres. En definitiva, una reunión divertídísima.
Vicky, después de meditarlo unos cinco segundos, respondió, con una sonrisa:
- Gracias, cariño. Suena de maravilla, pero tengo cosas que hacer en casa.- se excusó. Desde que se separara de su marido hacía ya tres años, casi no había hecho vida social, y siempre ponía el mismo pretexto.-Tengo que poner dos lavadoras, fregar todo el piso y…-En ese momento su compañera la interrumpió.
- Sí, ya, y pintarte las uñas de los pies y de las manos, lavarte la cabeza, etc., etc.…Eso no son más que evasivas para no hacer vida social, y ya va siendo hora que olvides la mala experiencia con el capullo de tú ex maridito y rehagas tú vida, coi, que eres joven aún y se te va a pasar el arroz, mujer.
Vicky, la miró divertida y dijo:
- Menuda Celestina estás hecha, y tú solterita, guapa.Pero tú, solterita que te has quedado.
- Sí, estoy soltera, pero porque yo quiero.-replicó Marga con absoluta convicción.- No estoy dispuesta a compartir mi vida con un tío para que me diga que he de hacer a cada momento. Como decía mi madre, que en paz descanse:”El perro suelto, bien se lame”, o algo así.
Vicky, la miró y replicó:
- Entonces, si opinas eso, ¿por qué demonios no paras de buscarme pareja a mí?
- Por qué tú eres joven y bonita, y lo has pasado muy mal con ese cabronazo de tú ex.-contestó sin poder ocultar la rabia que sentía al pensar en el tal Antonio, un hombre, atractivo, desde luego, pero mujeriego, borracho, y sin oficio estable.
Vicky conoció al tal Antonio, o Tony, como todos le llamaban, en una discoteca cuando ella apenas tenía dieciséis años y él dieciocho. Para la adolescente Vicky fue un flechazo, era muy atractivo, ojos castaños, pelo negro ensortijado y piel color canela, ella solía llamarle “mi gitano”, y en verdad que aquel hombre tenía algo que hipnotizaba a las jóvenes, y ella cayó pronto en su telaraña, a los seis meses de conocerle ya eran lo que ella llamaba “una pareja con planes de futuro”. En mil novecientos noventa y uno, cuando Victoria cumplió la mayoría de edad, y sin atender a los ruegos de su madre y las amenazas de no volver a dirigirle la palabra de su padre, se fueron a vivir juntos, y en el año dos mil la pareja se casa en una ceremonia civil a la que apenas acudieron un par de amigos del novio como testigos, y en la que no hubo ni vestido blanco de ensueño, como siempre deseó la joven Victoria, ni hermosa tarta nupcial, ni viaje de novios a Egipto, como siempre soñó ella. A pesar de eso, todo era perfecto entonces, los dos trabajaban y vivían en total armonía, pero a los dos años de la boda, Tony empieza a frecuentar la compañía de un grupo de gente poco recomendable y que acaban arrastrándole al consumo de drogas. En el dos mil dos, Vicky se queda embarazada y Tony, que ya no es el mismo, se siente extrañamente celoso de ese hijo, que aún no ha nacido. El bebé se malogra cuando, después de una brutal paliza cuando el embarazo ya había alcanzado el segundo trimestre, ella sufre un aborto. A pesar de todo, la joven Vicky, influenciada por las lacrimógenas disculpas de Tony y sus aparentes muestras de arrepentimiento, con grandes ramos de hermosas rosas de un color granate oscuro, las favoritas de la joven Vicky, decidió perdonarle y regresó con él. Después de aquel conato de separación, Tony parecía haber cambiado. Se puso a trabajar como repartidor de pizzas, pero ese trabajo le duró lo que tardó en enfriarse la pizza que olvidó entregar a un cliente, después de que se encontrase con un viejo amigo que al parecer le invitó a una raya de cocaína. El siguiente trabajo, como empleado nocturno de una gasolinera, lo encontró graciasa la propia Vicky, que se preocupó de contestar al anuncio de periódico, pero un descuadre en las cuentas reveló que se había apropiado de una parte importante de la recaudación del último día, por lo que fue despedido inmediatamente y advertido de que, sino devolvía lo robado, que subía a veinticinco mil pesetas, se le denunciaría a la Policía. Vicky, empeñada en darle la enésima oportunidad de redención, pagó de su bolsillo la cantidad robada, por lo que Tony quedó libre de cargo, pero sin trabajo, nuevamente. Fue entonces cuando él pensó en otra estrategia y propuso a Vicky que él se quedaría en casa haciéndose cargo de las tareas domesticas mientras que ella se encargaba de salir a trabajar como camarera en el mugriento antro de un amigo de Tony, y luego como dependienta en una librería, y fue allí donde conoció a la que con los años se convertiría en su amiga, paño de lágrimas y confidente, Margarita, quién nada más conocer a Tony le dijo: ”Cariño, este hombre no te conviene, es un buscapleitos y un vago. Deshazte de él en cuanto puedas, no me gusta nada”. Poco después de esa conversación, Vicky apareció un lunes con el ojo morado, “me di contra una puerta”, fue su explicación, pero Marga no la creyó en absoluto y le respondió, aguantándose la rabia:
- Haz el favor de darle una patada en el pomo a “esa puerta”.
- No puedo, Marga, le quiero.
- Collons, Vicky, ¿cómo dices eso después de lo que te ha hecho?. Déjale o lo lamentarás toda tú vida, cariño.
- No puedo, no insistas, Marga. Le quiero y él no tiene la culpa de tener mala suerte con los trabajos que encuentra.
Su voz era apenas un susurro.
Marga estaba furiosa con aquel tipo y no sabía cómo hacerle ver a Vicky que no le convenía estar con él ni un solo minuto más.
- ¿Es que no ves lo que te está haciendo? Te ha alejado de tus padres, de tus amigas, de todo.
- Aún te tengo a ti, Marga.- replicó en un susurro y con la cabeza gacha. Su amiga la cogió de la barbilla y le hizo levantarla.
- No lo ves, ¿verdad?-estaba triste también, y furiosa con aquel hombre.-A mí siempre me tendrás, Vicky, pero, hazlo. Abandónale, vente a mi casa el tiempo que necesites. Ya sabes que estoy sola.
- Lo pensaré, pero es capaz de matarme si le dejo.
- Le mato yo a él, si te vuelve a tocar, cielo. ¡Le mato!.
Por fin, un día, de hace tres años, aprovechando que él estaba, como siempre, en el bar de su amigo, hizo las maletas a toda prisa y se fue a casa de Marga, quien la recibió con los brazos abiertos.

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