Caminando por el borde del abismo

Publicado  por María Celeste Cécere

Tras los vínculos

Es interesante ver cómo se construyen a lo largo de una vida un sinnúmero de justificaciones sobre lo que somos o hemos dejado de ser, sobre lo que hacemos o no, sobre lo que creemos o ignoramos.

Todas estas cosas sobre las que establecemos el soporte estructural de nuestra existencia no son más que elecciones sucesivas en las que definimos por un “si” o un “no” un algo, que pasará a convertirse en una convicción sobre la que sostendremos el peso de nuestras decisiones posteriores. Así, sin compenetración conciente en el momento de definir aquello por lo que optamos, trascurrimos el tiempo de nuestra vida “enmascarados” y olvidados de quién somos y hacia dónde nos dirigimos.

Bajo este concepto, las relaciones que establecemos no están exentas de la contaminación de nuestros prejuicios, entendiendo los mismos como un modo de valuación anticipada de lo que el otro es o representará para mi, de lo que nuestro intercambio puede aportarme en vías de mi desarrollo… y eso, en tanto y en cuanto yo sea perceptivo de que todo vínculo me modifica.

Ahora bien, puedo preguntarme: ¿si la identidad propia es una ficción de la que me compenetro y las identidades ajenas están teñidas de mis ideas preconcebidas sobre el mundo y los seres… como puedo calificar a mi universo como auténtico? ¿No es acaso un sueño, una quimera, una irrealidad? ¿Qué es lo verdaderamente real?

Sé que hay algo que es real y que desconozco. Eso lo dice mi intuición. Mi percepción absoluta, íntegra y total de esta manifestación que me rodea. Puedo comprender, sin la interrupción del intelecto del que se condolía Hölderlin, el orden que posibilita el devenir del cosmos. En algún punto, descifro que participo de él aunque no pueda explicar cómo, y que todo el universo respira de manera consonante. Incluyendo a los otros seres que palpitan a mi lado.

¿No es entonces más que deseable, imperativo, el conocer mi propio yo para poder reconocerme en mi relación con el otro?

La comprensión de mi propia finitud, la convicción de tener que enfrentarnos solos a los arcanos de nacer y morir, no son más que el conocimiento intuitivo de que la manifestación contiene una realidad inmanente que también trasciende lo materialmente percibible.

Soy un “alguien” tras de mi. Ese es quien verdaderamente soy. Desnudo de mis propias imágenes y sin más que mi luminoso temor de lo acontecerá sin mediar mi voluntad.

¿Y si hubiera otro modo de experimentarlo? ¿Si pudiéramos marchar desde y hacia lo auténtico sin que fuera traumático? ¿Si fuera posible vivir esa entidad concientemente?

Dar el salto

Comprender, aceptar y decidir que se es algo más que lo que creemos intelectualmente es el paso decisivo para comenzar a avanzar en el camino de re-conocerse y de re-conocer a los seres con quienes nos vinculamos.

Vivir la realidad de lo que se es, esa es la propuesta de cada día.

El poeta que cité en mi entrada anterior es, como bien acotara Osvaldo, el gran Kabir. Hoy les obsequio con un fragmento de un libro llamado “Hijas de la alegría” de Deepak Chopra, a cuento de lo que hablaba en mis párrafos anteriores:

“…La incógnita susurra ‘Estoy aquí. ¿Me ves?’ Quizás estás paseando y un pájaro se posa sobre una valla. El sol acaricia sus plumas de una forma especial y quizás sus brillantes ojillos se fijan en ti. En ese instante contienes la respiración. Algo está diciendo: ‘¿Acaso no soy perfecto? ¿Podría existir un momento mejor?’ Ésa es la X. Ése es el misterio. En momentos de belleza, silencio y quietud, tu alma te da una pista. Quiere que cojas el hilo que te conectará con la fuente.

…Esos vislumbres del alma son tan maravillosos que quieres más. Y aunque pienses que has olvidado su sabor, no es así. Hay una parte de tu mente que siempre busca más. Tu yo interno, que es tu conexión sutil, está siempre atento aunque tu yo externo esté tan atareado como de costumbre. El deseo es la cosa más poderosa que existe. Quiere lo que quiere. A lo mejor durante un tiempo vas de aquí para allá queriendo una cosa u otra, pero por muy buenas que sean esas cosas, al final te aburres. Tu yo interno tiene que descubrir algo. Tiene que dejar de buscar la felicidad en las cosas y encontrar la esencia de la felicidad.

… Esta esencia es el néctar de la vida. Tu alma quiere que pruebes más, y tú sabes que quieres más. De modo que el proceso es como un gemelo de sí mismo. El amor te busca, porque la esencia siempre fluye con el flujo de la vida. Y tu deseo busca la esencia. Es como querer enamorarse, pero afecta a todos los aspectos de tu vida, no sólo a tu relación con una persona.”

Mis queridos… ¡abrazos!

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