Tu rostro era el que solía buscar entre la multitud, contigo podía llover y el cielo seguía siendo azul; no cabe duda, algún día quise mucho a alguien y ese alguien fuiste tú.

¿Cómo pude confundirte con la Luna? Cuando tú siempre demostraste ser estrella fugaz; no perteneces al cielo de ninguna, nunca miras atrás, aunque a tu paso destruyas.

Te llevo debajo del pecho, en un rincón y aunque ya no dueles, aún te pienso sin rencor, ya eres tan ajeno a mi cuerpo, una fotografía tuya es lo único que tengo.

¿Cómo no vi venir tu partida? Pidiendo préstamos al tiempo, minuto tras minuto, para darnos explicaciones dolorosas, y extendernos disculpas; pregunta tras pregunta sin saber las respuestas.

Tu ausencia había sido anunciada. El silencio otorga, y el tuyo me otorgó libertad,

Tomo las promesas, las arrojo por la ventana. Me miro en el espejo, me veo tan distinta;

Duele dar todo a quien solo quiere a la mitad y vamos, te quise de manera inconmensurable, tanto que me parece injusto nuestro final, tan injusto que ni siquiera te puedo odiar;

No importa, en nuestra historia no hay culpables. Esta noche te recuerdo en cuenta regresiva.

Todo cambió y todo lo veo en tu mirada, ya eres estrella de otro cielo, y yo ya no tengo más deseos.

Perderte era mi mayor miedo, y mira, sobreviví; debe ser que no eras para mí, debe ser que entre destino y amor me confundí.

Arte Jimenez

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