Existencialista y premio Nobel, Albert Camus tuvo una vida dura y difícil, huérfano de padre vivió su niñez en la pobreza, arrastrando siempre una tuberculosis crónica, marcado por la Segunda Guerra Mundial, la invasión nazi (formó parte de la resistencia francesa durante la ocupación alemana) y las ruinas de la posguerra, le atormentaba (como a Dostoyevski, y a muchos de sus contemporáneos ) "el sufrimiento de los inocentes" y "el silencio de Dios" ante ese dolor... escribió sobre el sentimiento de "exilio" y alienación que ese silencio provoca en el ser humano, y apostó por la rebeldía , partiendo de un sentimiento de "protesta" por el mundo "tal y como es", un mundo donde a pesar de toda la belleza y la vida que alberga, existe el escándalo - la eterna pregunta - del dolor, lo injusto y la muerte, donde los animales, desde que existen sobre la Tierra, también sufren, donde muchos niños son torturados, las enfermedades tienen infinitos nombres y donde desde que nacemos ya estamos todos en el corredor de la muerte. Ante esa situación la "rebeldía" humana debe esforzarse por acercarse cada vez más, aunque nunca se alcance del todo, al ideal de un mundo tal y como "debería ser", a una realidad "humanizada" y dotada de sentido, a pesar de nuestros defectos, errores y contradicciones, y a pesar de que en mayor o menor grado todos hayamos sido alguna vez cómplices del mal. Estas palabras sintetizan bien la visión de las cosas que Camus expresa, entre otros libros, en "El hombre rebelde" (de los mejores que he leído, sin duda):

"La rebeldía choca incansablemente contra el mal, a partir del cual ya no le queda más que emprender un nuevo impulso. El hombre puede dominar en si todo lo que debe serlo. Debe reparar en la creación todo lo que puede repararse. Tras lo cual, los niños seguirán muriendo injustamente, incluso en la sociedad perfecta. En su mayor esfuerzo el hombre solo puede proponerse disminuir aritméticamente el dolor del mundo. Pero la injusticia y el sufrimiento permanecerán y, por más que se limiten, no dejarán de ser motivo de escándalo. El "¿Por qué?" de Dimitri Karamazov seguirá sonando; el arte y la rebeldía no morirán más que con el último hombre (...)

Todo rebelde, por el solo movimiento que lo levanta frente al opresor, aboga, pues, en favor de la vida, se compromete a luchar contra la servidumbre, la mentira y el terror y afirma, en lo que dura un relámpago, que estas tres plagas hacen reinar el silencio entre los hombres, los oscurecen unos a otros y les impiden encontrarse en el único valor que puede salvarlos del nihilismo, la larga complicidad de los hombres en lucha con su destino.

Todos llevamos en nosotros nuestros presidios, nuestros crímenes y nuestros estragos. Pero nuestra tarea no está en desatarlos a través del mundo; está en combatirlos en nosotros mismos y en los otros.(...)
Cabe decir, pues, que la rebeldía, cuando desemboca en la destrucción, es ilógica. Reclamando la unidad de la condición humana, es fuerza de vida, no de muerte. Su lógica profunda no es la de la destrucción; es la de la creación. Su movimiento, para permanecer auténtico, no debe abandonar tras de sí ninguno de los términos de la contradicción que lo sostiene. Debe ser fiel al sí que contiene al mismo tiempo que a aquel no que las interpretaciones nihilistas aíslan en la rebeldía. La lógica del rebelde es querer servir a la justicia para no aumentar la injusticia de su condición, esforzarse en el lenguaje claro para no espesar la mentira universal y apostar, frente al dolor de los hombres, por la felicidad."

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