No son de mis grupos favoritos, de hecho fui al concierto acompañando a otra persona, pero tengo que recocer que disfruté de lo lindo. En lo últimos años la banda se habían hecho demasiado melódica para mi gusto,
incluso podría tachársela de meterse en el terreno de pop. Muchos de sus
actuales seguidores no encajan en el perfil típico de lo que se entiende por un
rockero. Así que fui al concierto con prevención, que además estaba
incrementada por  el cartel que lideraba,
Macaco, una especie de versión políticamente correcta de Manu Chao y Pereza,
que también me sorprendieron un poco, como contaré más tarde. Ambas bandas son
habituales de listas de éxitos dominadas por el pop comercial. Para rematar la
faena el final de fiesta estuvo a cargo de un disc jockey bacalaero (como
decimos en España), es decir de música electrónica, algo impensable en otro
tipo de eventos, y del que no os puedo dejar reseña ya que, obviamente, me fui.



Sí quisiera, como he dicho antes hacer una pequeña reseña de la actuación de Pereza. Hasta ayer solo la conocía por las canciones que tenía que escuchar casi inevitablemente en la radio o Tv, comerciales y manidas. Me parecían
casi como un grupo tipo “El Canto del Loco” disfrazados con las actitudes
provocadoras y pasotas de los Stones en los 60. Sin embargo, en directo les oí canciones
con buenos rifs verdadero rock clásico. Aunque usasen trucos fáciles para
encandilar a la peña como  comenzar y terminar
su actuación con los acordes del “Black Dog” de Led Zeppelin.


Por fin salieron los esperados Bon Jovi, con su líder al frente que da nombre al grupo y que parece conservado en formol desde los años 80, ya pasada la cincuentena tiene la misma carita de niño bueno que entonces.
Un poquito más gastadito aparecía Ritchie Sambora, el guapo y eficaz
guitarrista que, aunque sigue conservando su atractivo,  el tiempo no ha sido tan benévolo con él como
con su compañero. La banda original sigue intacta, salvo por su bajista, ahora
sustituido por uno contratado al que se suma otro guitarrista.



Aspectos físicos aparte, la banda está en una magnifica forma. Ofrecieron un sonido impecable y una magnifica ejecución. Jon Bon Jovi con su natural simpatía logró conectar con su incondicional público que coreaba
entregada sus canciones. Sus viejos éxitos como “You give love a bad name”
incluso la adolescente “Runaway” se mezclaron con sus temas más recientes,
intercalado con “Bad Medicine” interpretaron un medley del clásico de The Doors
“Roadhouse Blues”. En su único bis dejó que el público cantase solo la primera
estrofa de “Death or Alive” para después acabar con el imprescindible “Living
in a Prayer”.


En definitiva, un buen espectáculo de una banda mítica, incluso para los que se nos ha quedado un poco blandita.


 


Pequeña critica a la organización de Rock in Rio Madrid 2010



Me encuentro últimamente con la circunstancia de que eventos y lugares calificados y certificados  como adaptados o accesibles a discapacitados físicos no lo son tanto, a veces por detalles fácilmente evitables que no hacen
sino dejar a las claras el desconocimiento de la realidad de los discapacitados
por parte de los técnicos y responsables de los mismos. Un día de estos
escribiré sobre este tema en una discusión en este portal. Mientras, y centrándonos
en la organización de este gran evento voy a detallar las dificultades que,
como espectador y usuario de silla de ruedas, me encontré.



Para empezar, el aparcamiento, por el que hay que pagar previamente 18 €, se haya en un descampado pedregoso, eso sí, iluminado, adjunto al recinto y por el que resulta harto difícil andar con una silla de ruedas, para colmo
acomodaron mi vehículo en una zona bastante alejada de la zona asfaltada más
próxima.



La Ciudad del Rock de Arganda de Rey, en si es un espacio bonito y bien pensado, salvo por que a menudo tienes que atravesar zonas con gravilla por donde, mira por donde, ¡La silla tampoco anda!


Llegamos por fin al “Escenario Mundo” donde va a tener lugar el evento, una bonita explanada de hierba artificial, por donde, por fin, la silla sí anda. Preguntas por la zona de minusválidos y te señalan una plataforma
elevada unos tres metros sobre el suelo y con un rampa de acceso aceptable.
Todo bien salvo porque la plataforma en cuestión se debe de encontrar a unos
cien metros del escenario. Si no llega a ser por las enormes pantallas de video
y el buen sonido con columnas colgadas de columnas y perfectamente
sincronizadas con el P.A. principal no nos enteraríamos de nada. Pero pregunto:
por qué los discapacitados no tenemos derecho a disfrutar de disfrutar de la intensidad
de rock un poco más de cerca, creo que solo la seguridad no justifica esto. No sé
por qué en los cines tenemos que estar delante del todo, literalmente “comiéndonos
la pantalla” y el los conciertos y festivales en zonas tan alejadas, es decir,
siempre el peor sitio.


Para terminar otro detallito, no solo para los minusválidos: está prohibido el acceso con bebidas, pero comprarlas dentro te cuesta un ojo de la cara, un poco de morro.



De vuelta otro tanto de gravilla y piedras y para casa. Aun así volveré el 14 a ver a Söber, Mötorhead y Metallica. Y es que esto del rock’n’roll es para masoquistas.


 


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